«La cabaña del tío Thompson», enésima particularización de la forma general de la política norteamericana que emana de la Guerra Civil 2/4

Pero volviendo a la cuestión formal, retórica, con la que inicié este tema que viene de la anterior entrada, creo que no deben ustedes perder ripio a lo que sigue y así verán que «la historia de la ideas» no sólo tiene el recorrido libresco que generalmente han cultivado los académicos1 sino que incluye en su sentido más lato todo el campo semiótico, (todo lo que es capaz de señalar, apuntar, sugerir, asociar y de cualesquiera forma comunicar) con un resultado que supone

una muy significativa ampliación de significado que les dará apertura a vislumbrar lo que podríamos llamar la forma general de la política norteamericana durante los últimos casi doscientos años.

La expectativa que les abro es grande, ya lo sé, como sé que hacerles llegar a ustedes en qué consiste dicha ampliación de significado no es algo particularmente sencillo pero confío en que, por lo menos una parte de ustedes, sí llegue a entenderme ya que me consta que un número muy sustancial de los lectores de este blog vuelven una y otra vez a leer y releer las mismas entradas, lo cual –en estos tiempos de usar y tirar– me halaga mucho y me motiva para seguir escribiendo nuevas entradas con ideas no trilladas.

Veamos. Hay dos cosas que ustedes deben saber antes que nada para poder hincarle el diente a eso que he llamado «ampliación de significado que contiene la forma general de la política norteamericana durante los últimos casi doscientos años«.

Son dos cosas enlazadas:

  • Primero, la extraordinaria influencia que ha tenido «La Cabaña del Tío Tom» en la conformación de la psique nacional americana.
  • Segundo, el porqué de tan extraordinaria influencia. Lo cual tiene que ver, a su vez, con los motivos de la guerra civil.

Vayamos ahora a dar cumplida cuenta de una y de otra, empezando por el fenómeno editorial de «La cabaña del Tío Tom».

Todo el mundo sabe de «La Cabaña…» pero casi nadie es consciente de su peso en el imaginario colectivo norteamericano

El fenómeno reviste ribetes de prodigio, desde luego, ya que de este texto salido de la pluma de una escritora2 que sólo se distinguió por este único éxito, emana la imaginería de la que aún hoy se nutre el inconsciente colectivo norteamericano a través no sólo de la influencia directa de los millones de ejemplares del libro que existen en circulación sino del poso que han dejado los miles y miles de puestas en escena de espectáculos tipo vodevil que se dieron a lo largo de todo el XIX y principios del XX y aún de las decenas de películas con millones de espectadores que se han producido desde el mismo momento en que se inventó el cinematógrafo.

Indudablemente merece la pena detenerse a ilustrar la extraordinaria fecundidad que ha resultado del humilde folletín escrito por una ama de casa en 1852, ya que igual que creo que ninguno de ustedes desconociera la existencia de esta obra antes de su referencia en este blog, probablemente tampoco ninguno de ustedes haya sido consciente hasta ahora de la mega-elefantiásica dimensión que alcanzó su difusión y, en consecuencia, de hasta qué punto su narrativa está marcada a fuego en la psique de la nación norteamericana.

Probablemente, incluso, no lo sepan ni los propios norteamericanos lectores de este blog que no son pocos, por cierto, (después de los españoles que viven en España es el grupo más numeroso). Pero aunque no sean conscientes de ello, la marca, el surco abierto está ahí, indeleble, –se lo aseguro– en algún recóndito lugar del inconsciente colectivo3 de aquellos congéneres norteamericanos con los que tengan que lidiar día a día.

Sólo en el primer año de su publicación como libro, en 1852, se vendieron 300.000 ejemplares y un millón al cabo de dos años sólo en EEUU. A partir de ese momento, según se dice, durante todo el siglo XIX hasta la muerte de su autora en 1896 sólo la Biblia lo ha superado en número de ejemplares vendidos.

