La instauración de Biden por los medios, principio del fin (de Biden)

El golpe en marcha 4 • 8 nov 2020 •

Contraviniendo un poco mis propios consejos1 interrumpo brevemente el trabajo sobre otras entradas verdaderamente relevantes para no desairar a los amigos que –después de la”instauración” mediática de Biden– me han insistido para que diga algo.

Y lo que tengo que decir es muy claro y además lo digo con fraseología trumpiana y acento de Queen’s: “It’s far from over, boys”, tal y como leo en Breitbart que Trump ha dicho.

En efecto, todos los que en los medios españoles han declarado que esto ya está decidido están completamente errados –o, mejor dicho, herrados (es decir andan con herraduras y a cuatro patas)– porque esto no ha hecho más que empezar, muchachos.

Vamos a dejar claro unas cuantas cosas:

  • Quien ha proclamado estos resultados (call the election) es, como ya expliqué en otra entrada,  una asociación de prensa AP (Associated Press) que no tiene ningún papel constitucional en la proclamación del Presidente2. Lo que sí tiene es una grave responsabilidad criminal pues ha jugando un papel clave en el golpe ya desde antes de la noche electoral en la preparación de la opinión pública y  ciertamente ahora, como se ve, en lo que pretende ser el remate final.
  • La proclamación institucional del nuevo presidente se realiza en el Senado después de una ristra de certificaciones del Archivero Mayor (The United States Archivist) , de los gobernadores de cada estado, de los 538 compromisarios del colegio electoral (que han de emitir un certificado por sextuplicado) y del recuento meticuloso de los certificados, donde caben objeciones, en la Cámara de Representantes.
  • Por lo tanto, la mera “recogida” de los datos de la elección hasta su “elevación” a Resultado Oficial es un procedimiento largo y ceremonioso que dura más de un mes (desde el 14 de diciembre al 20 de enero), toda vez que el Archivero lo pone en marcha a través de la emisión de cartas certificadas a los 50 gobernadores para que conste que se les requiere a convocar a los electores o compromisarios del Colegio Electoral que son los recipientarios del voto popular y los que realmente eligen al presidente. Generalmente este hecho es ignorado o desconocido (incluso por los propios norteamericanos; recuerdo que en 2016 una de esas rubias neumáticas que actúan de locutora en los telediarios de postín se enteraba de ello en directo, en antena), pero la realidad es que no sólo no se vota directamente al presidente sino que aquellos a quienes se les vota para que a su vez elijan al presidente pueden negarse a  emitir el voto en el sentido en el que se les ha confiado. En efecto; aunque parezca mentira, eso es así, el voto de estos “faithless electores” como se les llama a los compromisarios que rehusan votar a favor del candidato que ha obtenido mayor número de votos en su estado es perfectamente posible, pues no está sujeto a mandato imperativo en todos los estados ni está sujeto al mismo grado de compromiso en todos ellos3. Es otra de esas curiosas particularidades e los sistemas anglosajones. Una simpática excentricidad más por la que se subvierte el más craso sentido común con toda naturalidad: lo que es no es pero no pasa nada porque son nuestras reglas. Lo que en este caso se traduce en que el compromiso de estos compromisarios con los votantes de quienes lo han recibido es muy poco comprometido, ¿qué problema hay? ¿no somos nosotros quienes imponemos el sistema? (En este enlace se encuentra un mapa que indica, estado por estado según se pasa el cursor, cuál es la situación de los compromisarios; en algunos con una multa de 500 dólares se zanja el asunto).
  • El proceso anterior puede truncarse en cualquier momento por muchos motivos. Por un lado,  por la gran cantidad de demandas judiciales que denuncian las irregularidades en el recuento en múltiples circunscripciones. Por otro, por las demandas de prevaricación de algunos jueces y fiscales que han interrumpido el proceso electoral y lo han contaminado consciente y deliberadamente con vistas a una alteración criminal de la voluntad popular. Dichas demandas podrían resultar en autos que bien pudieran revertir muchos resultados que los medios están dando por buenos.
  • Otros probables resultados podrían ser órdenes judiciales de recuento (algunas ya se han dado) o de repetición de elecciones en algunas circunscripciones.
  • A todo ese panorama judicial electoral hay que añadir el nada halagüeño futuro judicial personal de Biden, el hijo de Biden y también del hermano de Biden de quienes Trump posee pruebas de la más rampante y abyecta corrupción que pueden en un momento dado servir de negociación para que Biden, no Trump, salga de un buen apuro que es adonde yo quería llegar en el titular4.

