Desmontando la última del mundialismo: “China NO reúne condiciones para sustituir a EEUU en su papel hegemónico”

Nueva Torre de Babel 8 • 2 febrero 2021 •

La última serpiente de verano salida de la factoría mundialista es el infundio de que China puede sustituir a EEUU en su papel de potencia hegemónica mundial.

Como esto es ya un supuesto a medio camino de convertirse en creencia tal y como mencionaba en mi anterior entrada, supongo que me va a costar mucho argumentarlo así que a buen seguro esta será la primera de varias entradas sobre China –dependiendo de la respuesta– aunque la verdad es que no me apetece mucho hablar de ese país.

Así que lo más probable es que esta entrada termine siendo una especie de índice sobre el que desarrollar otras tantas explicando cada punto aquí vertido.

Pero lo primero que quiero dejar claro, antes que nada, es que esa aserción mía de que China no puede sustituir a EEUU como nuevo hegemón mundial no significa que China no pueda representar en estos momentos un peligro ni un motivo de desestabilización a nuestro mundo Occidental.

Pero de ahí a decir que “la nueva potencia mundial” va a ser China porque EEUU y con él Occidente está en irreversible decadencia no sólo hay muchísima distancia sino la diferencia de todo un paradigma de orden mundial que es adonde el mundialismo quiere llevarnos.

Es más; incluso si se admite lo anterior –que Occidente está en irreversible decadencia, cosa que está por ver, pero si se admitiera,– ni con esas China resultaría un eventual repuesto de EEUU.

La razones son todas objetivas1:

  • 1.- China no tiene condiciones geopolíticas
  • 2.- China no tiene condiciones de economía política (internas ni externas)
  • 3.- China no tiene condiciones demográficas
  • 4.- China no tiene condiciones de forma o sistema político
  • 5.- China no tiene condiciones histórico-culturales

Ya sé que esto aparece como contra intuitivo en este momento porque los medios, con la inestimable ayuda de aquellos que han puesto el grito en el cielo, se han dedicado a diseminar falacias muy bien urdidas.

Las falacias –recordémoslo– son errores de razonamiento; conclusiones equivocadas deducidas a partir de premisas (verdaderas o falsas, no importa) de las que se extraen resultados incorrectos. He aquí unas cuantas de las falacias sobre China que están en circulación:

  • 1.- China es el país más grande del mundo, con muchísima diferencia frente al resto, es como un gigante dormido, ERGO cuando despierte el gigante –y está a punto de hacerlo, dicen,– Occidente está sentenciado: kaput.
  • 2.- China es el país con más potencia industrial del mundo, ERGO tiene la sartén por el mango para vendernos lo que quiera cuando quiera, como se vio con la crisis de las mascarillas en la primavera de 2020.
  • 3.- China es el país cuyo aceleramiento en el incremento de su economía es el mayor del mundo con mucha diferencia, ERGO  –tarde o temprano– ha de conseguir la superación de la economía de EEUU y, después, la de la suma de todos los países de Occidente.

Sin pretensión de ser exhaustivo, creo que estas tres falacias bastarán por el momento para ejemplificar lo que he llamado al principio de la entrada la última serpiente de verano con la que los intoxicadores mundialistas pretenden jugar a aprendices de brujo y condicionar nuestra vida con falsas hecatombes (como el cambio climático).

Pero para mí lo alarmante no es que lo intenten, lo preocupante es que tengan predicamento con gente de la prensa en principio libre, que domina amplias audiencias, pero que caen en un alarmismo cómplice de los intoxicadores. Por ejemplo, Federico Jiménez Losantos y Agapito Maestre, ambos con sendos artículos recientes en Libertad Digital sobre el tema que a buen seguro encontrarán fácilmente si lo desean.

No es que todo lo que digan esté equivocado, pero tal parece que ninguno de estos dos avezados columnistas ha caído en la cuenta de que seguir por la senda apocalíptica en la descripción del fenómeno de supuesta irrefrenable grandeza económica de China hace el juego al mundialismo en su estrategia de extender lo que en inglés recibe el nombre de “learned helplessness”2 cuya ajustada definición creo que vale la pena considerar in extenso:

“Helplessness is a state in which nothing a person opts to do affects what is happening. It is the quitting or the give up response that follows the conviction that whatever a person does doesn’t matter.

