Trump cabalga de nuevo: «Principio del fin del más largo “party system” de la historia de EEUU»

Formación del Séptimo Party System 1 • 6 junio 2021 •

Hoy hace justo medio año que el golpe de estado iniciado el 3 de noviembre de 2020 quedó consolidado en la validación de los votos amañados que Mike Pence realizó ante el Senado el día 6 de enero de 2021.

Hoy también llega la noticia de que Trump ayer dio su primer mitin1, cabeza de una serie de comparecencias públicas que piensa ir desarrollando en preparación de las elecciones –llamadas midterm– a la renovación de las cámaras que tendrán lugar el 8 de noviembre de 2022.

He incluído el mitin completo de Trump al final de la entrada cuyo atento visionado recomiendo encarecidamente, aunque para mejor apreciar su significado, aconsejo que obtenga antes la contextualización del mismo que a continuación voy a llevar a cabo.

Renovación del régimen de partidos

También estos últimos días se ha sabido que Trump deja su casa de Mar-a-Lago en Florida durante el verano para instalarse en otro de sus clubes deportivos, este situado en New Jersey, al lado de nueva York, y desde ahí continuar recibiendo a los candidatos que aspiran a presentarse por cada circunscripción del Partido Republicano para obtener de él su beneplácito.

Recordemos que Trump no ocupa ningún cargo oficial en el Partido Republicano, entonces ¿a qué viene esto?

Pues muy sencillo: Trump se ha hecho de facto con el control del partido al comprobarse que sólo ganan aquellos a los que Trump ayuda en sus campañas y, por lo tanto, con esta sencilla técnica,

Trump está a punto de producir un cambio de paradigma en la política norteamericana cuyo icono es el Party System tal y como anuncié que sucedería en mi comparecencia en televisión del día 30 de octubre de 20202

Tendré mucho gusto en ir haciendo una caracterización del nuevo Party System, el séptimo de los que los anales dan cuenta, según vaya emergiendo.

Mientras tanto lo que procede es contextualizarlo dentro de la trayectoria de los que le precedieron y, sobre todo, en relación con el último de ellos que ahora está a punto de fenecer.

Periodificación de la historia política americana

Los manuales de historia política de EEUU han realizado una taxonomía ya clásica basada en la configuración y reconfiguración de las fuerzas parlamentarias.

Es el conocido desarrollo por “Party Systems”, que va desde el momento inicial (que no es 1776, fecha de la declaración de independencia, sino 1792 cuando estuvo a punto la constitución), hasta nuestros días.

Lo más llamativo del inicio de la república americana es que se intentó evitar a toda costa el sistema de partidos ya que se pretendía evitar los errores de la madre patria, Inglaterra, cuyo despotismo parlamentario ustedes ni se imaginan porque a buen seguro que la mayoría de ustedes habrán sido pasto de la historiografía imperante que es, sobre todo en España, de un tendencioso tinte hiperanglófilo que ya no existe ni en la propia Inglaterra.

Pero la realidad es que los padres de la constitución americana tenían la preocupación máxima de que la república no recayera en las zarpas de gente como aquellos “infames chaqueteros que promueven la división” –infamous divisive turncoats– que constituían la evidencia de corrupción moral y personal en que el sistema político había sumido a Inglaterra, de cuyos males querían a toda costa huir, por constituir ésa, además, la razón de ser de su propia existencia como comunidad3.

Pues bien, finalmente los buenos propósitos no sirvieron de nada, ya que la lucha descarnada por el poder está ínsita –es decir, es consustancial– a un sistema que otorga poderes ilimitados sobre la comunidad a un grupito de notables. La tentación para unirse y cambiar todo lo cambiable –y a veces hasta lo incambiable– es demasiado fuerte4.

Sea como fuere ya desde el principio aparecieron facciones y partidos con lo que la periodificación política de EEUU ha quedado establecida, en efecto, en seis periodos llamados “party systems” ya que, ciertamente, los americanos no sólo no han sido capaces de evitar la corrupción constitutiva del sistema parlamentario moderno (que concede un poder legislativo ilimitado) sino que, además, han superado con creces a sus predecesores ingleses o, por lo menos, se les ha notado más.

El último de esos seis períodos, en el que aún –por poco– todavía nos encontramos, empezó en 1968 como consecuencia del trasvase masivo de votos sureños al Partido Republicano, que hasta ese momento había sido fiel al voto demócrata5.

De hecho el Partido Demócrata, fundado por el sureño Andrew Jackson6, había sido el valladar principal de las represalias contra el sur llevadas a cabo por el Partido Republicano de Lincoln (que se fundó no para la abolición de la esclavitud, sino para impedir –aún a costa de una guerra civi– la expansión del modelo económico sureño)7 y que se prolongaron durante los diez años siguientes al conflicto.

Irónicamente ese período negro de la historia americana –de donde sale el famoso enfrentamiento racista de blancos y negros del sur de EEUU, no del período esclavista– se conoce como “Reconstruction Era”. Un singular tipo de “reconstrucción” que, por cierto, los demócratas han querido aplicar a los partidarios de Trump8.

Un período que ha dejado una huella indeleble en EEUU y en el mundo

Ese sexto party system ha durado hasta hoy y es el más largo de los que se han considerado desde la constitución de la Unión en 1792. Su característica principal es bifaz; por un lado el enconado enfrentamiento ideológico entre ambos partidos, por otro la progresiva cimentación de bases secretas de colusión o connivencia entre ellos, mientras que en la superficie se mantenían diferencias aparentemente de mucho peso y amplitud.

Dichas bases secretas tienen su antecedente remoto en el famoso “complejo industrial-militar” que Eisenhower denunciara en su discurso de despedida de la presidencia, que con el tiempo dará lo que se ha dado en llamar “deep state”.

El siguiente hito importante en la trayectoria formativa de estos bajos fondos del estado es la organización de urgencia a que tuvieron que recurrir para perpetrar dos crímenes de estado consecutivos sobre la misma familia, los Kennedy, puesto que éstos se negaron –uno tras otro, John y Robert– a “devolver los favores” con los que habían llegado al poder. Y es que, con el ictus que dejó sin poder de habla al patriarca de la dinastía, Joseph Kennedy, que fue el verdadero muñidor del éxito de su hijo al gestionarle un pucherazo de 500.000 votos en Chicago sin los cuales JFK habría perdido frente a Nixon, la interlocución con el deep state en ciernes había quedado rota.9.

La presidencia de Nixon fue la última que se concedió a un candidato “por sí mismo”, ya que a la alturas de 1972, y después de casi una década de rodaje el deep state, estaba seguro e impaciente de ensayar una forma verdaderamente “corporativa” de presidencia donde el titular fuera sólo fachada y nada más que fachada.

En consecuencia, se monta el Watergate para sacar a Nixon de la presidencia mediante un impeachment que sirva tanto para fortalecer la democracia como de aviso a navegantes para los futuros ocupantes de la Casa Blanca. Se busca así al más tonto para ocupar el puesto, cosa que se consigue de manera harto cumplida en la persona de un cultivador de cacahuetes con sonrisa de Bugs Bunny: Jimmy Carter10.

