Un acto inconstitucional corona el golpe de estado y hace entrever un horizonte de guerra civil

Parte de Guerra 17 • 7 enero 2021 •

Finalmente se ha consumado el golpe de estado en una aplicación inconstitucional de las leyes a la que no le han faltado las dos clásicas agravantes criminales: nocturnidad y alevosía, ya que la sesión donde se ha llevado a cabo la conculcación de la voluntad popular ha sido por la noche y –hoy se ha sabido– la felonía de Pence estaba previamente coordinada con Pelosi y McConnell.

Pero más allá del mecanismo que han utilizado, en el que también cabe reparar, creo que es aún más importante prestar atención a la dimensión simbólica, de teología política, de lo que ayer aconteció en el National Mall de Washington ya que es de esta dimensión simbólica de la que depende lo Político.

Y es que es importante no perder de vista que lo que anoche se perpetró en el Capitolio es el equivalente a la desacralización de un dios en la antigüedad.

Mediante dicho acto se retiraba el carácter inviolable al dios que ya no servía, al dios que había dejado de proteger o de proporcionar algún beneficio y eso es exactamente lo que se ha hecho con la democracia constitucional: se la ha desecrado, mancillado, estuprado y violado por todas sus costuras, por todos sus orificios corporales.

En latín, el verbo sancio, del que proviene el término sanctus, significa delimitar y, en consecuencia, preservar o hacer inviolable. Para los antiguos romanos, sanctio era la delimitación de lugares de todo contacto profano, del contacto de aquello que no debe mezclarse con las pedestres realidades del día a día y que llamamos sagrado (el ámbito preservado por inviolable).

La preservación de dichos lugares sagrados era para este pueblo tan realista y práctico, el pueblo romano antiguo,  una parte esencial de su vida pública la cual no concebían que podía sustentarse por sí misma sino por recurso a eso otro distinto y delimitado, es decir, sin el recurso a lo sagrado.

Porque esos lugares sagrados no sólo son para preservar sino también para celebrar. La celebración litúrgica, ritual, es el dinamismo de lo sagrado y apunta a la repetición de las movimientos que dan continuidad a la vida humana en todas sus facetas.

Por eso el hombre celebra rituales desde tiempos inmemoriales: para dar continuidad a su vida. Realizando los movimientos prescritos, emula las mecánicas celestes, cósmicas y agrarias y se asegura la continuidad de su mundo y de la comunidad que lo contiene.

Nada de esa estructura ha cambiado desde el Paleolítico para acá aunque los contenidos que en ella se alojan sí lo hayan hecho, y mucho. La presencia de lo sagrado en la vida pública es inextirpable y la forma política a la que se llama democracia sin serlo, no es una excepción.

Mi maestro don Dalmacio nos lo hace saber con muy bellas palabras que tienen un cierto sabor bíblico:

Originalmente lo Politico estaba integrado en lo Sagrado1

Pero mucho me temo que ayer toda la parafernalia de la sacralización democrática saltó por los aires: su templo (el Capitolio), su liturgia (la sesión de recuento), su libro sagrado (la constitución fragantemente conculcada) y su máximo símbolo (el Presidente) orillado, proscrito y mancillado en una esquina de ese macro escenario que es el Mall.

Ese National Mall donde, a modo de foro romano, se encuentran todos los edificios públicos de esa república que en su osadía concibió llevar a la práctica públicamente y en serio el proyecto megalomaníaco con el que los ingleses del siglo XVIII soñaban en la intimidad de sus estridentes y estrafalarias casas de campo que en su momento parecían a sus contemporáneos tan desmesuradas como a nosotros nos pueden parecer Graceland y Neverland2.

Pero no, estos americanos, hombres del nuevo mundo, no tuvieron la reserva inglesa de guardarse para sí sus fantasías megalomaníacas y así transmutaron en público el sueño privado inglés por excelencia: creerse que son la reencarnación de los romanos de la antigüedad.

Se construyó así, en torno a un desmonte típico de English country house un paseo señorial con sus diversos templetes y pabellones de recreo que, a modo de foro romano, define el espacio público de la república.

Es el National Mall, lugar de autos del hecho luctuoso acaecido ayer.