En fin, de este tenor hay aún muchas más cosas que pueden interrumpir esta “marcha triunfal” de Biden hacia la Casa Blanca.

Marcha que, les invito a reparar en ello, ha empezado entre gritos y alborozos como empieza uno de los más típicamente americanos géneros cinematográficos, el road movie. (El otro, ya lo saben, es el western, su contrapuesto, pues aspira a la justicia y no a la justificación del nihilismo como éste).

De estructura prácticamente fija, el road movie invariablemente arranca con una parejita sin rumbo en la vida, dos pobres diablos sin mucho o nada en común pero para quienes la carencia de proyecto vital constituye justamente la base de su unión en lo que, a lo largo de todo el film, irá poco a poco convirtiéndose en una alocada –aunque, eso sí, muy divertida– carrera delincuencial que es la base del espectáculo que ofrece el género: ver cómo dos personas se asocian para auto-destruirse sólo por diversión mientras se llevan por en medio lo que haga falta.

Ah, pero ¿y qué me dicen del final, cómo es el final de todo road movie? ¿No me digan que no lo saben?

Si algo le queda claro a todo el que va al cine a ver un road movie es que siempre termina peor que mal para los propios protagonistas, de eso no cabe duda; la intriga está en saber cuándo y cómo de mal. ¿Se acuerdan ustedes del final de Thelma y Louise? Pues así veo yo a Biden y Kamala.

  1. Véase la entrada anterior “Ante la desinformación, reflexión
  2. La osadía (unida a la ignorancia) de la prensa americana es casi tan grande como la de la española. La CNN , por ejemplo, en un momento dado llegó incluso a defender enfáticamente que “corresponde a la prensa anunciar al vencedor”, cosa de la que  se corrigieron enseguida pues se ve que alguien en la compañía con dos dedos de frente debió de intervenir.
  3. ¿Recuerdan ustedes que en una entrada anterior en la que apenas se perfilaban algunos de los golpes y pucherazos que moldean y justifican la tan cacareada “excepcionalidad” histórica de los EEUU, al referirme al proceso constituyente llevado a cabo en Filadelfia en el verano de 1787, les dije que lo que salió de allí fue un engendro imposible entre federación y confederación, en un equilibrio imposible entre la soberanía de los estados y la de la unión? Ea, pues he aquí una de las pruebas.
  4. Esto, que dejo aquí caer como si nada –y de lo que los “expertos” mediáticos que pululan por los platós no tienen ni noción (hasta que lean este blog y lo presenten como suyo; uno de ellos ya me lo dijo en la misma tele al pedirme la dirección del blog: “Dame tu blog para que te plagie, je, je.”)– es una de las posibilidades más limpias de resolución de todo este lío. Ya diré más en su momento

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9 comentarios

  1. Rita Fernandez

    Hola Vicente
    Yo creo que algo huele a podrido en USA cuando todo el mainstream apoya a un candidato y demoniza al otro casi sin excepciones. Es lo que padecemos aquí en España pero yo siempre creí que la democracia americana era otra cosa.
    Este resultado es una pena y demuestra que la manipulación efectuada por los medios de izquierda es una apisonadora contra la cual poco se puede hacer.

    Un saludo cordial

    • Vicente Miró

      Así es, Rita, y muchas gracias por su intervención. Ahora bien, permítame destacar de su comentario un aspecto y es cuando dice “creí que la democracia americana era otra cosa”.

      Esa caída del caballo es de extraordinaria importancia y es ahora mismo compartida por más y más gente en todo el mundo como consecuencia de esta crisis. Muestra que un sistema al que se le ha entronizado, ya no como el mejor sino como el único, el definitivo, el no-va-más y al que se le dado un nombre inatacable (democracia) en realidad no era –ni es– nada de eso.

      Porque en realidad, la forma política que proviene de los pueblos anglosajones no fue –ni quiso nunca ser– democrática sino tan sólo tener apariencia de tal.

      Esa forma política es una derivación espurea (es decir bastarda) de los viejos parlamentos medievales que estaban generalizados por toda Europa en época medieval y cuyo más insigne representante –por antiguo– es el de las cortes de León que data de 1188.