A continuación les incluyo una mínima muestra de la publicidad de la época relativa a estos espectáculos itinerantes, o «Tom Shows», como solía llamárseles:

Este macro-cartel (llamado «broadside») anuncia el espectáculo de un «Tom Show» itinerante (por eso no consta el lugar) a su llegada a la ciudad. Tampoco consta el año pero la web que lo vende estima que es de la década de 1890. Me llaman la atención dos cosas. Primero, el hecho de que atribuye historicidad a lo que llama excelente drama o «sterling historical drama». Segundo, el doble sentido que hace del contraste entre el nivel de calidad que atribuye al show («a high-class entertainment») expresado en términos de clase social con el subtítulo de la novela «life among the lowly» (la vida entre los que están al fondo) que el espectáculo mantiene y destaca.

Ahora bien, a pesar de que se anuncia como un espectáculo de gran valor e intención moral –»a great and moral play»–, el cartel no puede dejar de traslucir su verdadera índole morbosa-populachera al anunciar como un gran aliciente que en el espectáculo se muestra una «pareja de sabuesos pura sangre» (full-blooded bloodhounds) especialmente entrenados para la trepidante –thrilling– escena de la persecución de la esclava Eliza por los negreros.

Este carromato anuncia lo que debió de ser no una de las primeras versiones cinematográficas, sino más bien una de las más ricas y elaboradas producciones de principios del siglo XX ya que anuncia que ha costado la friolera de dos millones de dólares y se ha rodado durante más de dos años (fíjense bien, último renglón).

Estamos, pues, ante

un auténtico fenómeno, más sociológico que literario, eso sí, ya que la opinión experta es unánime y pasa por reconocer que no se trata de un texto literario de gran calidad sino más bien de un tema y un desarrollo dramático que, por algún motivo, ha tocado la fibra sensible de todo un país durante la friolera de esos casi dos siglos, o ciento setenta años para ser preciso.

Esta página doble pertenece a una de las múltiples ediciones que se imprimieron en el siglo XIX de «La Cabaña…» Contiene la portada interior del libro –que en inglés suele denominarse «title page»– donde se puede apreciar una semblanza de la autora en la página izquierda y una segunda ilustración, más pequeña, en la página derecha. Quédense con la imagen de esta última que ilustra uno de los episodios que narra la novela donde, como ven, se muestra el dibujo de dos niñas, una blanca y rubia y otra negra, la primera sedente y la segunda arrodillada en actitud de gran congoja. El significado de esta escena es pieza clave, aunque no única, en la interpretación de eso que he llamado «la forma general de la política norteamericana» que será debelada por completo en la última entrada de esta serie.

Ahora es cuando, si ustedes ya se han hecho con lo anterior una idea cabal de la importancia del texto de «La Cabaña…», es hora de pasar al segundo punto y explicar porqué. Porqué este texto ha ejercido tan inusitada influencia.

A la hora de explicar el fulgurante éxito de «La Cabaña…» las explicaciones simples se quedan cortas

Averiguar las razones de este extraordinario éxito no es algo sencillo a primera vista a menos que uno esté dispuesto a dar carpetazo al expediente mediante el recurso simple de etiquetar la obra como un puro y simple desbordamiento popular de mal gusto, patente en el regodeo de episodios morbosos como la persecución con perros de presa de la esclava por el río helado. El cartel que anuncia a bombo y platillo  la escenificación «real» –con auténticos sabuesos entrenados al efecto– que aparece en el ejemplo que se incluye más arriba es buena prueba de ello.

Así pues, no cabe duda de que el elemento populachero, morboso, instigador de la violencia cargada de la sexualidad implícita que el mero concepto de esclavo conlleva (por ser alguien que puede estar totalmente a disposición de otro) está sin duda presente entre los factores que tuvieron que ver con el fulgurante éxito de La Cabaña del Tío Tom.