Learned helplessness (LH) was initially used to label the failure of certain laboratory animals to escape or avoid shock (…) Now, the term has been applied to the failure of human beings to pursue, utilize, or acquire adaptive instrumental responses. It is observed in a depressed person who seems to have given up hope that effective voluntary control over important environmental events is possible3. Sivakumar Nuvvula, Learned Helplessness, November 2016 DOI: 10.4103/0976‐237X.194124

Es decir, que la intención última con todos estos relatos sobre China es la consecución de una especie de desvalimiento inducido, en amplias capas de la población para lograr un estado general de aceptación y mansedumbre frente a unas circunstancias que se presentan como inevitables y, en consecuencia, imposibles de abordar más que con la resignación y el sometimiento.

Es, pues, un sentimiento análogo a la futilidad que acompaña a la depresión clínica; la idea de que no merece la pena actuar porque, hágase lo que se haga, nunca se conseguirá nada… el peso de esos 1.500 millones de chinos convertidos en apisonadora de todo lo occidental parece tan difícilmente esquivable en estos relatos de prensa que no merece la pena sino entregarse a ser deglutidos por ellos.

Deglutidos, sí; procesados por un gran estómago oriental que termina finalmente con la nefasta primacía occidental, en un alarde de justicia histórica que pone fin a las veleidades dominadoras del hombre blanco.

Todo esto es lo que está implicado, incoado, dicho implícitamente en el cuento chino de su supremacía mundial.

Como me imagino que esta entrada habrá levantado un sinfín de dudas, volveré sobre el tema a demostrar punto por punto todo ello.

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  1. Los incontrovertibles hechos relativos a la geografía, el territorio, el sexo y la natalidad de un pueblo son las categorías básicas que “informan” (que dan forma) su comunidad política. Todas ellas están directamente relacionadas con las tres primeras imposibilidades. En cuanto a la cultura, la religión es el factor decisivo y aquí también ésta expresa a gritos la cuarta y quinta de estas razones que hacen imposible una pretendida hegemonía china sobre el mundo entero.
  2. Ha sido mi querido amigo Millán de Vetonia a quien ustedes ya conocen como autor invitado de este blog, quien me ha puesto de manifiesto este importante concepto de psicología conductual que describe a la perfección lo que persiguen las políticas mundialistas de diseminación de escenarios apocalípticos.
  3. La negrita es un añadido mío.

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6 comentarios

  1. Pedro Escolano

    Ayer hacía una reflexión por escrito sobre China y sus puestas en escena en los foros internacionales. No es exactamente el tema que trata Miró, el de la hegemonía, pero tiene relación. Mi punto de vista sobre las pretensiones de hegemonía China, es que en caso de realizarse, sería una hegemonía totalmente diferente a lo que conocemos hasta ahora. Su cultura no es universalista. Pero dejemos este tema de elevadas especulaciones y vayamos al grano de hoy con las reflexiones de ayer.

    Las élites que dirigen China son personas serias. Se centran en llevar a su pueblo a superar una situación de necesidad y carencia padecida durante siglos. Xi Jiping no es un salvador de la humanidad ni un crédulo de una cosmópolis humanitaria pacificada a perpetuidad. La cultura china es refractaria a toda doctrina de salvación, que confirió su estilo religioso a Occidente. La poesía geopolítica china de Xi Jiping es la contrafigura del ecumenismo occidental.
    Las palabras que dice Xi Jiping no son una declaración de dogmas ni una sintonía convergente con el Occidente mundialista. ESTÁ HACIENDO POLÍTICA INTERNACIONAL, geopolítica, y su fin es neutralizar al enemigo todo lo posible para conseguir sus metas. Nada mejor para ello que utilizar las fantasías que lo que el discurrir de la inteligencia política de Occidente le ofrece. No tiene necesidad de inventarse nada. Le basta con apuntalar y reforzar las ideas masoquistas y destructivas que los occidentales han desarrollado contra sí mismos.
    Entre esas ideas fracasadas está el multilateralismo. Una idea que se representa el mundo como un gigantesco club, en el que mediante deliberaciones interminables, expedientes e informes, se llegue a través de votaciones a desvelar la verdad política. Un camino seguro a la inacción y la parálisis.
    Se encontró con un hueso duro de roer en la figura de Trump, que no se creía tampoco un salvador de la humanidad ni comulgaba con la utopía de una cosmópolis humanitaria, y ahora, con Trump apeado del escenario del poder, está la mar de contento. Xi Jiping no es un idiota irritante como los que estamos acostumbrados a soportar.
    Su idea del libre comercio es la oportunidad que se le abre a su pueblo para fagocitar el tejido industrial de Occidente, convirtiéndose en la gran factoría del mundo. Mientras tanto, Occidente y sus filosofías opiáceas, sueñan con que van a mantener el timón de la Historia, creyéndose que monopolizan todavía los secretos de la ciencia, la técnica y la ingeniería avanzada, cuando hace ya bastantes años que Oriente raptó esos saberes y los está llevando a una ejecución superior.
    El proyecto de China es un proyecto sensato, en beneficio de su pueblo. Realista. Frente a este proyecto, se levanta el lunático proyecto occidental, consistente en difundir por el planeta el nihilismo espiritual y político, transfigurado en culto democrático y emancipaciones a la carta, bajo la amenaza de un apocalipsis climático. Un proyecto, cuyo destino no es otro que el canto del cisne de una civilización y cultura, que en un momento dado erigió el genio que imprimió su estilo a la Historia universal.
    ¡El problema no es China sino un Occidente en fuga de la realidad!