Paralelamente se forma la Trilateral (en 1972) y se le coloca la mayoría de los secretarios y colaboradores principales (aides) de manera llamativamente desproporcionada a favor de la Trilateral (creo recordar que la proporción era como de 18 de 22 o cosa así). La ofensiva no se circunscribe al gobierno americano sino que en aquella década de 1970, con un poco de ayuda de la CIA, alcanza todos los rincones del mundo: Chile en 1973, Portugal en 1974 y España en 1977.

Aderezando esas conversiones a la fe política verdadera se puede encontrar un libro que ha pasado desapercibido aunque su autor sí fue famoso por otro libro que se lee por el forro dado su expresivo título: “The clash of civilizations“. En esta ocasión, sin embargo, el título del libro que hace al caso no dice tanto con lo que hay que leerlo para enterarse de lo que dice.

Me refiero al libro “The third wave“, la tercera ola, que va de “extender la democracia”, es decir, de destruir culturas políticas locales mediante el expediente de extender el sistema aculturizador de cámaras legislativas con poderes omniabarcantes en todos los paises rezagados, aquellos que no se reconvirtieron después de la segunda guerra mundial (segunda ola) o que no son los fundadores del sistema (primera ola).

Pero el sexto party system no habría de llegar a su máximo apogeo con presidentes-marioneta sino con el firme contubernio establecido entre dos familias de sendos partidos hegemónicos que, estando cada uno de ellos en los dos polos opuestos del espectro social de la clase dirigente americana, por una de esas casualidades de la vida, devinieron en uña y carne.

Me refiero a las familias Bush y Clinton, cuyo modelo de régimen político ha enseñoreado la vida americana desde que a mitad de los años 80 se unieran en las actividades criminales que dieron como resultado el escándalo Irán Contra. Allí, con Bush padre en la vicepresidencia y Bill Clinton de gobernador de Arkansas montaron a medias un negocio que sería lo que cimentaría el descomunal sistema de gobierno criminal en la sombra que aqueja actualmente a EEUU.

El negocio consistía en que Clinton, desde su puesto de gobernador de Arkansas, hacía la vista gorda para que Bush moviera los hilos desde la vicepresidencia y se montaran bases de aviones para realizar un doble tráfico. De drogas con Colombia en los viajes de entrada, y de venta ilegal de armas a la milicia nicaragüeña en los viajes de salida y también a la insurgencia iraní. De esta manera financiaban guerrillas contra otros gobiernos con el dinero de la venta de la droga que arruina la vida de los jóvenes estadounidenses. Todo ello bajo la presidencia de Reagan pero sin conocimiento de éste, por supuesto, cuya esposa Nancy Reagan se hallaba a la sazón totalmente comprometida en campañas antidroga con aquel slogan que ella hizo famoso: “Just say no”.

De hecho, Reagan fue sólo el involuntario señuelo del falso enfrentamiento ideológico que las últimas décadas ha mantenido al pueblo americano en tensión hasta que la aparición de Trump en 2016 empezara a poner de manifiesto “la verdadera índole del sistema”.

Por cierto que estas fueron, exactamente, las mismas palabras que utilicé cuando José Javier Esparza me preguntó televisión en Octubre de 2016 sobre las consecuencias tendría un eventual triunfo de Trump. Mi contestación fue:

 “Que la gente va a empezar a saber cuál es la verdadera índole del sistema”

Bueno, creo que ahora, cinco años después, la cosa está –en efecto– cada vez más clara y gente de todos los continentes está abriendo los ojos ante “la verdadera índole” del sistema, ¿no creen?, de lo que –por cierto– es reflejo el amplio seguimiento que tiene este blog con el que ustedes me honran.

Sin embargo, allá por los años 80 del siglo pasado muy pocos estaban dispuestos admitir, ni siquiera contemplar, las profundidades de corrupción e inmoralidad en la que la forma política supuestamente perfecta estaba abocando. Y menos que nadie el propio Reagan aunque fue objeto de un atentado que estuvo a punto de costarle la vida.

Ni que decir tiene que la eventual muerte Reagan habría proporcionado gran comodidad al atareado vicepresidente Bush para quien el magnicidio por “loco suelto” ya era familiar pues estuvo de joven en la CIA y se le vio el día del asesinato de Kennedy en Dallas (existe una fotografía suya de aquel día a la salida del famoso “book depository” desde donde dicen que disparó Oswald).

Además, en este caso el loco que atentó contra Reagan resultó ser John Hinckle Jr, perteneciente a una familia de la alta sociedad americana, hijo del presidente de una importante empresa petrolífera, la Vanderbilt Energy Corporation, y –nada menos– que hermano de un amigo de trato frecuente de uno de los hijos del vicepresidente, Neil Bush, tal y como quedó reflejado en un artículo del New York Times de la época.

Esta extraordinaria coincidencia fue silenciada en su momento pero quedó grabada en la mente de Nancy Reagan durante años para quien no había duda que los Bush estaban involucrados en el atentado contra su marido. El hecho es que terminó desarrollando una auténtica fobia a toda la familia, incluida la  señora Barbara Bush, modorra sólo en apariencia, según se desprende de su propia biografía oficial titulada “The Matriarch”11 y a la que no se le ocultaba en absoluto esa animadversión ya que proclamaba con frecuencia: “Oh, she hates us, I know”.

Los últimos estertores del régimen Bush-Clinton

Pero todo llega a su fin, no hay mal que cien años dure y a todo cerdo le llega su San Martín… de modo que aquí estamos viendo cómo se desmorona el impresionante edificio de malsano consenso, auténtico régimen o entramado de intereses inconfesables que recorre el amplio espectro que va desde la prebenda al golpe de estado pasando por todo tipo de operaciones delictivas intermedias que han protagonizado estas dos familias, los Bush y los Clinton en llamativa, espuria coyunda.

Las andanzas criminales de estas dos familias hace ya muchos años que están bien documentadas y son perfectamente conocidas de un número muy amplio de personas en EEUU. Existen numerosímas publicaciones que dan los más escabrosos detalles sobre sus operaciones, incluyendo los más graves crímenes como tráfico de drogas y asesinatos políticos, amén de las más abyectas desviaciones sexuales en el caso de los Clinton. El material es tan abundante que no puedo ni entrar a evaluarlo ahora, aunque baste decir lo siguiente: en el país rey de las querellas por difamación y reclamaciones grotescas, ni los Bush ni los Clinton se han querellado jamás ni defendido de las acusaciones más allá de algún formal desmentido.

Trump, ayer en la CPAC de Carolina del Norte

La CPAC (Conservative Political Action Conference) es el congreso de la asociación conservadora que aglutina a una gran cantidad de votantes republicanos.

Les dejo a ustedes con este señero documento cuyo contenido semántico no es grande, pero cuyo significado implícito y conceptual es enorme, como podrán darse cuenta si tienen en cuenta todo lo que he escrito más arriba.

Como cabría esperar, Trump hace gala de gran prudencia a la hora de hablar de acciones concretas que acometer en el futuro. Algunos dicen que puede presentarse a presidente del congreso, otros a la reelección para la presidencia de la unión en 2024. En realidad, en este momento mayor concreción es prematuro.