No se olvide, además, como refuerzo de este argumento, que la variedad más abyecta de perversión sexual, el llamado BDSM (acrónimo de Bondage, Dominance and Sado-Masochism) se basa justamente en la promoción de «fantasías» de esclavitud llevadas a lacerantes extremos de realismo –nunca mejor dicho4– por una floreciente industria pornográfica que desde principios de este siglo ha sabido granjearse un lugar de respetabilidad como un subgénero más dentro de la amplia panoplia de perversiones a la carta, hoy día convenientemente dispuestas al consumo en Internet con sólo apretar un botón5.

El blanqueo de dichas prácticas, consideradas hasta no hace mucho como degeneradas sin paliativo alguno por la sociedad occidental en bloque, ha sido completo y se ha producido sin apenas resistencia, llegando incluso a quedar totalmente trivializada su imagen icónica, lo que podríamos llamar el símbolo por excelencia del BDSM –la inmovilización de pies y manos por esposas–, como si se tratara de algo que no tiene importancia alguna, como si desrealizar una irrealidad realizada fuera tan sencillo6.

A ello hay que achacar, sin duda, el tratamiento desenfadado, a veces hasta cómico, que el cine y la televisión le han venido prestando en todo tipo de emisiones, incluso las orientadas a grandes audiencias y a menores de edad.

El resultado es que, muy probablemente, un nutrido grupo de jóvenes pertenecientes a esas nuevas generaciones amaestradas en una concepción exclusivamente lúdica de la sexualidad humana serán proclives a considerar inocentemente que esta denigrante –y peligrosa– práctica sexual es, simplemente, una opción más inocua y legítima al alcance de cualquiera7.

Para mí, la principal aportación de esta escuela historiográfica que considero no debe ser completamente ignorada aunque haya hecho méritos para ello8, es el hecho en sí de haber tematizado la relación entre sexualidad y esclavitud, presente también en otras mitologías políticas9, y algo que a buen seguro la historiografía de las ideas de corte exclusivamente intelectual habría ignorado.

Pero aún así, la historiografía «racial crítica»10 contemporánea, que llega a todos sitios, y no perdona ofensa racial alguna, real o imaginaria, ha recalado también –cómo no– en estos aspectos escabrosos del legado cultural de la esclavitud negra en América y ha señalado alguna que otra cosa valiosa sepultada bajo el marasmo de unas cuantas toneladas de insustiancialidades expresadas en un característico cantinflesco lenguaje11 que, una vez debidamente pasado por el colador, es ciertamente el equivalente semántico a agua y perejil en el terreno culinario.

Otro aspecto reseñable de la cuestión es haber reparado en la insistencia que muestra el BDSM en la práctica de sexo interracial en formatos donde los negros, generalmente del sexo femenino, ocupan casi siempre las posiciones de sumisión, lo que interpreta como un elemento que contribuye a la exacerbación del deseo mediante el recurso a la cosificación, es decir, subrayando el carácter de objeto del partenaire sexual forzado por su disímil color negro.

La sugerente imagen de la izquierda parece hecha para entrar a competir con ventaja con la de la portada del libro que se muestra a la derecha. Y sin embargo, no es más que la foto del perfil académico de Ariane Cruz, profesora adjunta de la Universidad Estatal de Pennsylvania adscrita al «Departamento de Género y Estudios de la Diáspora Negra» y autora de este libro que versa sobre el tratamiento de la mujer negra en la industria pornográfica del BDSM.

La anécdota de Lincoln en 1862 que muestra innegable conexión entre «La Cabaña del Tío Tom» (1852) y la Guerra Civil (1861-1865)

Hay que contar, por tanto, con que el considerable morbo de la temática esclavista tuviera mucho que ver con la fascinación que este libro ejerció –y aún ejerce hoy día, aunque proporcionalmente en menor medida– sobre amplias capas de la población norteamericana.

