El artículo de Time, “We the people” y los peligros de la sinécdoque

Nueva Torre de Babel 9 • 12 febrero 2021•

La gente olvida que el arte de la política es una aplicación de la vieja disciplina de la Retórica, de milenarias raíces, que estuvo presente en el currículo medieval durante siglos como parte fundamental un sistema de enseñanza compuesto por dos grupos de vías o caminos –el Trivium y el Quadrivium– que en total sumaban siete (el número de la plenitud humana) y que, al sumársele la Teología y dar ocho (el número de la divinidad pues excede al siete en Uno), completaba la totalidad de los saberes a que el hombre cabe aspirar.

La gente también suele ignorar que las figuras retóricas no son simplemente un aditamento del lenguaje a disposición de poetas y literatos a modo de opción de embellecimiento para que éstos puedan lucirse, sino que –por encima de todo– son trasunto de las estructuras de cognición humana con las que poetas y autores en su juego literario alteran o confirman nuestra percepción de las cosas.

Por otra parte, a la gente le suele pasar desapercibido el hecho de que en el lenguaje normal, que no pretende ser literario ni poético, se cuelan muchas figuras retóricas donde uno no las espera en absoluto.

Pero, ojo, también –y he aquí el caso que nos ocupa– la gente asume sin saberlo que determinadas formas de expresión se han de entender en  clave retórica cuando en realidad se emiten en un sentido estricta y rigurosamente real.

Lo cual confirma que la comunicación humana es profundamente anfibológica (trufada de múltiples sentidos) y aboca en lo que Oscar Wilde denominaba el “mutuo malentendido” cuando, con su inimitable estilo,  expresaba la muy profunda idea de que la imbricación de supuestos contrarios puede dar como resultado una muy firme unión:

the perfect basis for marriage is a mutual misunderstanding

La frase, proferida en el frívolo contexto de la alta comedia en el que Wilde era maestro tiene, no obstante, cala de profundidad filosófica por su valor general ya que mantiene su validez en uniones mucho mayores que el matrimonio.

Por ejemplo, el idilio que EEUU ha tenido con su sistema político, infatigablemente idolatrado desde sus inicios por una mitología tan osada que a punto estuvo de catapultarlo a la inmortalidad de un Olimpo a salvo de la historia1.

Pero todo llega a su fin y el otro día se publicó un artículo en la revista Time con el título  The Secret Bipartisan Campaign That Saved the 2020 Election que recuerda al pueblo americano quién es en realidad el verdadero titular de la soberanía del sistema americano.

Y es que, como en un matrimonio que ha vivido durante décadas justificando su unión a base de falsos supuestos –mutual misunderstandings– en la trifulca de divorcio que está teniendo lugar entre la clase dirigente y el pueblo norteamericano a raíz del último pucherazo, la verdad escondida durante muchas décadas está poco a poco revelándose.

Y la verdad es que el ingenuo pueblo americano había tomado la primera línea de la constitución americana, el famoso “We the people” en el sentido figurado, implícito en ella, por el que los firmantes de la constitución parecen dar a entender que extienden a todo el pueblo la titularidad de la soberanía.

Pero en este artículo las camarillas instaladas en los resortes del poder dejan muy claro que el “We” de “We the people” se refiere a ellos y sólo a ellos, los sucesores de aquel pequeño cártel de notables que en su día compuso y firmó el documento que ha pasado a la historia como el gran texto constitucional de todos los tiempos, la gran constitución americana, troquel2 de la forma política que padecemos,3 pero que en realidad –por el engaño y el oscurantismo en su origen4– no pasa de ser sino una mera carta otorgada tal y como, con su planteamiento, de facto confirma el artículo de Time.

Esta reciente pancarta (manifestación pro Trump del 18-7-2020 en Columbus OHIO contra las imposiciones del gobierno local por el virus chino) hace un “pun” o juego de palabras con dos pronunciaciones idénticas “you” y “ewe” (oveja hembra).

En efecto; el artículo viene a decir que, por mucho que el populacho deseara la continuación de la extravagante figura de Trump en la presidencia, el mejor criterio del conjunto del espectro político (bipartisan) sumado al conjunto de las clases ilustradas (la universidad, la prensa, las altas finanzas, etc., etc., etc.) ha de prevalecer –precisamente– para apuntalar la “democracia”.

