Rinocerontes, diablos y canguros chapotean felices, por ahora, en su renovada charca

Parte de Guerra 21 • 27 febrero 2021 •

Mis lectores habituales ya saben que dentro del Partido Republicano se encuentra integrado un grupo de políticos traidores a las bases del partido que el gracejo popular ha denominado “rinocerontes” o RINO (Republicans In Name Only)1.

Pues bien; como aparentemente esta denominación se queda corta en la repulsa que al pueblo le merece el vergonzante comportamiento de entreguismo de estos políticos falsos –con el que los españoles estamos muy familiarizados gracias a que el PP nos ilustra diariamente con un comportamiento similar–, se ha tenido que crear un nueva denominación para distinguir el más alto grado de felonía de la mera cobardía. Y así ha surgido el acrónimo DIABLA (Democrat In All But Label o “demócrata en todo menos en la etiqueta”).

DIABLA, pues, sería McConnell el jefe de la minoría republicana en el senado que lideró “el silencio de los corderos” republicanos previos al día 6 de enero. DIABLA sería también Romney, el mormón cegado por el odio desde que Trump le entrevistó y desechó como Secretario de Estado y así unos cuantos más…

Mitch McConnell, líder de la minoría republicana en el Senado desde el 20 de enero de 2021

Ah, pero la gran DIABLA en estos momentos, la DIABLA de moda modelo de DIABLAs es la señora Liz Cheney, hija del que fue Vicepresidente con Bush hijo Dick Cheney. El título lo tiene más que merecido al haber capitaneado la lista con otros nueve diablos2 en la votación en the House –la Cámara de Representantes– para que se admitiera el impeachment contra Trump.

Aunque claro, desde hace unos días más diablos aún, actuando otra vez en comandita y en número de siete, el número de la plenitud que en este caso es plenitud del mal como los siete espíritus inmundos que Cristo sacó del cuerpo de la Magdalena3, se disputan con la Cheney el dudoso honor de ostentar el título de gran DIABLA tras haber votado por la condena de Trump en este segundo impeachement.

Segundo impeachment que, como ya sucediera también en el primero, incluso la prensa de más rancio pedigrí mundialista como el WSJ en artículos como este que se puede hallar aquí, se ve obligada a denunciar su carácter de “caso canguro” (kangaroo case) y a tachar al Senado de “tribunal canguro” (kangaroo court).

Esto de aplicar a la justicia el apelativo canguro tiene su gracia, creo yo, pues supone un ejemplo muy ilustrativo de la extraordinaria expresividad del inglés. Se usa para referirse a la carencia de garantías en un proceso judicial donde no se sigue una trayectoria rectilínea sino que se dan saltos aquí y allá –como un canguro– para escoger las pruebas y argumentos que convengan a un fin preconcebido de antemano.

La poderosa imagen que evoca es muy típica de la manera en la que la lengua inglesa, sin duda alguna el mayor activo de la cultura anglosajona4, compacta los conceptos de tal forma que rebasa la función meramente denotativa para añadir siempre algún rico matiz explicativo.

Es decir, en su forma de componer nuevas expresiones, el inglés no se limita a cumplir una función simple de nombrar o designar sino que nos aclara algo de aquello que designa, empaquetándolo de una manera que es a la vez pregnante y elegante, esto es, de modo que no se olvida y agrada repetir: kangaroo court, kangaroo court.

Kangaroo court, desde luego: imagen redonda de cómo se llevó a cabo la malversación de la justicia el 6 de enero pasado cuando en el Senado de EEUU, que ese día actuaba de tribunal, se fueron escogiendo aquí y allá las normas y procedimientos a aplicar para que cuadrara un resultado –nunca mejor dicho–, perfectamente prejuzgado.

Kangaroo court también, cómo no, cuando hace unos días la Cámara de Representantes y el Senado de EEUU, la primera actuando de tribunal instructor y la segunda de tribunal sentenciador, tuvieron el cuajo de admitir a trámite un proceso –el impeachment– cuyo objeto es la destitución del cargo a un servidor público –Trump– que ya había sido destituido de ese mismo cargo.

¿Alguien da más? Y luego dicen que si la justicia española…

Mazo en mano, este canguro con la cara de McConnell lleva al juicio por “impeachment” a Trump mientras el elefante (símbolo del Partido Republicano) comenta: “Ahí va el juez”.

En fin, estas y aún otras muchas disquisiciones sobre jueces y canguros se pueden dar a colación de esta curiosa expresión, sobretodo por la enorme cantidad de casos ilustrativos con los que la justicia estadounidense nos ha regalado recientemente, todos ellos con una explotación jugosa e interesante.