No obstante lo cual, también parece claro que este factor en solitario es estrictamente insuficiente para dar cuenta de tan rotundo éxito ya que ese mismo morbo también debió de provocar el rechazo en mucha gente bienpensante y temerosa de Dios, mucho más abundante –por cierto– cuando se escribió el libro que en nuestra propia descastada época.

Lo que sí parece claro es la vinculación de esta obra con la guerra civil, lo cual queda palmariamente puesto de manifiesto por una anécdota famosa, probablemente apócrifa pero perfectamente ajustada al sentir general según aparece una y otra vez en la historiografía de la guerra civil y que involucra nada menos que a Abraham Lincoln.

Según dicha anécdota, cuando en noviembre de 1862, ya en plena guerra civil, el Presidente tuvo ocasión de conocer a Harriet Beecher Stowe, exclamó:

«So you’re the little woman who wrote the book that started this great war12

Los subrayados son míos y son para enfatizar la sospecha de que, incluso en el caso de que sea cierta esta anécdota,  su formulación parece haber sido moldeada por el genio popular que la ha transmitido de boca en boca para acomodar el contraste grande/pequeño que ciertamente se habría dado entre los protagonistas de la anécdota ya que Lincoln medía casi dos metros y la autora apenas metro y medio.

Tanto si el sucedido es auténtico como si no, lo que sí creo es innegable es que, en todo caso, sería un clarísimo ejemplo de sè non è vero, è ben trovato ya que no cabe duda de que «La Cabaña…» guarda una muy estrecha conexión con la guerra civil o, mejor dicho, con los años –o más bien décadas– previos a su desencadenamiento y que son justamente los años en los que Harriet Beecher Stowe nace, crece y se desarrolla como persona y como escritora.

En la tercera entrega de esta pequeña serie de entradas daré cumplida cuenta de esta relación y también explicaré un pequeño-gran tapado de la historia de EEUU, a saber:

la verdadera causa de la guerra civil, enterrada bajo toneladas de disimulos y deformaciones que la han distorsionado tanto que explicarla hoy día supone un gran esfuerzo.

No se lo pierdan y difundan el blog, por favor, sobre todo entre jóvenes universitarios.