¿La democracia?, dirán ustedes. ¿Qué democracia es esta que suprime la voluntad del pueblo y la suplanta por la de unos cuantos encaramados a determinados puestos?

A ustedes no les debe sorprender este retruécano, esta inversión de la proposición que hasta ahora todo el mundo daba por supuesta. Y si a ustedes les sorprende es que son ustedes españoles o han estado expuestos a inculturación hispánica.

Porque el icono de nuestra cultura política es la plaza y no el gabinete o la camarilla como sí lo es allende los Pirineos y en EEUU. Allí se ha dado históricamente una cultura de suplantación que aquí no se ha dado. Por eso el artículo de Time sólo ha levantado ampollas en España donde varios medios5 han puesto el grito en el cielo por la cara con la que este artículo declara con todo desparpajo que su acción golpista era necesaria.

Pero ni en EEUU ni en Inglaterra se ha movido un pelo en la prensa para criticarlo, al menos yo no he encontrado ABSOLUTAMENTE NADA  en su contra (si alguien lo encuentra que me lo haga saber, por favor). Allí se tiene de siempre asumido que una parte de la sociedad suplanta al resto, lo mismo que en el circuito continental europeo cuya secular influencia cultural ha sido llevado a cabo por Francia.

Allí las cortes medievales ya prefiguraron con creciente intensidad la suplantación que más tarde eclosionaría al denominar “sociedad” a un exiguo grupito de influyentes que se interpretaron a sí mismos como la sociedad entera. E incluso desarrollaron sus ritos propios de presentación e iniciación “en sociedad”, fuera de los cuales no había nadie que fuera alguien6.

En Inglaterra desde principios del XVIII se fue desarrollando lo que dio en llamarse “the London season” o simplemente “the Season” que consistía en varios meses (de marzo a julio) de apretado programa en los que se daba una gran concentración de eventos a los que asistían aquellos que las crónicas solían describir como crème de la crème.

Y así, por la misma asistencia a dichos eventos –por su mera “presencia” o “comparecencia” a ellos– la auto-satisfecha élite inglesa se daba la razón a sí misma certificando como self-evident, esto es, por el procedimiento de aplicar la aplastante lógica tautológica que permea todo lo anglosajón, que sólo alcanzan a ser miembros de “la sociedad” aquellos que acuden a los eventos “de sociedad”.

Todos ellos, por supuesto, eventos aptos únicamente para un público hiper-selecto no sólo por nivel económico (pues habían de ser capaces de permitirse el lujo de dejar esos meses sus obligaciones de terrateniente e instalarse en Londres para, desde allí, desplazarse a las distintas localidades donde cada uno de aquellos eventos de “la temporada” tenía lugar), sino también en cuando a su pedigrí, modales y acento.

Y para ello nada mejor que empezar el circuito con una población cuyo impronunciable nombre “correcto” es ya todo un primer, muy serio, tamiz: Cheltenhan. Repito: Cheltenham.

Y es que si usted, querido amigo, no es capaz de pronunciar esta palabrita en dos sílabas, comiéndose la “h aspirada” en una especie de abrir y cerrar de boca muy rápido como si estuviera dando una masticada de chicle inmediatamente reprimida, usted no es apto para “the Season“.

Pues bien, empezando por las carreras de obstáculos a caballo (horse steeplechase) del Gold Cup de Cheltenham en marzo y la carrera de remos entre las dos universidades monopolísticas7 Oxford y Cambridge en abril, siguiendo por las carreras de caballos en Badminton y el  Chelsea Flower Show en mayo más el Derby de Epsom y the Royal Meeting at Ascot en junio se llegaba, para terminar, ya en julio, al cricket en Lord’s, la regata en Henley y el tenis en Wimbledon.

Como puede apreciarse, un circuito verdaderamente agotador para todos aquellos que, como peces en una pecera, cifraban su entera existencia en verse a cada paso, con la repetida asistencia a estos eventos, año tras año, para encontrarse con el resto de los “socialites” –no confundir con socialists (socialistas)– una y otra vez8.