  2. Vicente Miró

    Creo que está usted muy acertado en muchas cosas. Para empezar la carencia de universalista de la cultura oriental y de la china más que ninguna de ellas.

    Después el fracaso del multiliberalismo que más que un fracaso es el agotamiento de un modo de imperialismo o de imperio informal al que Trump ha querido poner fin porque esa variedad de hegemonía imperialista es buena para las llamadas élites pero pésimas para el pueblo y bueno también para algunos colonizados o “imperializados” como Macron, Merkel y la UE a las que las cadenas les viene muy bien porque el imperialista lo paga todo.

    Por eso Trump quería que EEUU continuara siendo hegemónico pero sin el imperio a cuestas. De una manera el imperialismo anterior a Trump va a ser imposible. Veremos lo que pasa, yo creo que seguirá más o menos la línea marcada por Trump porque no sólo porque la gente se ha dado cuenta sino porque hay una serie de “mecánicas” (ya lo explicaré en una entrada) que empujan en esa dirección.

    En cuanto a que el proyecto de los mandamases chinos sea “realista” creo que también se le puede dar la razón, desde luego en el sentido de que no comparte las fantasías racionalizantes de los que quieren adueñarse de Occidente. Lo del “rapto” me recuerda al libro de Diez del corral, el maestro de don Dalmacio cuyo título es “El rapto de Europa” y que tiene ustedes todos que leer cuando yo lo ponga en nuestra biblioteca de descarga.

    Y al final, indudablemente, tiene usted más razón que un santo: todo este lío lo ha organizado Occidente con su incontinencia en esta Segunda Modernidad (yo no hablo de Posmodernidad, pero esa explicación queda para otro sitio), con su incapacidad para no intervenir donde no debía y querer abarcar y controlar el mundo entero.

    Muchas gracias por su comentario y me alegro de no haberlo dicho todo yo. Complementa usted perfectamente la entrada.

    Saludos y hasta la próxima, VM

  3. Daniel R. Cardoso

    Es bastante irónico que la elite globalitaria ayude ahora a China a recuperar el papel que tuvo en el mundo hasta la debacle de 1808-1821 (finiquitada en las vergonzosas Guerras del Opio de 1840 y rematada con la Guerra de los Boxeres) y que los antecesores ideológicos, económicos, culturales y hasta familiares se encargaron diligentemente de hundir despiezando el Imperio Español y destruyendo España y la América Española.
    De hecho Xi Jinping esta resconstruyendo las rutas comerciales y culturales hundidas en aquel entonces con la caida de España, la incapacitación de Holanda y la fagocitación de Portugal y Francia por Gran Bretaña:
    -Relaciones con Iberoamérica en el Pacífico ( Imperio Español)
    -La llamada Ruta de la Seda desde China a España por Asia interior. (Rota por Turquía y el Tarmelán sustituida por la siguiente)
    -Relaciones con África subsahariana del índico, que no están saliendo todo lo bien que se imaginaban. (Portugal desde Macao, Goa, Mozambique, Angola, Brasil, Cabo Verde; Francia: Pundicherry, Reunión, etc. Holanda: Japón, Java, Cabo de B. Esperanza)
    Falta cerrar el círculo a través del eje mediterráneo-atlántico pero los movimientos chinos en Italia y, en breve, en España parece que se va por ese camino.
    Trump no fue contra este proyecto, que podía haberlo cortocircuitado con guerras en Oriente Próximo, sino a aprovechar al máximo la oportunidad de Oro de devolver a su país el ser el eje ecónomico y político mundial en el que está mejor preparado que la propia China en todos los sentidos. Para ello debía quitar los despilfarros del imperialismo tradicional, recuperar la moral de su pueblo, reactivar la economía y mantener la paz en O. Próximo (Make America great again). Esto lo han notado los The Epoch Times: China, sin tiranía, y EEUU como polos mundiales equilibrados como en los tiempos de los Tang, cuando la Ruta de la Seda estaba en su esplendor entre China de Oriente y China de Occidente. Esto sólo puede suceder si cae el Partido Comunista Chino al no poder mantener lo único que lo justifica: el crecimiento hinchado del PIB.
    Ahora pongo la atención en quienes NO beneficia. Los mismo que destruyeron el anterior sistema. Menos EEUU como nación e Israel, partidaria de Trump, no beneficia al nucleo globalitario amén del nucleo lacayo (Echelon: G.Bretaña, Canada, N. Zelanda, Australia; Alemania, paises nórdicos..).
    Aquí viene la perspicacia china siguiendo a Sun Tzu: la guerra es el arte del engaño elevado a la quinta potencia por el comunismo. Hago que me someto a esos poderes (Banco Mundial, Foro Davos, etc.), me dan su tecnología, me postulo de ejemplo social de esas élites (propaganda gratis) y atasco a mi competidor más peligroso pues ha visto el juego (Trump). Ya llegará la hora de devolver a esas élites la vergüenza del Opio, los Boxer y las colonias. China no olvida.