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  1.   Entre ellos nuestro egregio maestro don Dalmacio Negro que siguió en la brecha disciplinar que iniciara su mentor y predecesor en la cátedra, don Luis Díez del Corral, introductor de la Historia de las Ideas en España como aproximación a las Ciencias Políticas.
  2.   Harriet Beecher Stowe (1811-1899).
  3.   Por favor  que nadie tome esto como una confesión de fe jungiana. No, yo no creo como creía Karl Jung que «el inconsciente colectivo» tiene una entidad propia, separada, y que actúa por su cuenta. Con Zubiri, yo pienso que de lo humano sólo el hombre particular –usted y yo– tiene sustantividad. Cuando hablo del «inconsciente colectivo» me refiero a aquella parte de la semiótica que nos envuelve y que usted y yo tendemos a interpretar en nuestras cabezas de una misma o parecida forma por haber sido expuestos a ella de modo similar. Pero ese inconsciente ni es exterior a nuestra cabeza ni se puede imponer velis nolis a nuestros pensamientos ni a nosotros mismos si somos capaces de identificarlo y analizarlo como yo estoy haciendo ahora.
  4.   La flagelación es una práctica común de BDSM.
  5.   Ustedes no darán crédito, pero la realidad es que el dudoso honor de haber hecho respetable en todo el mundo el BDSM se debe a un inglés. Peter Acworth, licenciado en matemáticas por la Universidad de Cambridge e ¡hijo de un jesuita que colgó los hábitos! Empezó «el negocio» desde casa, en 1997, grabándose a sí mismo atando de manera muy elaborada a las «modelos» que obtenía mediante anuncios en Craiglist (equivalente a Milanuncios en España) y terminó en 2006 comprando un inmueble icónico de la ciudad de San Francisco, The Armory, un espléndido edificio de 1907 que había sido cuartel de la Guardia Nacional hasta 1976, fecha desde la que quedó en desuso.
  6.   No creo que haya que leer a Zubiri para no meterse en zarandajas sado-maso –y desde luego, el gran metafísico no dejó nada prescrito al respecto, que yo sepa– pero, por si a alguno que ha sido asequible a esta cosa de los jueguecitos sexuales le sirve, he aquí un argumento zubiriano de mi propia cosecha para dejar de fantasear cosas tontas y es que el hombre se inscribe en la realidad añadiendo irrealidad a las cosas reales. O, dicho de otra forma, el hombre no es –como pretende el realismo ingenuo– el huésped de honor a una cena de convidados de piedra donde el menú está dado de una vez por todas y se compone de inmodificables y rígidas –apenas digeribles– cosas; no, en absoluto. Pero, ojo, el hombre tampoco es –como piensa el idealismo– el super-chef que desde su maravillosa cocina elabora exquisitos platos de ideas cada vez más y más suculentos al punto de que lleguen a satisfacer a las igualmente rígidas e inmodificables cosas. No. El hombre es más bien un convidado a una cena donde la realidad del menú se muestra cada vez que el hombre responde sentientemente a las cosas, que no son rígidas ni están dadas de una vez por todas, sino que van dando de sí en cada recoveco de lo que pudiera parecer una conversación con ellas, pero que no lo es porque la índole del estar del hombre con las cosas no es relacional, sino sentiente. Esto es, el hombre no se relaciona con las cosas, el hombre acusa las cosas, las padece y se da cuenta de ellas sentientemente y por tal motivo su posición frente a ellas no está principal ni primariamente mediada por lenguaje alguno sino vertida integralmente a las cosas. Si no fuera así, y el hombre dependiera de lenguajes, no podría ser libre porque los lenguajes tienen reglas y llevan de aquí para allá, muchas veces a donde uno no quiere ir. Ese, por cierto, es el gran error de Wittgenstein que reconoce termina encerrando al hombre en el lenguaje como la proverbial mosca en la botella. Y es preciso recordar también que ese venir de aquí para allá de los lenguajes se aplica igualmente a las ideas ante realitas, o antes de haber sido lanzadas al ruedo de las cosas, mientras que aún están en la cabeza de uno con estatuto de máxima libertad. Estatuto que resulta impracticable porque, como muy bien saben mis queridos amigos matemáticos que leen este blog, cuando uno se pone a pensar las ideas imponen sus reglas con lo que uno, en ningún caso, es totalmente libre de pensar pues las ideas, por muy originales, descabelladas e irreales que nos parezcan nunca «están sueltas» sino que responden a lenguajes y los lenguajes, ya sabemos, están sujetos a reglas. Por lo tanto, el control que tenemos sobre las ideas no es operacional –para manipularlas y moverlas– sino intencional o direccional, esto es, para orientarlas en una determinada dirección de