Pero, por si no quedara duda sobre el carácter claustrofóbico de estas reuniones a partir de la década de 1780 se añadió explícitamente el elemento endogámico, al ponerse de moda “el baile de las debutantes” a partir de una tradición iniciada por la reina consorte Charlotte, esposa del rey George III.

Estos bailes constituyeron un auténtico mercado de jovencitas casaderas que al cumplir los dieciocho años eran llevadas como ganado a la feria anual agropecuaria donde eran “presentadas en sociedad” bajo los auspicios de los sucesivos monarcas ingleses hasta que, en 1958, Isabel II interrumpió la tradición al cesar de convocar el baile.

Lo cual no es extraño porque la práctica rezuma un orientalismo paganizante tan bárbaro que ya Herodoto en el siglo V antes de Cristo critica a los babilonios por lo mismo tal y como se relata en el entretenido libro sobre el tema que, con mucho gusto, pondré a disposición de mis lectores en una próxima sección de este sitio web.

En EEUU la actitud mimética de las clases adineradas por todo lo inglés dio como resultado un circuito parecido de fiestas y debutantes en la ciudad de Nueva York en la última mitad del siglo XIX y sobre todo más al final, durante la llamada “Era Chapada en Oro” (no es broma: se ve que en América el esplendor nacional de su mejor momento no alcanzó el mérito del oro y tuvo que quedarse sólo en un mero chapado o Gilded Age).

Y, naturalmente, en Francia, con toda justicia considerada la cuna de la sociabilidad refinada, el fenómeno inglés de considerar sociedad sólo a un pequeño núcleo dentro de la sociedad real compuesta por todos, también tuvo lugar.

La diferencia es que, por supuesto, el prurito de grandeur del país vecino hizo que ese grupito no fuera llamado sólo “sociedad” –una bagatela– sino “mundo”. Sí, señores, sí; le Monde, que nada menos era como se llamaban a sí mismos aquellos que acudían a los salones dieciochescos donde se fraguó la revolución.

No es extraño, pues, que numerosos autores hayan resaltado la componente de resentimiento que la revolución tuvo en su manifestación y desarrollo: el resentimiento de todos aquellos que no fueron admitidos en le Monde por ser demasiado pobres, toscos, ignorantes, por no hablar con determinado deje o por… vaya usted a saber qué.

Más tarde, incluso, le Monde se les quedó corto; demasiado pequeño para alojar su grandeza y entonces se habilitó la expresión Grand Monde, el “gran mundo” cuya amplitud, al parecer, desbordaba las dotes literarias de Stendhal para quien era imposible abarcar su extensión y riqueza de matices por mera descripción; había que haberlo vivido para saber cómo era9.

Aunque, claro; no se lo pierdan. La cultura de los salones parisinos tiene un origen ya de por sí basado en el resentimiento pues se va formando poco a poco desde el siglo XVII con los desechos de la corte del Rey Sol, ¿recuerdan?, aquel “fashion victim” del que les hablé en esta entrada.

Y es que, lógicamente, aquel larguísimo reinado de setenta años en el que Luis XIV metió al país más rico y con más posibilidades de Europa en la enloquecida aventura de pretender que una ciudad modelo –Versalles– pudiera mediante extraños ritos alegóricos llevados a cabo por unos cuantos cortesanos inducir el bienestar de veinte millones de franceses, no podía sino traer nefastas consecuencias, por mucho que a la larga.

En fin, son cosas del desvarío de la forma política en la modernidad que en España se ensayaron sí, se llevaron a cabo, por pura mimesis pero que no cuajaron al hacerse sin convicción y a contrapelo del éthos nacional. Por eso –y por otros motivos, naturalmente– es por lo que España y el mundo hispánico está en mejor posición que el resto de las naciones de la familia Occidental para darse cuenta de lo que pasa.

Despierta, España; conócete a tí misma. Despierta de los sueños dogmáticos en los que vas cayendo y sigue el dictum pindárico de indagar quién eres en realidad.

Hale, otro día más, VM.