Pero en cuestiones de lenguaje lo más peliagudo está siempre en el origen. ¿De dónde viene el significado? ¿Cuál es el vericueto mental por el que ha discurrido el metal fundido del pensamiento hasta quedar fijado en el crisol de la expresión? Estas son preguntas que en la mayoría de los casos son muy difíciles de aclarar del todo, pero que no obstante –como comprobarán en el transcurso de la pequeña investigación que emprenderé a continuación–, sí merece la pena abordar.

¿De dónde, pues, ha surgido esta singular visión zoológica del apaño jurídico? ¿Cómo se ha llegado a relacionar al marsupial de la tundra seca australiana (Australian outback) con los tribunales de justicia?

En realidad, nadie lo sabe a ciencia cierta pero la idea más extendida es que se originó en California en torno a las circunstancias de la fiebre del oro (Gold Rush) que tuvo lugar a mediados del siglo XIX, aproximadamente entre 1848 y 1859.

Y es que en aquellos años estaban en pie leyes que permitían la toma de posesión de tierras por el mero hecho de ocuparlas y trabajarlas si eran para labranza o, en el caso de la minería, por prospectar y declarar la mina.

Pues bien; parece ser que en este contexto se hizo endémica la práctica conocida con el nombre de claim jumping que consiste en adelantarse a registrar una concesión minera antes de que aquel que la ha prospectado le haya dado tiempo a hacerlo.

Según parece, además, no fue cosa de la picaresca de unos cuantos. No, no. El fenómeno en su momento debió de revestir cierta importancia por la dimensión que le prestó el hecho de que fuera  llevado a cabo por pequeñas mafias que merodeaban los improvisados asentamientos mineros para saber dónde se había descubierto oro.

Estaban organizadas de tal forma que pasaban la información rápidamente desde el origen remoto de la concesión a los cómplices próximos a la oficina central donde se solicitaba inmediatamente el registro antes de que su legítimo dueño (el que había prospectado el terreno) se enterara de que el registro ya estaba hecho a nombre de otro. Estas redes con frecuencia extendían sus tentáculos a los tribunales de justicia ante los que los afectados por el fraude reclamaban cuando eran conscientes de la tropelía de que habían sido objeto.

Es probable, pues, según esto, que la evocación de la imagen del canguro y su asociación con el aparato de justicia podría provenir de la polisemia de jumping (que incluye tanto la idea del salto como la de la anticipación), más el hecho de que, entre el enorme contingente de inmigrantes5 de todo el mundo que acudieron cegados por el áureo brillo del vil metal, se encontraba un nutrido grupo de australianos6.

Si, además, como no es aventurado suponer, alguno de esos australianos se hubiera visto involucrado en la susodicha práctica del claim jumping es perfectamente concebible que hubiera ayudado ya a establecer la expresión misma, ya a consolidar la idea del salto con la del canguro.

Una tercera derivada es que el esqueje australiano, por su carácter de inmigrante, es el perfecto candidato de haber añadido ese matiz socarrón-faltón, por no decir despectivo, que indudablemente está presente en la expresión kangaroo court.7.

El estudio de la fiebre del oro va mucho más allá de lo curioso o anecdótico como este estudio de historia social revela. Estará disponible, junto con otros tantos sobre el tema, en la biblioteca del blog de próxima apertura.

Pero, sea como fuere, aunque esta teoría parece muy plausible en un primer momento, la verdad es que se desmorona inmediatamente al saber que la primera vez de que se tiene prueba documental del uso de la expresión es en un periódico de San Francisco de 1841, varios años antes del inicio de la fiebre del oro.

Así las cosas, la cuestión queda sin una explicación clara por ahora, cosa que a mi, francamente, no me quita el sueño a pesar de que la historia de la fiebre del oro es muy sugestiva y uno parece que se siente inclinado a creer en ella e incapaz de reprimir una cierta desilusión al no obtener su confirmación.

Pero, he aquí que –mientras me hallaba entre este y otros pensamientos aledaños reflexionado sobre  las grandes diferencias de concepto y estructura que se dan entre la justicia española y la anglosajona–, se me ha ocurrido que tal vez la expresión no provenga de sucedido alguno sino que emane de la propia naturaleza del derecho inglés; del modo de abordar la justicia en estos países que, en efecto, es absolutamente distinta a como la abordamos aquí y en el resto de Occidente.

Si esto es así, estamos de muy grande enhorabuena porque entonces habríamos dado con una metáfora de incalculable valor para explicar a mucha gente de una manera relativamente sencilla en qué consisten dichas diferencias, cuál es la índole profunda del derecho anglosajón, cosa que en estos momentos es de un gran valor político ya que en realidad poquísima gente entiende –incluso en EEUU– porqué no se atendieron las demandas de unas irregularidades tan flagrantes.

Bueno, pues eso es. Exactamente eso es lo que yo voy a intentar hacer en mi próxima entrada.

Apoyándome en la imagen del canguro les voy a regalar a ustedes con una Teoría Marsupial del Derecho Anglosajón; estén atentos, por favor, y no se la pierdan.