manera muy abstracta, pre-lingüística habría que decir, ya que si comparece el lenguaje estamos perdidos, el lenguaje nos puede. El ejercicio de la libertad es, pues, una función del ser humano integral que se da como versión intencional de todas sus potencias en el momento de su inscripción en la realidad como respuesta sentiente (al devolver el acuse de presencia) a las cosas. Por eso es por lo que creo que dejarse llevar por la cosa lúdica y simpática que empieza poniendo esposas, no es buena idea, porque ese juego aparentemente divertido e inocuo por «consensuado»  tiene su propia lógica y te puede llevar a donde no quieres antes de que te des cuenta. Para ampliar estas ideas sobre la realidad y el hombre véase Xabier Zubiri, El Hombre: Lo Real y lo Irreal, Alianza Editorial, Madrid 2005.
  7.   En realidad el verdadero blanqueo de estas prácticas sado-masoquistas no se ha dado en los medios de comunicación sino en la academia ya que la Asociación Psiquiátrica Americana desde la quinta edición de su vademécum emitido en 2013 conocido como DSM-5 (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) des-patologiza, es decir, considera que ya no son patologías el grueso de lo que popularmente se ha llamado en inglés  kinky sex: travestismo, fetichismo y sado-masoquismo o BDSM. Desde entonces estas parafilias universalmente reconocidas como patológicas y por la propia asociación hasta ese momento aparecen encuadradas bajo el epígrafe “other sexual interests». Esto ha dado pie a que incluso, algunos investigadores clínicos hayan visto, lo contrario, ¡factores terapéuticos en estas prácticas! Lo que oyen. Pero no se alteren, aterrizando de nuevo de las nubes, usted tiene que saber que abundan los estudios que previenen del peligro físico (a veces con resultado de muerte) y psicológico de entregarse a este tipo de actividades. Por ejemplo: Anouk Schori, Christian Jackowski, Corinna A. Schön, «How safe is BDSM? A literature review on fatal outcome in BDSM play» in International Journal of Legal Medicine https://doi.org/10.1007/s00414-021-02674-0.
  8.   La exigua óptica de la historiografía que maneja lo que pudiéramos llamar el pensamiento político conservador español es apabullante. Incluyo aquí a mi querido maestro don Dalmacio para quien de la Historia Social en adelante, ninguna de las escuelas historiográficas tiene interés alguno según hemos tenido ocasión de contrastar en numerosas ocasiones. Creo que en su caso tal rechazo es comprensible y disculpable dada la insoportable pretensión científica de la que tales estudios solían hacer gala en la época de formación de su pensamiento pero considero absolutamente inaceptable que esta práctica se extienda a nuestros días por los continuadores de su obra y ello por varios motivos. Primero porque la pretensión cientifista tiempo ha quedó enterrada. Segundo, porque los libros que exploran los más insignificantes aspectos de la vida en el pasado están repletos de cuestiones que se han pasado por alto y que son muy recuperables para la reconstrucción de los contextos y las situaciones. Y tercero porque el uso de estas historiografías un tanto bizarras, contribuye a ensanchar la base de lectores.
  9.   La extraordinaria aceptación popular de la gran, inevitable, omnipresente y rentable presencia de la ficción «histórica» de la Alemania nazi en sus múltiples formatos –cine, TV, novela, etc.– no es ajena al morbo sexual enaltecido en esta ocasión no por el color de la piel sino por el contraste entre la brillantez escenográfica que brinda el tratamiento de los uniformes de los opresores y la grisura del atuendo y actitud de los oprimidos.
  10.   Generalmente nombrada por el acrónimo CRT (Critical Race Theory), responde al enfoque metodológico derivado de la Escuela de Frankfurt que presupone relaciones de poder en todas y cada una de las manifestaciones sociológicas que se dan entre distintos grupos raciales. En su vertiente activista pretende redimir de la opresión blanca al resto de razas del globo, uno de cuyos resultados es el movimiento Black Lives Matter.
  11.   He aquí un ejemplo: «From its spectacular play on the volatile boundaries of black and white, past and present, to its queering of heterosexual monogamy to its techno- mediation of racialized sexual pleasure, blackness is naturalized and denaturalized, stabilized and mercurial in its repetitive performance in contemporary American pornography and BDSM».  (Pág. 217 Ariane Cruz, The Color of Kink. New York University Press, New York 2016). Hala, átenme esa mosca por el rabo.
  12.   ‘¡Así que usted es la pequeña mujer que escribió el libro que inició esta gran guerra!’