Lo importante es que está ahí con una presencia de una entidad sin igual en cualquier político contemporáneo.

Y es precisamente la carencia de ese contenido semántico, que cualquier otro político rellenaría con promesas, programas y proclamas, es de lo más expresivo pues Trump se limita a dar fe de los problemas reales y a asegurar que él los va a solucionar. Es un hilo directo con lo Político, ¿recuerdan de mi entrada anterior?

Les invito a que se den cuenta de que ahora Trump ya conoce a su público, no es como en 2016 cuando tenía que hacerse notar con salidas de tono. Ha llevado a cabo un cambio de estilo que responde a que ahora no habla tanto a masas como a personas. Con lo que las alocuciones son en tono de diálogo, de confidencia, de modo casi íntimo, contando cosas de sí mismo como en un encuentro familiar mientras que el público está presto a reaccionar y a atender.

Mientras tanto, los sesudos “analistas” de la burbuja mediática van diciendo por ahí que a partir de ahora Trump ya no podrá hacer nada porque no dispone de la herramienta de redes que le vio surgir pues Twitter y Facebook le han cerrado las cuentas.

En fin… disfrútenlo y reflexionen al hilo de todo esto.

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  1. Curiosamente, en inglés mitin no se dice de donde se ha tomado en español, meeting, sino de lo que aquí se entiende es una carrera de coches, es decir, rally.
  2. Se puede ver aquí a partir del minuto 60.
  3. Con frecuencia se olvida que Inglaterra tenía casi 40 colonias (24 en Norteamérica y el resto hasta 38 entre el Caribe y Centroamérica) en el continente americano a la altura de 1776 y que de ellas sólo se quisieron independizar las trece que procedían directamente de población inglesa original que había salido huyendo de Inglaterra en el siglo XVII para zafarse a toda costa de la tremenda represión a que fueron sometidos en dicho país. El resto de las colonias, que fueron arrebatadas a Francia, Holanda y España, no se sublevaron porque una subida de impuestos –que es el motivo que aduce la historiografía oficial– no es motivo de sublevación para nadie en su sano juicio que lleve una vida acomodada como era el caso, salvo que exista un fondo de gran resentimiento procedente del abuso acumulado durante décadas o siglos.
  4. Asambleas de notables ha habido siempre, pero nunca –salvo en la Inglaterra del siglo XVI y a partir de todo el mundo– se les ha concedido el poder omnímodo de imponer leyes sobre cualquier cosa, incluido el absurdo de decidir lo indecidible, lo ya dado, como es el sexo de los integrantes de la propia comunidad.
  5. Para una caracterización de la periodificación del sistema de partidos americano véase Erik J. Engstrom, Samuel Kernell, Party Ballots, Reform, and the Transformation of America’s Electoral System, Cambridge University Press (2014).
  6. Los partidarios de Andrew Jackson le convencieron para ponerse a la cabeza de un partido, el Partido Demócrata o “del pueblo”, para luchar contra el tremendo pucherazo que el entorno aristocrático de John Quincy Adams le había propinado en las elecciones a la presidencia de 1824. Un inteligente y versado lector ha dejado escrito en este blog que las circunstancias que sufrió Andrew Jackson son muy parecidas a las que se han dado con Bush. Desgraciadamente no soy capaz de identificarlo en este momento pero si está leyendo estas líneas me gustaría mucho que se identificara para darle mi enhorabuena por el análisis.
  7. Thomas DiLorenzo, The Real Lincoln: A New Look at Abraham Lincoln, His Agenda, and an Unnecessary War, Three Rivers Press, New York (2003).
  8. Véase este artículo en The Atlantic, verdadero think tank del progresismo americano donde abogan muy claramente por una contundente “tercera era de reconstrucción” (contando con que la desegregación que se llevó a cabo en el ejército a partir de 1948 cuenta como la segunda) que consiga “reconducir a modos auténticamente democráticos” a los partidarios de Trump.
  9. Libro de los Kennedy
  10. Hay que decir a favor de Carter que maduró bastante en los años en que estuvo en la Casa Blanca y que al final él mismo reconoció que había sido una mera marioneta de los poderes fácticos.
  11. Susan Page, The Matriarch: Barbara Bush and the Making of an American Dynasty, Hachette Book Group USA (2019)

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15 comentarios

  1. brigitte hugon

    Lo que tenemos que desear es que los “medios” hagan una vez por todas su trabajo y no intenten esconder la verdad con la sin razón. Trump gano las elecciones y el fraude fue una burla al sistema democrático. No sale en ninguna parte EU.

    Otras noticias:
    https://www.youtube.com/watch?v=DFrU5sXS8f4

    Thierry Baudet Parlamento Hollandes 3 de junio 2021 desvelando el plan Rockefeller 2010.

    Los mails del Dr Fauci están saliendo a la luz en USA, un escándalo enorme, nadie lo difusa. En Francia el ” comite”privado pagado con los impuestos de los franceses al servicio de Fauci para mantener el miedo y esconder la catástrofe económica.

    Las vacunas que son experimentales hasta 2021 / 23 con efectos secundarios increíbles.

    Leer el artículo del ” The Guardian” 24 de marzo 2016 ” la proteína “magneto” genéticamente modificada controla el comportamiento” (¡¡¡¡¡por el bien de la humanidad!!!!!!) etc …..

    Gracias por sus comentarios

    Cordialmente

    • Vicente Miró

      Me alegra verla de nuevo por el blog, Sra. Hugon, me trae usted siempre buenos recuerdos de mis vacaciones anuales en la costa atlántica francesa, a donde voy a desquitarme de los muchos meses de comedimiento con las ostras.

      Desconocía ese informe y me alegro mucho de que me lo haya puesto en conocimiento. Tengo pensada una entrada sobre la cuestión del virus chino pero la voy a hacer en el entorno al 26 de junio que es cuando se conocerá el informe que el ocupante de la Casa Blanca ha solicitado a la CIA sobre ese tema. Allí tendré mucho gusto de incluir su video con una mención suya si no le importa.

      Lo bueno de todo esto es que, como he dejado ya escrito en varios lugares en este blog, la gente se está dando cuenta de “la verdadera índole del sistema”.

      Un saludo y muchas gracias por seguir el blog.

      Cualquier cosa que desee comentar de lo que sucede en Francia será muy bien venida en este blog.

      Au revoir, VM

  2. Daniel R. Cardoso

    Le felicito, es sencillamente un magistral resumen de historia americana.
    Solo quisiera hacer unas reflexiones.

    Prácticamente los partidos han estado a la gresca en EEUU desde que se despidió Washington con su famoso discurso, habiendo sido el único presidente elegido por aclamación y creo que único Founding Father que se creyó de buena fe la Revolución (de los demás dudo: sólo hay que ver sus comportamientos posteriores).