Allí está la Casa Blanca, que es la casa del gentleman farmer de la explotación, del hacendado, que hace doblete como Sumo Sacerdote en la casa del dios –o, mejor dicho, de la diosa, la Gran Diosa Democracia– que es el Capitolio, donde venerables próceres tienen aposento en sitiales a tiro de piedra de donde se hayan el resto de las casas de los otros dioses del panteón democrático: Lincoln, Luther King, Jefferson, etc..

Estos venerables próceres –los congresistas y senadores– son los verdaderos dueños de la república, convertidos en tales por el acto litúrgico de que sus nombres han sido ritualmente depositados en una urna mágica que se saca para la celebración cósmica del año bisiesto tal y como queda prescrito en el libro mágico de la Constitución que prescribe ritos de renovación cada cuatro años coincidiendo con el advenimiento de un año de 366 días.

Conviene aquí recordar que símbolo en este contexto de religión antigua significa “aquello que une lo que previamente se ha separado” 3.

El símbolo es, pues, la mediación entre los dos ámbitos –lo sagrado y lo profano– de la vida pública y ese símbolo, encarnado en la figura de Trump ha quedado mancillado irreparablemente. Tan irreparablemente que cuando aparezca su remedo en la burda figura de un impostor corrupto y senil, que todo el mundo sabe –incluso sus partidarios– es un puro fantoche, una mera marioneta, el resultado puede llegar a ser catastrófico en grado sumo.

Las apariciones públicas de este “símbolo” de la nación van a ser impracticables. Cada ritual público asociado a la renovación política va a ser contestado, vilipendiado y ridiculizado. El propio títere interfecto, por mucha cara que tenga, encontrará inasumible su papel de espantapájaros y tendrá que limitar sus apariciones públicas al mínimo.

La administración del estado empezará a resquebrajarse, empezando por el último periférico, en el nivel micro de la administración municipal (community) y del condado (county). Allí las milicias armadas civiles –de las que existen no menos de 500 en todo el país– están muy fuertemente implantadas y han infiltrado incluso las fuerzas del orden público locales.

Estas fuerzas armadas locales se convertirán en un punto de acceso ciego para la administración central, al negarse a implementar políticas y leyes que la administración federal no podrá llevar a cabo sin su ayuda.

De modo que a la administración federal le será imposible acceder al control total del territorio. Llegar a fondo a implantar leyes federales mediante cuerpos interpuestos será poco menos que imposible dada la extensión del territorio.

En el nivel estatal sucederá algo parecido aunque tardará más en producirse porque las cámaras estatales están dominadas por gente afín a la charca infecta (the swamp) de Washington como se ha visto recientemente que han sido incapaces de reaccionar. Pero la presión popular y la renovación dentro de dos años de una buena parte de los legisladores estatales irán lográndolo.

Por ese proceso los estados van a ir poco a poco implantando procesos de anulación de las leyes federales (nullification) que es un procedimiento por el que las cámaras locales de cada estado pueden negarse a cumplir las leyes emanadas de la charca central.

La discordia civil campará por todo lo largo y ancho del territorio, dividiendo a la opinión pública entre dos bandos irreconciliables: los que se benefician de esta felonía y todos los demás entre los que habrá muchos engañados por los medios y la desinformación pero que pronto se unirán a los primeros, alerta de lo que está pasando.

De modo que se puede decir que el intento de establecer una democracia en un gran territorio, que es un proyecto específicamente americano, es decir, del nuevo mundo, terminó formalmente ayer tarde.

Tal parece, pues, que el “experimento” por el que George Washington accedió dubitativamente a instancias de su pupilo Alexander Hamilton y que expresó en una famosa frase entresacada de la carta que escribió en 1790 a la historiadora inglesa Catharine Macaulay Graham, partidaria de su causa, y que por lo tanto él sabía iba a quedar para la posteridad:

The establishment of our new Government seemed to be the last great experiment for promoting human happiness

Eso sin contar con que la administración central no intente implementar de la noche a la mañana su agenda política de izquierda radical. Con el control de ambas cámaras y de la Presidencia, lo puede hacer.

Contando además con que existe una rama muy enfervorecida de radicales de izquierda en el Partido Demócrata, sería muy raro que esto no se diera.

Y, cuando esto suceda, la reacción del público no va a ser sino –por este orden– la insumisión, la insurgencia y, finalmente, la guerra civil.