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  1. El autor Francis Fukuyama en un famoso ensayo de 1992 titulado “The End of History and the Last Man” llegó a decir que con la generalización de la democracia americana al mundo entero después de la caída de la Unión Soviética, la humanidad ya había encontrado un lugar de estabilidad donde la evolución sociológica llegaría a su fin y con ella la historia.
  2. En realidad el sistema que se adoptó en España en 1978 no es el americano sino el inglés que es aún peor con mucha diferencia pues concede estatuto institucional a las oligarquías organizadas en partidos. Pero la influencia americana ha sido decisiva, sobre todo, tanto en la imposición de las instituciones internacionales complementarias con los regímenes democráticos como en la insistencia en su implantación urbi et orbe según reza la Carta Atlántica de agosto de 1941.
  3. Que nadie piense por ello que al decir esto estoy abogando por algún tipo de sistema dictatorial donde las elecciones quedan abolidas. Como he dicho en más de una ocasión si en este momento de confusión y discordia civil, existe una vigencia compartida por todos, no es otra sino la legitimidad política de los procesos electorales. Con lo cual, en la evolución de la actual forma política hacia otra cosa, las elecciones han de ser, a todas luces, el pilar fundamental.
  4. Para más detalle véase esta entrada.
  5. Libertad Digital y El Manifiesto, en particular.
  6. Hay varias formulaciones del famoso dicho. Una de las más recientes es referida a los círculos de influencia contemporáneos y fue puesta en circulación por la periodista neoyorquina Amy Harmon hace unos pocos años después de cierto fracaso profesional: “everyboby who is somebody becomes nobody the moment they fail“.
  7. Normalmente no se repara en el hecho, tremendamente irregular, de que Inglaterra prohibiera la enseñanza universitaria fuera de sólo dos universidades de Oxford y Cambridge hasta el último tercio del siglo XIX.  ¿El motivo? Indudablemente, el firme control social y religioso de los licenciados a quienes la iglesia anglicana imponía un juramento de fe antes de otorgar título alguno. Si compara la situación con la de Escocia, país mucho más pequeño que históricamente ha contado con cuatro universidades o con el caso de España e Hispanoamérica donde se han dado las universidades por docenas, podrá apreciar la diferencia.
  8. No deja de ser significativa la raíz común de estas dos palabras inglesas, socialite y socialist. Es evidente que son dos formas de comunalismo donde el común denominador es la compulsión, en un caso por la convención y el prejuicio; en el otro por imposición estatal legislativa y burocrática. En cualquier caso, ambos son fenómenos estrictamente ajenos al mundo hispano cuya raíz sociológica es de una profunda libertad, mayor que en ningún otro sitio, y cuyo defecto en todo caso habría que buscarlo en el extremo contrario, en que a veces es rayana en la anarquía.
  9. Véase la Introducción de Steven Kale, French Salons, High Society and Political Sociability from the Old Regime to the Revolutions of 1848, John Hopkins University Press, Baltimore 2004.

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6 comentarios

  1. Luis López-Cózar

    Vicente el articulo me parece excelente en su inicio, lastima que lo alargues con la revolucion francesa, pero lo terminas igualmente bien.

    • Vicente Miró

      Muchas gracias, Luis. Me salen un poco largos, ya lo sé. Intentaré hacerlos más cortos, saludos y hasta pronto, Vnte

      • Javier Álvarez Beigbeder

        Pues yo respondo por la otra parte silenciosa. Se me ha hecho corto y además leyendo en mi paseo con los perros en una mano y la otra su artículo. Imagino que por educación responde que intentará arreglar eso. Por favor, no se sienta presionado y haga lo que le pida su inspiración y arte. Suelte todo. Y los que quieran menos o más extensión de palabras pueden desde leer los titulares o hasta un libro… En resumidas cuentas… No nos tenga en consideración en cuanto a su manera, forma o extensión en escribir. Disfrute. Yo ya lo hago. Gracias…!!!
        … Ah y pensando en esto. Vd. disfruta dos veces, la primera al trabajar y escribir sus palabras, la segunda al saber de nosotros que le leemos o comentamos. Nosotros sólo disfrutamos una vez, en el momento de su lectura. Si permite que nuestros comentarios o “peticiones” le coarten o fuercen a cambiar una coma… Creo que será de los muchos artistas que no quieren saber nada de su obra una vez terminada. Como el actor que no quiere verse en la pantalla o el pintor que tampoco verá su obra nunca más. Pero es Vd. muy educado e inteligente y seguro que no nos hará caso a ninguno. Jajajaja no se para que #@€! le escribo esto…

        • Vicente Miró

          Bueno, muchas gracias por el apoyo que supone su comentario diciendo que le ha parecido corto, es un gran acicate y se lo agradezco muy sinceramente.