    De todas formas creo que el principal fallo que tuvieron y que les hizo naufragar en su intento de salir de las garrar del parlamentarismo totalitario fue creer que este se debe a la inconstancia y pasiones del pueblo inculto (producto del empacho de lecturas griegas y latinas) lo que les hizo reforzar los aspectos elitistas de su sistema político que desembocó de manera fatal en camarillas y partidos. Vamos, hicieron unos panes como unas tortas .
    Los revolucionarios franceses, que SI sabían lo que querían (dejar a Francia que no la reconozca ni la madre que la parió), fueron más cucos:

    -Destruyeron los parlamentos y organizaciones tradicionales que mal que bien habían frenado a la monarquía absoluta en nombre de la Nation.

    -Eliminaron el mandato imperativo de los electores (ideita de Sieyes). Ya no hacía falta Colegios electorales ni elecciones estaduales ni demás zarandajas pesadas.
    Ya se podía mangonear a gusto.

    El sexto party system tiene profundísimas raices con las camarillas de los anteriores, sobre todo de los que nacieron en la Giled Age por lo que el Deep state es mucho más viejo de lo que parece (el criminologo Perez Abellán veía patrones muy sospechosos de magnicidios desde 1850 en España y los de Europa parecen similares, donde no hubo fue en… GB).

    De las dos familias mafiosas políticas, aunque son más amplias, podemos decir lo siguiente:

    -Los Bush : pertenencia de daddy anda sonny a los Skull and Bones de Yale. La crème de la crème junto con las otras dos hermanitas (scroll and key y Wolf´s head). Desde 1832 metidos en todas las salsas políticas, económicas y culturales de EEUU.

    -Los Clinton. Bill, con lazos con los mandiles (sociedad DeMolay), su unió a Hilaria Clinton, que era la que tenía los contactos: Rockefeller, Alinsky y otros.

    Los partidos son la cantera de los figurones nuevos , vigilados por miembros de los anteriores en relaciones cruzadas (siempre hay un miembro del otro clan, la mas visible: Obama, nene de clinton-Kerry , nene bones).

    Otra linea que me gustaría sacar para el debate es la relación con la gran banca. Por lo que he leído la muerte de Lincoln tuvo más que ver con su intención de crear un Banco Nacional controlado por el Estado y la de Kennedy por querer meter en cintura a la Reserva Federal, entidad privada engendro de Wilson, cumpliendo la Constitución (tras la muerte del hermano se retiraron los billetes de mayor circulación, los que podían hace pupita a la banca si la gente los guardaba); el control de la CIA y el discurso a las asociaciones de la prensa. El más misterioso es el de Mckinley que no encuentro explicación política (presidencia curiosamente importantisima para EEUU y de la que apenas se habla a pesar de su final morboso).

    Y hablando del tema, creo que la 3º ola en España comenzó en 1973 con el asesinato de Carrero Blanco, golpe de estado encubierto que todavía pagamos, y no en 1977 que es fin de trayecto.

    • Vicente Miró

      Muchas gracias, amigo Cardoso, por sus elogios y comentarios que son muy complementarios, en efecto, y que rebosan de datos y reflexiones muy bien traídas.

      Empezando por el final le diré que sí, desde luego, la tercera ola ya empezó con el magnicidio de Carrero. Cosa en la que siempre pienso en las ocasiones que atravieso el patio de los jesuitas de la calle Serrano. Basta echar un vistazo al edificio allí al lado donde estaba la CIA en aquellos años –planta sexta me parece– para darse cuenta de que es imposible que no supieran que se estaba excavando un túnel en el subsuelo a tiro de piedra. Sobre todo cuando se tiene en cuenta que las embajadas americanas cuentan con sismógrafo para vigilar justamente ese tipo de cosas.

      Por lo demás, claro que la cosa va de largo y que las raíces son muy profundas.

      Fíjese usted que hay un hilo directo de todo esto con la situación política ¡de la época de Shakespeare! en la que, como seguramente sabe, me sumerjo día a día para escribir un libro que lo explique (con lo que a veces me cuesta volver al siglo XXI).

      Pero, sin ir tan lejos, hay muchos detalles más próximos a nosotros que se puedan dar que tienen mucho interés como los que usted mismo apuntaba en este comentario.

      Usted y la interviniente siguiente a usted, Cristina Espinosa, me han estimulado con sus comentarios a realizar una intervención en ese sentido que voy a publicar en un rato como respuesta al comentario de ella, pero que le recomiendo que lea igualmente porque es también parte de la ampliación que usted plantea.

      Saludos, VM

      • Daniel R. Cardoso

        No se olvide que el propio Shakespeare pone su génesis en el derrocamiento de Ricardo II en 1399.

        Su gran ciclo histórico de tragedias lo comienza aquí y lo sigue reinado a reinado de forma sistemática hasta Enrique VIII (1547) con dos excepciones: Eduardo IV (quizás por entrar de lleno en los de Enrique VI y Ricardo III ) y Enrique VII (no sé que motivo pudo tener porque más peligroso eran las referencias al de su hijo y lo hizo a fondo).

        No conozco dramaturgo contemporáneo que haya hecho algo semejante y más cuando la historia de Inglaterra ofrece materia para aburrir, aprovechada al máximo en películas y novelas. Lope, Calderón, Tirso y seguidores representan la historia pero no hacen acepción de periodos.

        No deja de ser curioso que Chesterton en su ensayo sobre el poeta Chaucer y su tiempo también ve aquí el comienzo de lo que ocurriría posteriormente. No caí en esta coincidencia hasta que usted no hizo referencia a Shakespeare como revelador de ese periodo.

        • Vicente Miró

          Me ha hecho usted repasar el texto del bueno de Chesterton para comprobar lo que dice y, por mucho que está lleno de aciertos de todo tipo, en ese particular punto, no da en el clavo.

          Por lo menos no desde la perspectiva histórica actual que nos permite saber muchas más cosas de las circunstancias en que WS escribió el Richard II gracias a una historiografía que ha exhumado a lo largo de décadas muchísimos detalles de los que Chesterton por completo carecía.

          Uno de ellos es que un año antes de que R II viera la luz , se publicó en Inglaterra bajo el seudónimo de R. Doleman un texto con el título de “A Conference about the Next Succession” en el que un jesuita inglés exiliado en España (Robert Persons) tiene la osadía de deliberar sobre el problema de la sucesión monárquica inglesa ya que a esas alturas del siglo, en 1594, la reina Isabel tenía 61 años y era, en consecuencia, imposible que tuviera descendencia.

          Por cierto, que el padre Persons da a entender que una buena solución sería que los derechos de Felipe II se transfirieran a su hija Isabel Clara Eugenia y que fuera ella quien ocupara el trono inglés tras Isabel I pues poseía “todas las cualidades de un justo y prudente gobernante”, como su padre. El consejo cayó en saco roto. por supuesto, pero como después se comprobaría, ICE resultó ser una excelente gobernante pues ocupó, junto a su marido el archiduque Alberto, el gobierno en los Paises Bajos de 1598 a 1621 y después en solitario de 1621 a 1633, constituyendo un período de paz, estabilidad y prosperidad tan notable que ha pasado a la historia con le nombre de “Edad de Oro de la Holanda Española”.