      Lo que se ha venido llamando democracia tiene aproximadamente el mismo parecido con el gobierno del pueblo (que es lo que democracia significa) que un huevo a una castaña. No tiene nada que ver con ninguno de los dos elementos etimológicos que forman la palabra “democracia”. Nada con el pueblo (demos) al que sólo se recurre para que vote y tampoco ni siquiera tiene que ver nada con la idea cabal de gobierno (cracia) ya que lo que de verdad promueve es desgobierno en todos los ámbitos de la vida (considere el fenómeno ocupa como ejemplo) y todo ello para beneficio del creciente número de oligarquías que va generando –y destruyendo– en su dinámica fagocitadora de todo lo que de natural encuentra a su paso. .

      Ahora bien, no piense que yo abogo por algún tipo de dictadura o de régimen autoritario. Nada de eso. Si se mantiene conectada al blog verá que poco a poco irá saliendo una solución que está muy cerca de casa y que a usted, a buen seguro, no le resultará ni ajena ni extraña.

      Un saludo y gracias de nuevo por su comentario, VM

  2. Luis Mena

    Señor Miró, muchas gracias por este blog, que estoy difundiendo mucho. Sobre todo se agradecen sus reflexiones porque denotan un profundo conocimiento de la mentalidad anglosajona (errada y herrada, por lo que tiene de protestante) y de la famosa táctica de engaño “Hidden in plain sight”. Quería preguntarle qué ocurriría si el 20 de enero aún no se han resuelto las demandas judiciales y siendo nombrada presidenta en funciones Nancy Pelosi el Presidente Trump (muy razonablemente) se negara a salir de la Casa Blanca sabiendo como sabe del enorme fraude electoral del que está siendo víctima todo el país. Muchas gracias

    • Vicente Miró

      Muchísimas gracias por sus amables palabras, por sus acertados comentarios y por la difusión.

      Estoy muy de acuerdo en que el referente último de todo este lío tiene que ver con la Reforma protestante y, aún más, con el cisma inglés. El protestantismo es una constante en la conformación de una mentalidad, una forma política y un sistema económico que a la altura de los tiempos que vivimos está a punto de hacer la voladura completa de la civilización occidental, en tanto que una determinada forma de considerar al hombre.

      Ahora bien, fíjese que el hilo histórico por el que se podía acusar al protestantismo “in toto” de estos males se pierde por el camino y, a la altura de estos tiempos de Nueva Torre de Babel, todo esta difuminado, alterado y trastocado y ya el argumento del protestantismo no es suficiente en la explicación. Incluso parece revertirse porque, no deje de reparar en el hecho de que Trump es protestante (¡presbiteriano, o sea, calvinista, nada menos!) mientras que Biden y Pelosi son católicos.

      Explicar todo esto es un gran reto intelectual pero hay que intentarlo. Por favor manténgase en contacto y continue haciendo que gente responsable y con criterio que usted conozca lean estas páginas.

      En cuanto a la pregunta sobre el 20 de enero voy a escribir en breve una entrada. Por favor esté al tanto pero le anticipo que no son malas noticias para Trump porque la elección del presidente en las cámaras, que es lo que sucedería, le beneficia aun con mayoría de demócratas en el congreso.

      Un saludo y muchas gracias de nuevo por la promoción, VM

  3. Javier Álvarez Beigbeder

    Dewey Defeats Truman (Dewey derrota a Truman) del Chicago Tribune el 3 de Nov 1948. Fue un erróneo titular en la prensa americana que como sabemos pasó lo contrario. La historia cuasi se repite. Muchas gracias D. Vicente por iluminarnos. Lo comparto.

  4. Pedro Suenz Pavón

    Me temo que los compromisarios podrían dejarse comprar ante la presión masiva contra Trump. ¿Se han dado casos en el pasado de compromisarios que claramente votaron en contra de la mayoría de votos en su estado? ¿Atienden éstos a los fraudes manifiestos en sus estados votando en consecuencia al perjudicado por el fraude?

  5. Gerardo Guinea Vendrell

    Formidable análisis. Sin perder la esperanza, sigamos Rosario en mano.

  6. Agustín Cruz

    Muchas gracias D. Vicente por este blog, porque en medio de tanta desinformación, ignorancia y manipulación, se agradece mucho poder conocer la verdad de las cosas.
    Una pregunta: ¿es muy descabellado pensar que lo que esta pasando en EEUU va mucho más allá, y que se trata de una “guerra” a brazo partido entre los poderes globalistas, y los defensores de la soberanía e identidad de los pueblos?

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