          Pero la verdad es que, sea como fuere, dentro de muy poco las entradas tendrán que ser mucho más cortas o mucho más espaciadas porque necesito volver a escribir el libro que interrumpí cuando empecé el blog para informar sobre lo de Trump.

          Veremos al final en lo que queda. Saludos y gracias de nuevo, VM

  2. Ana Peña

    Señor Miró, soy de la opinión del señor Javier Álvarez , cada quien tiene su gracia y no cabe duda que la suya es la de escribir. Puede hablar de lo que quiera y si de paso nos ilustra, mejor que mejor.
    He disfrutado con este artículo, tenía una ligera idea de todo lo que habla en él y he reconocer que esa idea se ha nutrido enormemente con su exquisita aportación.

  3. Daniel R. Cardoso

    Los romanos eran más sinceros y más sanos: La soberanía la tenía el Senatvs Popvlvsque Romanvs (el Senado y el Pueblo romano).Por lo menos las cosas estaban claras y las cosas en su lugar por lo que se podía luchar y negociar entre las clases para el bien de la Res pública como vio Maquiavelo con gran perspicacia.
    La ruptura de Trump durante el invierno del 2020-2021 ha vuelto a traer esta dualidad de forma pública. El articulo de Time demuestra que no saben todavía lo que han hecho al quebrar la viga maestra del engaño en vez de buscar otras soluciones más “polited” contra los desviados (a Teddy le dividieron el partido, a Ike le ataron las manos, a Kennedy le despacharon al otro barrio, a Nixon le publicaron las cintas y a Reagan le dejaron acosar a la Urss y además temían a su mujer…).
    Fueron más finos los ingleses con el Brexit. Le regalaron al pueblo la pelotita deseada pero le dieron el cambiazo en los acuerdos posteriores (nunca te fíes de una persona que estudió en Eton …)
    Respecto a España, se puede decir que el Régimen de 1978 es, junto al inglés, un sistema modelo. Se puede criticar a nuestras clases elevadas por infinitos motivos pero la labor realizada durante estos 50 años con la Nación para esclavizarla es una verdadera obra de arte de política totalitaria. Nuestra Carta Otorgada es una finisima filigrana de cinismo, hipocresía, traición y engaño de nuestro pueblo de caracter monumental, a pesar de su mala fama técnica (imagen falsa, dada a sabiendas por ellos mismos).
    Para ver todo esto hay que cambiar de perspectiva total y partir de que nuestro sistema esta hecho por y para el interés único, absoluto de nuestro corruptisimo Establishment bajo un juego de espejos y manos digna de Tamariz. Pondré dos ejemplos:
    -Muchos derechos usan las “Clausulas Romanones”, que poco tiene que envidiar a las enriqueñas: “Ustedes hagan las leyes que yo me ocuparé de los reglamentos”. De hecho, hay muchos presuntos derechos que no se pueden alegar si no hay una ley que los desarrolle…o son tan ambiguos que pueden ir de un lado a otro según el interés (vean el artículo 38 o el 150 si no me creen…).
    -Esta es de órdago: los referendos al pueblo dizque soberano son… consultivos y, encima, están vetados los temas más importantes (vg, hacienda).
    Yo también creo en lo que usted dice, nuestra salvación esta en volver a ser lo que somos pues la verdad nos hará libres.

    Notas:
    -Se intentó en España, como usted dice, dando lugar a una expresión que es un horror estilístico y gramatical que muestra su artificiosidad: el todo Madrid o el todo Barcelona. Hay hasta tesis del tema: aquí
    -El baile de las debutantes se eliminó según la viperina lengua de la Princesa Ana, hermana de la Queen, porque: «todas las golfas (sic) de Londres se estaban colando de forma descarada». Es decir, porque ya no servía a las élites al haberse vulgarizado demasiado.
    -A mi también se me hacen cortos sus artículos. Son un verdadero placer intelectual leerlos y meditarlos.

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