          Pero lo interesante del libro de Persons que tiene que ver con Ricardo II es que endosa el punto de vista español, único en aquel momento, de justificación de deposición del monarca por incurrir en tiranía y, en consecuencia, juzga correcta la deposición de R II dejando así establecido un paralelismo con la reina Isabel cuyo reinado plagado de abusos tenía mucho en común con el del monarca medieval.

          Naturalmente, esta tesis fue proscrita enseguida y el libro secuestrado de inmediato, lo cual no obsta para que WS considerara seguro mencionar el tema un año después, en 1595, cuando aún los ecos de la polémica no se habían extinguido.

          Ahora bien, como WS no era ni tonto ni kamikaze, no realiza una defensa monda y lironda del tiranicidio sino que, por un lado deja bien claro que Ricardo merecía la deposición, pero por otro, se asegura hacer ver que la deposición fue en sí un hecho profundamente desgarrador para el reino y –desde luego– para el propio monarca, que pierde la vida.

          Tiene especial interés el tratamiento de Shakespeare a las implicaciones teológicas del concepto medieval de monarquía “imago Christi” que son las que impelen al depuesto monarca a llevar a cabo un sacrificio que emula el de Cristo en la cruz, cosa que Ricardo acepta aunque le desborda y por eso al final de la obra nos reconciliamos con él, aunque queda abierta sobre su figura la paradoja de que siendo un rey fatuo y frívolo en el ejercicio de su función fuera, no obstante, el más noble en el momento de transigir su deposición y aceptar la suerte que le ha devenido el destino en justa reciprocidad a sus acciones.

          Además, como es sabido, esta última parte de la obra tiene también un valor general llegando incluso a constituir en el climax de los dos cubos un auténtico compendio de la idea medieval de forma política monárquica como Kantorovick ha sabido reflejar en su ya clásico “Los dos cuerpos del rey”.

          Pero en realidad la obra no pretende hacer una indagación histórica sino más bien plasmar con una analogía el análisis político de la situación de Inglaterra en época de Shakespeare –no de Ricardo– y propiciar una advertencia/consejo a la reina Isabel en la forma aceptada entonces, la alegoría histórica o mitológica mezclada con un cierto halago.

          Aunque pueda parecer extraño, los príncipes de la época deseaban ese feedback del pueblo y en esto –como en casi todo– WS no se aparta de las costumbres convencionales de la época. La advertencia, eso sí, tenía que ser hecha con gracia y decoro, cosa que efectivamente WS realiza con creces ya que hay testimonios de que, años más tarde –al final de 1599– la obra se quiso instrumentalizar con fines golpistas por parte del entorno de Essex, de lo que la reina estaba al tanto, aunque no por ello, en la represión siguiente al fracaso del golpe tomó ninguna medida contra Shakespeare.

          De este hábil modo, WS es capaz de dar a cada uno lo suyo: por un lado, mostrar a su público de Londres y a la corte entera los excesos de la reina, a la reina misma advertir de lo que le puede suceder si profundiza en sus tiránicos modos, a Kantorovich el destilado de los elementos icónicos de la monarquía medieval y a todos nosotros, el público de su posteridad, el asombro que no cesa en ya casi medio milenio.

          Los paralelismos entre uno y otro monarca son, en efecto, llamativos. Isabel, como Ricardo, había realizado multitud de expropiaciones, basaba su reinado en la pompa ceremonial y había magnificado la idea de sacramentalidad de la monarquía de manera excesiva, igual que Ricardo que se refería a sí mismo como “el ungido” en un ejercicio megalomaniaco casi blasfemo, pues téngase en cuenta que hacía ya mucho tiempo que, ante la hybris otoniana de llamar “octavo sacramento” a la unción del emperador, la Iglesia Católica había puntualizado muy claramente mediante el concepto de “sacramental” que la unción al monarca no está a al mismo nivel que los siete sacramentos instituidos por Cristo sino que es meramente un “signo de gracia” permitido por la Iglesia.

          Por otro lado, hay que decir que Chesterton se equivoca de pe a pa cuando hace retrotraer el inicio de los partidos a la deposición de R II. Lo que ahí se da el el inicio de la política “cratológica”, maquiavélica o basada en el poder del más astuto o del que mueve mejor los hilos, pero no de los partidos políticos que fueron vistos con horror hasta muy entrado el siglo XIX.

          Esa proyección extemporánea es otro signo, junto con la mención a su supuesto “gobierno democrático” donde se ve la influencia del entorno en la valoración histórica, pues en la época de Chesterton también había una gran preocupación con los partidos políticos.

          Como puede comprobar, esto de valorar visiones históricas es un ejercicio muy resbaladizo, tanto en otras épocas como en la propia.

          Así, Chesterton es capaz de percatarse de que Shakespeare no tenía visión histórica para percibir lo importante que fueron las acciones “democráticas” de Ricardo pero no reconoce que está analizando las acciones del rey medieval bajo su propia obsesión edwardiana por la democracia y los partidos políticos que en aquel momento estaba en plena ebullición tanto por la inminente implantación del sufragio universal como por la emergencia del partido laborista en 1900 que trastocaría todo el orden parlamentario inglés hasta ese momento estrictamente aristocrático.

          En realidad, a lo que yo me refería cuando decía que “hay que retrotraer al tiempo de Shakespeare” los orígenes de la implantación con calzador del régimen parlamentario en medio mundo por parte de EEUU a lo largo de los años 70 del siglo pasado (“tercera ola” de Huntington) no es que Shakespeare dejara constancia de ello en su obra, sino que Shakespeare lo sufrió en sus propias carnes como hombre de su tiempo.

          Y eso que padeció no lo supo identificar porque, por la proximidad de los acontecimientos que vivió, careció de la debida visión histórica.

          Pareciera ahora que entonces nosotros estamos en mejor disposición de ver con perspectiva qué es lo que pasó entonces que nos afecta tanto ahora, pero la verdad es que no, tampoco, y ello por el motivo opuesto al de Shakespeare, porque su realidad está muy alejada de la nuestra. Y además, claro, como en toda época, nuestra propia realidad no se ve por cercana, igual que le pasaba a Shakespeare con la suya.

          Así las cosas, el problema parece insoluble, e indudablemente lo es prima facie, es decir sin meterse a un estudio profundo de la época de Shakespeare y a una apertura de ojo de pez de la nuestra propia, cosas ambas a las que llevo dedicado desde hace ya muchos años.

          ¿El resultado? Se lo voy a dar a usted y a los pocos que lean este comentario como primicia de mi libro aún por publicar:

          El antecedente último que relaciona la situación política de Shakespeare y la nuestra propia es la implantación de cámaras legislativas soberanas y, por lo tanto, con poder omnímodo sobre las costumbres, los impuestos, y todos los demás aspectos de la vida comunitaria como es la erradicación mediante legislación de la fe religiosa de todo un pueblo.

          Ese es el verdadero novum, el únicum, que emerge en al siglo XVI inglés. Para avalar esta tesis, sólo un dato: el cisma perpetrado por Enrique VIII fue posible porque en 1533 y en 1534 el parlamento, arrogándose de atribuciones que jamás había ejercido ningún otro parlamento europeo, pasó leyes que lo hicieron posible: The Restraint of Appeals Act y diversas Supremacy Laws.