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3 comentarios

  1. Daniel R. Cardoso

    Magistral artículo y muy profundo.

    Abundando en el tema, poca gente sabe que las obras del archifamoso Marqués de Sade no son principalmente pornográficas, de estas había a patadas en el siglo XVIII como demostró el poeta Apollinaire en su obra «El Infierno en la Biblioteca Nacional de Francia» (se llama infierno o infiernillo a la sección de libros prohibidos en una biblioteca), sino filosóficas y políticas heredera y culmen lógico de las ideas de Direrot, D´Holbach, Lamettrie y otros enciclopedistas o por lo menos así lo pensaba su autor.

    Pero poca gente se ha parado a pensar en ello desde que Napoleón le mandó cerrar en un manicomio a pesar de ser liberado por la Asamblea Nacional de la Bastilla y su participación en la Revolución. Quizás Pasolini y unos pocos más (leídos con ojo crítico los de la French Theory) pero puede que aquí este la razón de su éxito y de su fama por encima del resto de libertinos pornógrafos: que revelaba las relaciones políticas y sociales de las nuevas ideas revolucionarias. ¿Cuáles eran? El poder absoluto, total, del Estado y, a través de él, de una clase que tenía su control sobre la población, convertida en esclava, sin ningún freno moral ni temor a Dios. Ya decía el P. Castellani que una ley de psicología popular era la «materialización» de los vicios espirituales en carnales….

    Claro que en los puritanos EEUU con este libro era imposible. Lo hizo esa novela y con una historia que no se debía encerrar en el armario junto a otros esqueletos sino proclamarse a la luz del día.

    Pero además su recepción revela además otros dos secretos de USA:

    -Que la emancipación no fue una conquista de la población negra y de su lucha contra la injusticia sino a raíz de una querella entre blancos y quizás con motivos menos nobles de lo que se vende. Lo que gratis se dio, gratis se puede quitar.

    -Hay un pequeño detalle en el cartel del sg. XIX: la imagen principal es un baile de negros con rasgos grotescos. Compárese con el fenómeno de Antonio Machin en España. Media un mundo como la adopción de ritmos africanos y caribeños que, con la excepción de la afrancesada e hispanizada N. Orleans, en el siglo XX cuando España ya los acogía en pleno sg XVIII y por no hablar del XIX con las habananeras y otros modos (canciones de ida y vuelta). Bastante similar al caso del folclore norteamaricano de hilbillies, country, etc. despreciado hasta hoy. Miedo, fascinación morbosa (el culkold en gran parte interracial) y desprecio.

    La falta de integración y de compartir un país, una historia y un futuro juntos más allá de una cuestión estatalista, económica y administrativa, modelo que se está trasladando a Europa.

    Estas son algunas reflexiones que me produce este artículo tan magistral. Espero con impaciencia los siguientes.

  2. Vicente Miró

    Usted siempre tan apreciativo, Cardoso, pero si la entrada tiene algo de ese hiperbólico carácter que menciona es porque usted lo ha sabido ver ya que no está dicho de forma explícita. En todo caso insinuado en alguna nota de pie de página que la mayoría de la gente no lee, ya lo sé, pero que yo escribo igualmente por puro prurito de dejar las cosas arregladas.

    Pero, efectivamente, hay una conexión muy profunda entre la forma política que padecemos y las desviaciones sexuales que celebramos. Y, como usted dice, están ya presentes en el maléfico marqués.

    Pero fíjese que ni su perspicacia en verlo ni mi osadía de outsider en plantearlo tienen demasiado recorrido si no se le añade el gran descubrimiento dalmaciano que pone todo en perspectiva.

    Me refiero al hecho de que don Dalmacio ha visto que sólo se han dado hasta la fecha tres paradigmas de la política: el cósmico, el farmacológico y el que pretende realizar el cielo en la tierra.

    El primero abarca la antigüedad entera desde las primeras civilizaciones, ya sea en el creciente fértil, mesoamérica o las estepas. Consiste en tomar el cosmos como medida de la política. De ahí la generalización de los rituales de restablecimiento del equilibrio cósmico.

    El segundo, propio de Occidente y ya presente en la cultura grecolatina, toma el cuerpo como metáfora de la comunidad política a la que aplica procedimientos «farmacológicos» para su cura. De ahí, la purga de elementos indeseables, la pena del destierro y las expulsiones de población inasimilable.