    • Vicente Miró

      Creo que acierta usted plenamente cuando retrotrae la actitud de China con Occidente a las guerras del opio. Lo internalizaron como una afrenta insoportable que no han perdonado aún. (Lo cual, todo sea dicho, no deja de tener cierto fundamento ya que, en efecto, montar una guerra para forzar a un país a consumir opio no deja de se runa iniquidad).

      Pero la soberbia china de imperio hierático antiguo ha recibido además un empujón enorme desde las camarillas criminales que rigen el mundo anglosajón que matan dos pájaros de un tiro al magnificar la importancia de China: insuflar “learned helplessness” en la población y propiciar sus corruptos negocios.

      Así no es extraño que los chinos estén crecidos en su megalomanía de supuesta próxima potencia mundial.

  4. Daniel R. Cardoso

    Hay una paradoja final en todo esto. Biden, los Democratas y Rinos para mantener el eje del Establishment inglés deben destruir la Nación Norteamericana, cuya columna central es…la población de origen germánico y anglosajón.
    China no quitará la hegemonía, no puede y lo sabe, a EEUU pero si puede ayudar a la élites occidentales a destruir su Nación (y las nuestras), convertidas en cáscaras, a cambio de ser el centro industrial hasta que suene su hora.

    • Vicente Miró

      No es paradoja. Está en el ADN de la forma política anglosajona y el pueblo ha sufrido mucho siempre por ello aunque la historia haya reflejado el éxito y prosperidad crecientes de sus países según baremo de economía política. Pero no olvide que puede darse un país rico con gente pobre (y desgraciada).

      Pero el detalle histórico minucioso revela la verdad de lo que ha pasado. Ahora le doy apenas unos ejemplos a vuela pluma de cómo estas camarillas criminales próximas al poder (CCPP) en Inglaterra vienen operando contra su propio pueblo desde el inicio de edad moderna.

      En 1536 destruyeron todo su pasado medieval dejando desmochadas como esqueletos al sol la práctica totalidad de sus conventos y abadías. En 1688 entregaron el país a un holandés y comprometieron los recursos de la nación para que una potencia extranjera le hiciera la guerra a Francia. A mitad del siglo XVIII habían conseguido alcoholizar al conjunto de las clases trabajadoras imponiendo la venta de ginebra barata e impidiendo la venta de vino. En América impidieron la expansión –tanto territorial como económica– de las colonias para mantenerlas subyugadas como mercado cautivo (prohibiéndoles, por ejemplo, desarrollar su propia industria de fundición). En el XIX la población en Inglaterra estaba tan criminalizada que por más de 200 delitos menores se sentenciaba a la horca. En el XX los ingleses fueron los primeros en importar mano de obra barata de la India y Pakistán (ya en los años 50) creando tremenda desafección de las clases trabajadoras y el enorme problema de paro que llevó que al colapso a la sociedad en los 70 en el famoso “Winter of discontent” etc., etc., etc.

      No hay paradoja alguna, querido Cardoso; desengáñese usted. Lo que pasa es que los países anglosajones están regidos por camarillas criminales que van exclusivamente a su propio interés (allá donde esté) y en contra de su pueblo aunque, eso sí, han tenido la habilidad de haber aparentado lo contrario… hasta ahora.

      El mayor problema, no obstante, es que ese es un sistema que han exportado al mundo entero de lo cual hay que zafarse y precaverse.

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