          La historiografía que circula en España desconoce o ignora completamente este hecho y atribuye a la tiranía personal de Enrique VIII el Cisma cosa que no es verdad; la conculcación de la milenaria fe religiosa del pueblo inglés fue un acto llevado a cabo con la complicidad de una élites débiles y corruptas frente a un rey fuerte y reduplicativamente corrupto.

          El gran drama de la historia de Inglaterra hasta 1688 es el desplazamiento de poder entre esos dos cómplices del robo de la soberanía popular y cómo al final termina vencedor el parlamento sobre el rey.

          Y el gran drama de nuestro tiempo después de que Inglaterra haya puesto a punto el sistema es que todas las élites corruptas del mundo se hn precipitado a constituirse en cámaras de omnímodo poder legislativo, capaces de hacer añicos las tradiciones a golpes de la legislación que impulsan y de cuyas corruptelas es mucho más difícil desembarazarse que de las de un rey corrupto.

          Y así, en nuestra propia época, damos como normal que un grupo de unas decenas o pocas centenas de personas, por el hecho mágico de que una papeleta con su nombre haya pasado por una urna se le permita decidir sobre cualquier tema de la comunidad, sin medida ni cortapisa, y no nos damos cuenta de que esto es una irregularidad histórica que no se ha dado nunca en ningún tiempo ni lugar anterior al nuestro.

          Por otro lado, no se trata de desdeñar los procedimientos electorales que, indudablemente cumplen una función y han existido siempre. Las monarquias electivas, los claustros y capítulos de los conventos y tantas y tantas instituciones, como los propios parlamentos medievales eran instituciones basadas en el voto. Pero siempre el voto se daba para algo, con restricciones y matizaciones. Incluso cuando se votaba a un monarca de poder absoluto, el poder no se extendía al poder legislativo. Los reyes medievales, por ejemplo, no creaban las leyes; las compilaban. Compilaban las costumbres y, ocasionalmente, introducían alguna ley.

          La irregularidad de nuestra época no es el voto sino el voto para otorgar un poder legislativo omnímodo, lo cual supone una auténtica patente de despotismo totalitario e ilimitado.

          ¿Entiende lo que digo? En mi futuro libro estará aún mejor argumentado. VM

          • Daniel R. Cardoso

            Estoy totalmente de acuerdo con usted y le entiendo perfectamente lo que quiere decir.
            Cometí un error al no poner la cita de Chesterton a la que yo estaba aludiendo y al no acordarme de que este autor hablaba más extensamente de los tiempos del rey Ricardo II, en general, con muchos errores gordos como usted ha expuesto con maestría. Le ruego que me disculpe por ello.

            Es imposible ver a este rey, y a los demás medievales, como más democrático y más aún como trató la revuelta de los campesinos de Tyler. Sencillamente era impensable para ellos y para su sociedad. Más erróneo es ver en ese reinado el origen de los partidos pero es disculpable cuando hasta hoy se habla de partidos políticos (albistas-ebolistas con sus ¿proyectos e ideales?) en la Corte de Felipe II o se intenta meter con calzador a personajes de toda laya en los casilleros de progresista y conservador cuando en el Continente no los hubo hasta 1789 y en España en 1811 (lo que había antes eran bandos abiertamente formados por intereses, relaciones personales, económicas, locales, lealtades, influencias, clientelas, odios, admiración, etc. Generalmente eran 2: quienes tenían el poder por favor del rey, etc. y quienes lo querían desalojando a los anteriores. Por esos son tan contradictorios y cambiantes).

            De todas maneras, el amigo Gilber cuando se introduce en la historia le pasa como al gran Ortega, tiene intuiciones geniales junto a las mayores meteduras de pata. Por ejemplo, nunca he podido entender su Pequeña Historia de Inglaterra por mucho que la haya leído y releido.
            La cita es esta:

            “Pero afirmo que en tiempos de Chaucer se produjo un giro y se recorrió parcialmente un camino, que hubiera sido necesario desandar para evitar la destrucción o transformación que estaban por delante. Lo que sucedió en el tiempo de Chaucer fue que los nobles depusieron al rey y fueron capaces de poner otro hombre en su lugar y llamarlo rey aunque era nada más que un noble. Esto sucede siempre por etapas, y no hubiera sucedido tan tempranamente si no fuese porque el noble en cuestión era el más próximo al rey por la sangre. *Pero ese noble fue casi sin discusión un usurpador y significó el quiebre de muchos principios medievales que nadie antes se había atrevido a quebrar.*” (Pg. 274-275. https://portalconservador.com/livros/G-K-Chesterton-Chaucer.pdf)

            La frase que más me llamó la atención fue la que está entre asteriscos. La entronización de Enrique IV por el parlamento, mas que el derrocamiento de Ricardo II como tirano, es un caso único en la Europa medieval: no se elevó al trono al heredero legitimo indiscutido (los descendientes de Lionel de Amberes), fuera del caso de hacerlo hubiera caído en manos de un reino extranjero (casos de Portugal y Castilla con Beatriz y Enrique II).

            En resumen, se rompió la línea dinástica con la bendición del parlamento en contra de la “constitución o fuero” del reino provocando a la larga la Guerra Civil. Para más inri, los Lancaster y los York no siguieron la inteligente política de Trastamaras y Avis de enlazar con lineas de derecho y de conseguir renuncias formales de derechos de las demás ramas a pesar de estar firmemente asentados en sus tronos.

            Las consecuencias se vieron en los momentos de debilidad. Mientras en Castilla y Portugal no supusieron el hundimiento de las dinastías ni puso en cuestión las leyes fundamentales del reino, en Inglaterra supuso el exterminio de los Lancaster, la subida y hundimiento de los York, la deposición de varios reyes por la fuerza y justificada mediante el expediente de acudir al Parlamento, institución que iba humildemente “detentando” más poder.

            Estos son, para mi, los precedentes de la gran ruptura (o Revolución como lo llamo yo) de Enrique VIII . Como el Diablo en sus servicios, el parlamento se lo haría pagar muy caro a la monarquía: quien da potestad la puede quitar (y ya había conseguido ser la institución decisiva teóricamente en cuestiones de sucesión a la Corona).

            El único contemporáneo que lo vio claro fue Sto Tomás Moro al poner el dedo en la llaga al citar la Magna Charta y los límites del poder del Parlamento en su discurso final ante sus jueces tras ser condenado a muerte. También en el presunto testimonio de Richie contra él sobre cuestiones teóricas de derecho.

            (https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-54552010000100009&script=sci_arttext#footnote-18848-7 interesantísimas son las notas 54 y 55 sobre el abogado Saint-German en este tema)

            Esto se confirmó en 1640-49 (caída de los restos de la monarquía tradicional), en 1688-1694 (el gran disfraz o engaño: aparente restauración y control de la riqueza del país) y en 1720 (la maquinaria de influencia en la política, el funcionariado y la judicatura entre bambalinas).

            Le entiendo perfectamente porque he tenido fuertes discusiones con amigos que creen, ingenuamente, que se arregla el problema político con listas abiertas, distritos electorales personales y demás parafernalia pero sin tocar los puntos cruciales: -El poder absoluto de esos representantes; -El constructivismo y racionalismo de nuestros sistemas políticos (negación de la historia, las experiencias del pasado y el desarrollo gradual de las instituciones) y -la negación del mandato imperativo a los electores (único caso existente en una representación legal).