La guerra civil es pues, el horizonte al que este golpe de estado aboca a EEUU. Ahora bien, aquí la cuestión está en saber qué tipo de guerra civil se puede dar en el siglo XXI.

Todo apunta a que sea algo innovador tanto en el campo bélico como en el aspecto sociológico, de manera análoga como lo fue el conflicto llamado Guerra Civil Americana, que no fue propiamente una guerra civil, y que anticipó muchas de las características de los conflictos del siglo XX.

 

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  1. Pág. 11  Dalmacio Negro Pavón, Historia de las formas del estado, El Buey Mudo, Madrid, 2010.
  2. Las respectivas casas de dos estrellas no precisamente conocidas por su buen gusto: Elvis Presley y Michael Jackson.
  3. Cuya etimología viene del griego συμ, sim, juntar y βάλλειν, ballein, separado, como bien aprendí directamente de un filósofo español que fue persona modesta y encantadora –Eugenio Trías– al que tuve el placer de seguir en un curso en el círculo de Bellas Artes de Madrid allá por la década de 1990 y del que guardo un gran recuerdo, así como del ambivalente regusto –lógico por otra parte– de la exposición a la filosofía hermenéutica.

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7 comentarios

  1. Pedro Suenz Pavón

    Lo sorprendente es que casi todos los republicanos en la cámara se pusieron en contra de Trump, no sólo los 24 que él ya mencionó en su discurso. Lo de Pence es bastante más decepcionante. Lo que queda claro es que Trump, lamentablemente, no ha tenido buena mano ni intuición con sus colaboradores, le salían ranas desde el principio. EL honor debe ser algo que no existe en la clase política estadounidense.

    Lo que estaba a la vista era que el 99% de los trumpistas se manifestó pacíficamente, mientras que un grupo de infiltrados de la Antifa, seguramente contratado por los Demócratas, lograron hacerse con el protagonismo y tener las puertas abiertas y ser guiados por la misma policía para perpetrar sus fechorías. En la renta sólo salen las fotos de esta “Village People” al nivel de Aliexpress.

    Lo más denigrante es que los gobiernos y partidos europeos se han echado todos contra Trump, incluso los más cercanos como Vox o AfD, incluso periódicos conservadores como el alemán Junge Freiheit, sin que nadie criticara el fraude electoral (que la prensa califica de no probado) y el escaso nivel democrático del sistema electoral estadounidense.

    Da miedo ver la unanimidad de la clase política occidental para imponer este tipo de gobierno salido de unas elecciones trucadas. Uno de los más vociferantes es el Presidente alemán Steinmeier, quien llegó a jefe de estado por designación graciosa de la canciller Merkel y que se caracteriza por apoyar grupos musicales de última fila y extrema izquierda que arremeten contra el estado y la policía, entre otras.

    Nunca se ha visto un aislamiento tan brutal de un presidente americano, al que se niega comunicarse por redes sociales. Es una tutela despótica que es inconstitucional.

    Trump cometió el error de no proceder a tiempo contra Twitter y Facebook por vulnerar derechos fundamentales. Pero está claro que tanto eso como reformar la ley electoral era muy difícil al tener el Congreso en contra, liderado por Crazy Pelosi. El hombre más poderoso del mundo, como se ha visto, en realidad es poco menos que un florero, una marioneta o un fantoche sin poder real, ya que tanto las Cámaras como cualquier juececillo federal pueden decidir la política que le permiten aplicar.

    También cometió errores estratégicos graves, tal vez por una cierta ingenuidad que se debe a su buena fe y su franqueza al querer cambiar las cosas. Los votantes, desde luego, no se lo han agradecido, porque aun restando 10 millones de votos fraudulentos de Sleepy Biden, son demasiados que han sido movilizados en su contra.

    El despertar será terrible para los estadounidenses, especialmente cuando vean que manda Kamala y una mafia semioculta y oculta hundiendo el país en la miseria. Trump no volverá a ser candidato, salvo que se presente por un partido nuevo, pues los republicanos ya han demostrado de qué calaña son y que no le querrán apoyar nunca más.

    ¿Cómo lo ve, Vicente? Desde luego, el golpe de estado estaba a la vista y lo habrán visto muchos más a pesar de la manipulación por los medios.