    El tercero y último sobreviene en el siglo XVI y avanza imparable hasta nuestros días. Es de raíz calvinista y pretende implantar el paraíso en la comunidad política. De ahí la referencia a la felicidad en la constitución americana, las utopías revolucionarias y el estado del bienestar, entre otras tantas cosas.

    Pues bien; es justamente este último paradigma de la política el que cae no sólo en la rehabilitación «civica» de las perversiones sexuales sino en su promoción, sobre todo la del DBSM como medio de revancha contra el cuerpo, paradigma político del que emana y al que quiere vencer a toda costa, como si castigando los cuerpos individuales, se castigara también la pretensión de una vuelta a implantar el cuerpo como paradigma de la comunidad política.

    ¿Se entiende lo que digo?

  3. Daniel R. Cardoso

    Gracias a Dios no sigue usted la manía actual de copiar el modelo de citas anglosajón (normas APAs y demás basura tan queridas por el CEU como he podido comprobar hace muy poco) que rompe el hilo del discurso y su retórica sino el sistema latino que permite seguir al autor y profundizar en los puntos de interés sin interferir. Yo si las leo y las gradezco porque son de muchísimo calado.

    Nota: Es de mucho interés lo que se cuenta de nuestro sistema tradicional de citas si «se sabe leer» entre líneas, nunca mejor dicho, y lo que muestra de la psique hispánica frente a otras:

    «Esta extensa cita causa una serie de preguntas que remiten a las definiciones más básicas de sistema y de investigación universitaria: ¿Cómo existe un sistema sin normas consignadas en un manual? ¿Cómo puede llamarse sistema, si carece de reglas uniformes y normalizadas? ¿Cómo ha evolucionado? ¿Quién o qué instituciones han estado detrás de dichos cambios? Incluso llama la atención que para los otros cinco estilos consignados en esta misma obra se remita a la fuente primaria, los manuales oficiales de cada sistema, así como a las instituciones académicas responsables de su elaboración, a diferencia de lo que ocurre en este caso.»

    «Lo anterior es un síntoma de los problemas estructurales que supone el uso de un sistema que aparentemente carece de manual, normas escritas y precisas.» (En negrita deberían ir: uniformes, normalizadas, manual, oficial, instituciones responsables de su elaboración ¿a qué me suena?)
    Es tan goloso que merecería un artículo o un libro entero y esto de una pequeña cuestión de cómo citar.

    Nota 2: Hemos buscado los graves problemas de tal indefinición y más allá de la retórica (eso de la comprensibilidad, unificación y fiabilidad, que tiene su miga), no hay ninguno que no sea encerrar en normas hasta el uso de las comas.

    Nota 3: Sustitúyase esto con la leyes y voilá: el mundo moderno. Por cierto, el sistema es tan antiguo que data de la Edad Media (glosas-comentarios) sino antes (alejandrino), con aportes del humanismo, etc. y nunca ha dado mayor problema, solucionando sus problemas y perplejidades por la difusión del mejor modelo o por la mera razón, por adopción de los que las usan, sin oficialiades dictadoras y con la mayor libertad de adaptación y respeto por la tradición.
    Así que las notas tienen su miga a pesar de humildad (el verdadero saber es ver la grandeza en las cosas humildes).

    Creo entenderle, es la tentación gnóstica y voluntarista del actual sistema frente a la realidad encarnada en un cuerpo, ya sea el personal como el político. En última instancia, tanatofílica porque es la única realidad que nos «libra» del cuerpo y la materia (cultura de la muerte, trashumanismo, etc.) sin caer en que la potencialidad (serlo todo) es lo más cercano a la materia (ser que puede serlo todo). El actual sistema es el más antinatural y antisobrenatural que existe, niega los ritmos cósmicos, niega la Creación y niega la Encarnación por su búsqueda de poder, potencia.

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