            Respecto a WS, para mi lo curioso (porque no soy experto en el autor ni siquiera puedo leerle en inglés por lo que mis opiniones son meras doxas que, espero, no sean ni una pérdida de tiempo ni estupideces para nadie) más que la propia obra de Ricardo II es su dramatización de todo un periodo que va del año 1399 a 1533 (134 años) con la excepción del reinado de Enrique VII. En comparación sería como si Lope hubiese dramatizado la historia de Castilla desde la derrota de Aljubarrota (o el asesinato de Pedro I) a las Comunidades, dejando solamente el reinado de los RRCC fuera. Es excepcional en la Literatura europea y solo hay un caso similar que conozca: los inacabados Episodios Nacionales de Galdós (años 1804-1898).

            En mi inexperta opinión es un intento, como un zahorí, de entender el camino que condujo a su situación precisamente porque no veía claro la realidad que sufría (aunque si le era muy clara en el terreno religioso). Lo que quiero decir lo explica mejor Julián Marías en su gran obra “España inteligible” cuando habla del papel de la literatura para comprender el pasado en el capítulo dedicado a los visigodos y la caída de España en el 711.

            Por lo demás le agradezco el enorme esfuerzo que supone el blog y le pido disculpas si le he hecho perder un poco el tiempo con mis errores.

  3. Cristina Espinosa

    Encantada de leerle de nuevo. El vídeo ya no se puede ver. Respecto a lo del Watergate nunca me cuadró el relato oficial. Me gustaría saber algo más.

    • Vicente Miró

      Muchas gracias de nuevo por el aviso y, volviendo brevemente sobre la cuestión de esa sospechosa desaparición del video de Trump, ¿no es extraordinario?

      Es increíble, ¿no? el comportamiento de estos adalides de la democracia, la tolerancia y bla, bla. Veremos lo que dura.

      Míreselo, por lo menos un buen trozo, y se dará cuenta de que hay un cierto cambio de estilo.

      En cuanto a lo del Watergate, ya habrá ocasión de ir explicando más. El detalle desde luego es tan fascinante o más que una novela de Tom Clancy como ya dije en una ocasión. Muy entretenido.

      Ahora, lo que tiene importancia es ver con perspectiva histórica cómo los dos bandos que representan los dos partidos estadounidenses han estado en lucha a muerte –y esto no es una exageración ni tampoco una metáfora– desde hace prácticamente dos siglos, pues tenga en cuenta que Andrew Jackson monta el Partido Demócrata en 1828 y con él El Segundo Party System para defenderse del robo de la presidencia de que había sido objeto en 1824.

      Desde esa fecha la política estadounidense ha sido “una actividad de alto riesgo” como dice Roger Stone, aquel asesor presidencial del Partido Republicano desde Nixon a Trump que fue indultado por éste de una injusta condena. Por eso el Sexto Party System que ahora termina es tan importante. Significa que los dos enemigos se unieron para engañar al pueblo con su teatrillo de “alternancia”.

      Todavía más importante es darse cuenta, al hilo de la reflexión sobre la evolución del lenguaje político, que el neologismo “bipartisan” empieza a tomar fuerza a partir de los años 80, más o menos al mismo tiempo en el que en Inglaterra hace furor las “consensus policies” que luego copiaría todo el mundo, incluida España, hasta hoy mismo. ¿Se da cuenta de la filiación de esa palabra fetiche que usan nuestros políticos cuando se les llena la boca con “el consenso”?

      Bueno, de ese consenso tiene que saber dos cosas muy importantes. La primera es que es totalmente impolítico, es decir, que es una perversión de lo Político, que, como lectora del blog sin duda usted no ignora, es la función por la que se alcanza el equilibrio en un grupo humano tras la desavenencia.

      No es difícil comprender que la instancia que resuelve esas desavenencias es la que tiene que pechar con la tensión y el enfrentamiento de unos y otros. Así que si esa instancia superior en el orden jerárquico, en vez de hacer eso lo que hace es compincharse con las partes en desavenencia, quien sale perdiendo es el pueblo porque lo que se consigue es que para que ellos estén “consensuados” en las altas esferas nosotros tenemos que ir a la greña entre nosotros. ¿Se entiende bien lo que quiero decir?

      Es lo que nuestro querido maestro don Dalmacio expresa diciendo que la forma política actual coloca el poder ya de entrada y en toda circunstancia en una posición de neutralidad, obligando a que sea el pueblo el que pierda su neutralidad y tenga que tomar partido, tenga que politizarse.

      Es decir, invierten el sentido de la política para que sea el pueblo el que tenga que resolver las consecuencias de la falsa neutralidad en la que ellos –los polacos– se sitúan axiomáticamente para dar rienda suelta al contenido de sus agendas ideológicas.

      En realidad, el sistema debería funcionar al revés. Las desavenencias entre grupos de representantes del pueblo deberían reflejar y acusar –sufrir en sus propias carnes– las tensiones surgidas en el seno de la comunidad de modo que de ese enfrentamiento político entre ellos surgieran medidas políticas para que el pueblo recuperase la neutralidad.

      ¿Se entiende lo que digo?

      Muchas gracias, VM

      PD Como colofón a esta pequeña perorata sólo decirle que el origen de ese modo impolítico de actuar que supone el consenso fue inventado por los ingleses entre los años 20 y 30 del siglo pasado. Fue la forma en la que la corrupta “upper class” consiguió prolongar apenas unas décadas más la feroz tiranía de guante blanco y buenas maneras que había ejercido desde mucho tiempo atrás sobre el pueblo inglés. Consistió en dar el “abrazo del oso” al Labour Party que por aquellas fechas llegaba al poder en una situación de enorme tensión con huelga general incluída en 1925 después un monstruoso siglo XIX en donde la hambruna irlandesa es sólo una más de las muchas iniquidades que se cometieron con pleno conocimiento da causa. Entonces aquellos señorones de “public school” y club en St james’s, tan finos pero tan cabrones como no ha habido otros en los anales de la perfidia mundial, se sacaron de la manga la idea del “post-war consensus” para ningunear a los pobres “parvenu” (pongo comillas porque la aplicación no permite cursiva en los comentarios) de clase trabajadora que venían a sentarse a la mesa del rico Epulón por primera vez en varios cientos de años.

      Y así, esa infame derechona –la de verdad, la auténtica– tomó el control de las políticas de izquierda e impulsaron el Welfare State y el mundo en que vivimos hoy.

      PD 2 Pero para que vea que no me mueve la animadversión hacia Inglaterra sino la verdad de lo que ha pasado, también hay que decir que la mayor claridad y lucidez sobre las implicaciones de esta desafortunada deriva histórica la han alcanzado también los ingleses. Además, de manera contemporánea (e incluso anticipadora) a como se iban produciendo los acontecimientos, cosa harto difícil porque en esos momentos se carece de perspectiva histórica. Chesterton y Belloc, en particular, dieron en el clavo enseguida. Ahí tiene usted el libro de este último cuyo título “El estado servil” lo dice todo y es, nada menos, que de 1912. ¿Y qué me dice de “Brave New World”, el famoso Mundo Feliz de Aldous Huxley? Si va a mirar ese libro, ¡de 1932!, describe con mucho más acierto el mundo en el que estamos poco a poco yendo a parar que “1984” de George Orwell del que generalmente se habla más.