    Una cosa buena, aunque de momento irrelevante, es que los republicanos se han retratado, uno más Judas que el otro.

    • José Enrique Pérez

      Magnífico comentario Pedro, solo quería añadir por qué a mí no me sorprende, y es que todavía recuerdo cómo Trump consiguió ser candidato por el partido republicano hace cuatro años en contra de la opinión de los que dirigían (y siguen dirigiendo) el Partido, a él le votaron las bases y el Aparato tuvo que tragar. Durante estos cuatro años ha sido un incordio al que más de uno en sus propias filas quería ver fuera.

      Para enmarcar esta frase: “El hombre más poderoso del mundo, como se ha visto, en realidad es poco menos que un florero, una marioneta o un fantoche sin poder real”. Chapó.

      No estoy de acuerdo en general con la predicción guerracivilista del artículo, me da a mí que esto se irá olvidando, Biden tendrá una presidencia tranquilita como muchas otras anteriores y ya, tipo Obama para entendernos.

      El tiempo dirá. Un saludo.

      • Pedro Suenz Pavón

        Gracias, José Enrique, creo que el Partido Republicano se vio abrumado por el apoyo a Trump (mucha gente quería a alguien que no fuera un aparatchic) y no llegaron a manipular los resultados o tal vez no contaban con que ganaría las elecciones. A la vista está que muchos del aparato del partido se sienten más a gusto con aquellos otros del Partido Demócrata. Que Biden, tras 47 años de político profesional, a sus años llegue a ser presidente es también consecuencia de esta mentalidad de ser del aparato del partido. No hay que olvidar tampoco que los partidos de EEUU son diferentes a los nuestros, funcionan de otra manera, y candidato sólo será quien pone mucha pasta o que se la pongan por él.
        Tampoco veo la guerra civil allí, posiblemente sea como dices, todo se calmará y la gente seguirá su vida. Sólo que la acción política será feroz para cambiar a la sociedad y acallar a los disidentes.

    • Pedro Suenz Pavón

      Donde pone “En la renta”, debe poner “En la prensa”.
      Cosas de los cambios automáticos no vistos a tiempo.

  2. Jesus Valcarcel

    Cuentan que esta frase pertenece a Séneca cuando le dijo a Nerón: “Tu poder radica en mi miedo; ya no tengo miedo, tú ya no tienes poder”.

    La escenificación histriónica del Capitolio en el 6 enero, es el derrumbe del miedo. Hasta aquí llegó La Edad del Miedo. Los cuernofilos se atrevieron a cruzar la línea que no podían cruzar, los jinetes dejaron de sentir temor ante la estampida.

    Como siempre, arroja D. Vicente un hilo de luz en medio de la oscuridad. Hilvana con maestría los hechos, procesos y estructura. En este momento, no tengo su confianza en el buen resultado de todo lo que nos espera, por mucho que la Historia se empecine en afirmar que esto también pasará.

    Sé que no quedará más remedio que encontrar una solución acertada. No sólo porque nuestra supervivencia como especie está en juego. Son demasiadas almas, anhelando aprobar el examen con matrícula de honor, para el que se han preparado durante demasiado tiempo. Se que se exigirá un nivel de lucha nunca visto. Se que ahora es el Universo quien tiene toda la confianza puesta en nosotros, en todos nosotros.

    Aún a pesar de todo ello, como dijo Jesucristo: “Padre, si quieres, aparta de mi este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”