Este siniestro juez canguro con cara de Obama muestra la certeza que se tiene de que el ex-Presidente está detrás de la operación del “impeachment” contra Trump.

Obama detrás de la cortina manejando la máquina del entramado Biden en una parodia de “El Mago de Oz”.

PD Yo ya anticipé el tremendo peso que Obama estaba teniendo en la organización del golpe de estado donde se prefiguraba una fuerte influencia suya en los gobiernos de Biden. Véase esta entrada.

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  1. Para mayor explicación véase la cuarta nota de pie de página de esta entrada.
  2. Como la “interlengua” (el conocimiento “infuso” –sin estudios–) del español en EEUU es muy grande, aunque el acrónimo sea DIABLA, la gente sabe perfectamente aplicar el género según la gramática española.
  3. Marcos 16:9-13 y Lucas 8:2.
  4. Es fundamental comprender cuanto antes que el indudable atractivo del inglés como lengua es uno de los elementos decisivos en la articulación de la rampante anglofilia que ha permitido que los aspectos cáusticos y disolventes de la cultura inglesa contenidos en su sociología y en su cultura política se hayan generalizado.
  5. El descoyuntamiento sociológico que produjeron las fiebres del oro del siglo XIX sólo es superado por el que producen las guerras. Y de todas ellas se lleva la palma esta primera fiebre del oro que se dio en California ya que las siguientes (en Oregon, Columbia Británica, Australia, Antártica, el Amazonas, Mongolia, etc.) pueden verse como secuelas de aquélla en tanto que fueron en gran medida inducidas para atraer un recurso económico de más fácil extracción que el minero: la cartera de los crédulos que vendían todas sus posesiones para apostarlas por el filón que cambiaría sus vidas.
  6. La obnubilación producida por esta primera fiebre del oro fue tal que se produjo una auténtica estampida de todos los lugares del mundo, pero sobre todo de los países ribereños del Océano Pacífico, con la excepción de Japón donde en aquel momento el emperador tenía prohibido bajo pena de muerte cualquier intento de dejar el país. Pero fueron muchos los chinos, indios, australianos, neozelandeses, hawaianos e hispanoamericanos que se embarcaron desde algún puerto bañado por las aguas del Pacífico para acudir al reclamo del brillo del oro.
  7. Hoy día no es detectable animadversión alguna entre norteamericanos y australianos; más bien al contrario, se diría que se ven como primos. Pero no debe olvidarse que a lo largo de TODA la historia de la emigración a EEUU, TODOS y cada uno de los grupos de inmigrantes han recibido un trato pésimo por parte de los que ya se consideraban del lugar. Incluso los escandinavos que hoy gozan del mayor prestigio, en su momento fueron denostados y despreciados, igual que los alemanes cuya represión fue feroz a finales del XIX y en el entorno de la Primera Guerra Mundial. Muchos se tuvieron que cambiar el apellido y muchísimas poblaciones que hasta ese momento llevaban nombres en alemán fueron depuradas y renombradas en inglés. La peor parte, no obstante, se la llevaron los irlandeses y, aun peor, los japoneses que fueron internados en campos de concentración con ocasión de la segunda guerra mundial.

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4 comentarios

  1. Daniel R. Cardoso

    En ingeniosidad sólo los italianos, por su grandeza poética, les hacen algo de sombra a los ingleses (V. g. FIAT, LUCE, etc.) pero la imagen, connotaciones y mala leche de Diabla es ya de premio nobel (¿tendrá algo que ver con los culebrones de TV?)
    En lo de Justicia marsupial no tendrá algo que ver también con sacar cualquier cosa (norma del año de Maricastaña, un Estatuto del rey que rabió o cualquier antigualla de los normandos, etc.) de la bolsa del canguro legal.
    Me estoy acordando de un capítulo de Los Simpson (Homer vs. The Eighteenth Amendment) en la que imponen la Ley Seca sacando un precepto legal olvidado en un pergamino polvoriento cuando ocurre el escándalo de un niño borracho en público y lo quitan con la misma facilidad y metodo cuando se cansan de la ley.

    • Vicente Miró

      No da usted puntada sin hilo, amigo Cardoso, pero espere y verá cómo la realidad siempre desborda nuestras previsiones.

  2. Daniel R. Cardoso

    Señor Vicente Miró, espero y deseo que esté bien, hace mucho que no sabemos de usted.

  3. Vicente Miró

    Estoy perfectamente, amigo Cardoso, y le agradezco su preocupación. No me ha atacado el virus chino (o, como dicen los chino-Americanos de The Epoch Times, el CCP Virus, o sea el virus del Partido Comunista Chino). Sólo estoy enfrascado en cuestiones que me tienen muy embelesado, pero enseguida les saco la entrada que prometí sobre el derecho inglés.
    Saludos, VM.

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