      • Cristina Espinosa

        Sí, totalmente de acuerdo en que el consenso es una trampa y en que el futuro distópico que quizás nos espere se parecerá más a “Brave New World” que a “1984”.

  4. Vicente Miró

    Muchas gracias por el aviso y sus amables palabras.. En efecto; en esa cuenta ya no se puede ver pero he conseguido localizar otra en del grupo Sky con locución inglesa y ya la he puesto en la entrada en sustitución de la anterior.

    Su intervención me parece muy estimulante, luego le digo más, VM

    • Ricardo Ramón Gómez

      Buenas tardes
      Ayer visualicé de nuevo la película Acción Ejecutiva del año 1973, donde se está hablando de un plan para el futuro de la humanidad, creo que en estos momentos están en dicho plan a máxima velocidad
      Aunque en el fondo, el problema es real, somos casi ¿7.000.000.000 ?, de seres humanos y estamos acabando con todos los recursos existentes, ya hay mas animales en granjas para alimentarnos que animales salvajes sobre el planeta, la contaminación de los microplasticos es tan inmensa que no existe especie marina que no tenga en su estómago plastico sin digerir, etc….
      Aunque a esta gentuza del NOM, espero que se le pase factura por sus acciones criminales, antes o después, también es cierto que debemos tomar medidas para reducir drásticamente la población mundial, nos hemos convertido en un cancer que destruye el ecosistema en el que vivimos

      • Vicente Miró

        No tenga ni el más mínimo miedo a la sobrepoblación. Y no deje que le tomen el pelo con mentiras y medias verdades.

        Además, esa película de 1973 está totalmente obsoleta. Está basada en un libro de 1968 de un tal Paul Elrich que se hizo famoso por un título (“The population bomb”) cuya espectacularidad y expresividad exime a uno de su lectura y parece que le da a uno permisos para hacer suya sus tesis.

        Por el contrario, tome nota:

        En este momento todas las poblaciones del mundo, de cualquier etnia y religión están en disminución de su tasa de natalidad aunque paralelamente aumenta en todos sitios la expectativa de vida, con el resultado neto –por ahora– de un precario y efímero aumento poblacional.

        Lo que esto significa es que la población mundial va a empezar a disminuir a marchas forzadas una vez que el primer factor supere a l segundo lo cual se estima ocurrirá en torno al final del siglo XXI.

        Sin embargo, ya a mediados de siglo, o sea en torno a 2050, e incluso antes en algunos lugares, se empezarán a notar disminuciones muy significativas de la población, sobre todo en Europa, EEUU y China. Las repercusiones de este hecho sobre la estructura de producción y el modelo económico serán muy desestabilizadoras y los gobiernos empezarán a buscar población exterior (algunos como Suecia ya lo han iniciado, aunque dados los problemas de integración se han atemperado las políticas).

        Lo que le acabo de decir está claro desde hace muchas décadas pero las instituciones internacionales como la ONU, regidas por consignas ideológicas, continúan dando a entender lo contrario a pesar de que cada vez les resulta más difícil ocultar la verdad.

        Hasta tiene usted una entrada en Wikipedia que lo confirma. Eso sí, la tiene que leer con. mucho cuidado porque no se dice explícitamente y es usted el que tiene que atar los cabos.

        Lo mismo en el informe de Pew Research donde tiene un magnifico gráfico animado donde puede ver cómo el crecimiento general mundial se prolonga sólo por el crecimiento en Africa, pero en todas las demás regiones decrece desde 2050 en adelante. Luego, desde 2100, empieza a decrecer en TODO EL PLANETA aunque eso el gráfico no lo muestra porque termina ahí.

        En realidad, como apuntaba antes, lo que será un problema es la despoblación. Fíjese lo que dice George Friedman, el mayor experto en geopolítica de EEUU:

        “What will be the more immediate result of a shrinking world population? Quite simply, in the first half of the century, the population bust will create a major labor shortage in advanced industrial countries. Today, developed countries see the problem as keeping immigrants out. Later in the first half of the twenty- first century, the problem will be persuading them to come. Countries will go so far as to pay people to move there. This will include the United States, which will be competing for increasingly scarce immigrants and will be doing everything it can to induce Mexicans to come to the United States—an ironic but inevitable shift.” (George Friedman, “The next 100 Years”, Doubleday 2009, page 9).

        Si se espera un poco, más adelante haré una entrada sobre el origen de la obsesión maltusiana y pondré varios libros para descarga.

        Saludos y gracias por la contribución pero, sobre todo, no se apure; el mundo no está sentado sobre una bomba de población como rezaba aquel libro de infausto recuerdo que estuvo muy de moda en los 70 del siglo pasado. Y piense que la desestabilizacón provocada por la despoblación mundial que se dará desde final de siglo, si es bien aprovechada, lo que puede traer es un cambio en le estructura de producción y consumo que olvide el absurdo objetivo actual de crecimiento ilimitado por el que se rigen todas las empresas hoy día y ponga el foco en la estabilidad de las comunidades, la calidad, el ahorro y la previsión, justo lo contrario de lo que hoy impera. VM.

  5. Brigitte Hugon

    Me gustaría informarles que pueden consultar ( ¿ahora en youtube sin censura?) los tres últimos videos de “carrefours du monde” sobre Fauci.

    Entre otros estos dos aterradores:

    “Conflicto de intereses, quien se amaga detrás de los mails de Fauci”
    “Fauci y las experiencias prohibidas, operaciones trans, los carteles..”

    Esta información enseña hasta que punto llegaron en la falta de ética y en el nivel de perversión, para llorar, los llamados científicos de grandes laboratorios. No me puedo imaginar que acabemos todos, tal como los pobres foetus abortados, ratas de experimentación.

    Tenemos que divulgar y les agradezco, perdonar de insistir, que escuchen estos videos super completos y hechos con fuentes totalmente solventes.

    Para el bien de nuestra humanidad espiritual.

    Agradecida.

    carrefoursdumonde blog

    • Vicente Miró

      Muchas gracias por la referencia a esta interesante web francesa de información internacional. No la conocía y a partir de ahora voy a tenerla en cuenta.

      Si conoce alguna otra web de contenido político sobre noticias y análisis de la política en el interior de Francia, me interesaría mucho conocerla.

      En cuanto al contenido de los videos, desde luego; es toda una vergüenza. Pero eso ya nos lo podíamos esperar y ya casi nada sorprende.

      Lo que tiene mucho interés es el cambio geopolítico que va a tener que venir aparejado con la identificación de China como culpable de la pandemia. Estoy esperando al día 26, que es cuando se ha prometido el informe sobre el origen del virus, para escribir una entrada sobre el tema.

      Un saludo y a su disposición, VM

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