    • Jesus Valcarcel

      Expongo una reflexión, con la venia de D. Vicente, que no le va a gustar nada al periodismo.
      Si el arte de informar imparcialmente y con inmediatez en una sociedad democrática es como escuchar a un paciente expresar sus dolencias, si además consideramos que la prensa en democracia se llama el cuarto poder, los hechos demuestran que el arte de la información precisa, imparcial y veraz ha quedado relegado a una casquería. La tienda en la que se venden todo tipo de despojos del ganado, que sólo los estómagos entrenados pueden digerir. En la que partes despezadas e inconexas de datos, se ofrecen como alimento intelectual suficiente. Se llenan estómagos ansiosos mientras se vacían las mentes.
      Veamos un ejemplo. Hace ya semanas que circula la información, por supuesto no a través de los medios de desinformación social, de que el 75% de los votantes de Trump sabían que hubo fraude, además de más del 35% de los votantes demócratas. El dato es suficientemente importante como para ocupar titulares, obligando moralmente a que los responsables de las instituciones actúen para atender el malestar generado. Es como si un paciente sufre sepsis, con fiebres altas, y el médico, que no tiene NPI de salud humana, espera a ver si aflora algo visible mientras administra un calmante para que no le moleste el dolido. Como en el periodismo hay muchas empresas a las que sólo les interesa el negocio. Cuando el servicio al otro se reduce a lo que es útil para cobrar, en medicina es ejercer de Josef Menguele, en periodismo es otro tipo de crimen similar, también de lesa humanidad.
      El cuerpo del delito perverso se puede identificar leyendo las noticias del asalto al capitolio, el paciente (la sociedad), manifiesta una gangrena que puede corroer todas las instituciones. El tratamiento informativo pone una tirita en la llaga más visible afirmando con rotundidad que la causa es de Trump que ha incitado a las masas, sus votantes, de los cuales el 75% se “han creído la mentira del fraude”. Si nos detenemos un momento en la lectura comprenderemos como los medios han despreciado al 40% de la población, es decir conocían el dato pero lo ocultaron. Por supuesto en la misma noticia siguen ocultando que más de un tercio de los votantes demócratas también sufrían la misma sepsis en aislado silencio. Si lo mencionaran se descubriría la responsabilidad en la eclosión de los hechos, la inutilidad de su oficio.
      Me ha llegado el mensaje circulante deformando la maldición de Tecumseh, las malas artes de la desinformación ahora la llaman la profecía que acabará con Biden. Gracias a este error he encontrado inspiración para comprender que tanto desastre puede perseguir un bien superior. El salto evolutivo exige que todos arrimemos el hombro, el paciente de gangrena está a punto de morir, cuando el cuerpo muere el alma se libera de limitaciones, dolor y sufrimiento. Si su labor es inconclusa, reencarnará en un cuerpo más propicio que le servirá mejor a su misión espiritual. Es muy difícil de visualizar, pero todos estamos limpiando karma propio y de nuestros antepasados, es el proceso universal de la sanación, que permite ascender peldaño a peldaño hasta alcanzar al Altísimo. Es un proceso primero individual, después colectivo. Como nos proyectamos afuera, lo lógico es que también se purguen los sistemas. No son dioses las instituciones, son simples herramientas que como dirían en la DUDH: nunca, ni en ninguna circunstancia, deberían de servir a otra cosa que al crecimiento evolutivo de las personas.

  3. Daniel R. Cardoso

    Excelente análisis, el mejor que he leído en años. Abundando en las etimologias latinas, sancio y sanctus así como sacrum proceden de indoeuropeo “sakr-sek” que es cortar (de aquí viene el verbo segar-secare). Biden y todos los demás felones, ahora mismo son homines sacri, hombres “separados” por un grave pecado, hombres malditos ante los dioses y los hombres. No pueden ejercer su labor sagrada del gobierno ante su pueblo. Como Caín llevan la marca maldita en la frente y todo lo que toquen quedará contaminado.
    Siguiendo los símiles romanos, lo más probable en mi opinión es que no se produzca una guerra civil sino una “secessio plebis” al Monte Sacro republicano de la mayoría del pueblo dejando Washintong solamente con los patricios y sus clientes (no quiero compararlos con los antiguos que demostraron mayor sabiduría patriotismo y altura de miras).
    Creo que el gran acierto de Trump, aunque a muchos les pueda parecer una irresponsabilidad, fue el no tomar poderes especiales sin tener atada su justificación ante su pueblo el día 18 de diciembre. No cayó en el error de Tiberio Graco y mantuvo la santidad de su cargo, de su causa y de sus partidarios. Han sido los otros los que han roto sus juramentos ante Dios y ante el pueblo. Inconscientemente sus enemigos lo vieron y montaron el numerito del paseo por el Capitolio para que pareciera que era Trump el que profanaba el Templo cuando ya lo habían hecho ellos antes. Confirma estas ideas el hecho, atestiguado por encuestas, de que el asalto al Capitolio se vea favorablemente por muchísima gente, como si el pueblo hubiera accedido al edificio para reconsagrarlo de nuevo.

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