Nueva Torre de Babel 2 • 10 nov 2020 •

Esta entrada va a ser una pequeña guía teórico-práctica contra la desinformación. La gran sorpresa les va a llegar a ustedes cuando se enteren de cuál es el origen remoto de la maestría anglosajona en el cultivo de la desinformación en todas sus variedades. Pero eso vendrá en una segunda parte porque no quiero excederme en la regla que me he auto-impuesto de hacer las entradas demasiado largas y porque, además, creo que es mejor dejarles un tiempo para la reflexión.

Mas no se decepcionen; en esta entrada van a descubrir también algo muy interesante que tampoco se esperan, y que es… nada más y nada menos que la raíz del totalitarismo así como el lugar de donde procede. (Aunque la argumentación de ambos extremos quedará también para la segunda parte).

Siguiendo a Baltasar Gracián, que dedicó muchas páginas a metodología, empezaré con algo que sin duda satisfará el sentido de pulcritud y orden de los matemáticos que me siguen1 que no es sino una definición.

Qué es desinformar

En puridad desinformar no es no informar o informar mal (lo que constituirían únicamente “faltas”, “fallos” –o “fallas”– de información). No; desinformar es informar positivamente (o sea de algo que, ciertamente, está ahí, es un hecho) pero con una intención aviesa que consiste en realizar el trasvase de esa información positiva mediante un envoltorio contextual que comunique justamente lo contrario de lo que está prima facie explicitado, es decir de lo que aparece a la vista.

Ahora bien, ¿cómo se lleva a cabo esta operación para que tenga verdadero éxito? ¿No corre un gran riesgo el desinformador? (Al fin y al cabo no hay nada peor que ser descubierto en burdo engaño; la indignación de la gente siempre es mayor por el hecho de haber sido engañado que por las consecuencias del engaño mismo).

Es preciso darse cuenta de que el éxito de toda operación de desinformación depende del cálculo que se haga de los supuestos con los que piensa el interlocutor / audiencia / público a desinformar. Esto es, con las operaciones que se realicen sobre aquello que ya está presente en la mente de quien recibe la información y que no es sino un entramado de ideas anteriores ya asumidas y descontadas (y que por lo tanto cabe denominar ideas-supuesto o, simplemente, “supuestos”) cuyo papel es decisivo en la interpretación de la nueva información porque constituye una especie de matriz receptora sobre la que dicha información se asienta para su interpretación.

Es lo que Ortega identificó como “creencias”, o ideas-creencia distinguiéndolas de las ideas simpliciter (o ideas sin más) y que expresó en una frase prototípicamente orteguiana que es bastante conocida: “Las ideas se tienen o se entretienen; las creencias es donde se está”2.

Pues ahí lo tienen, así es como se hace filosofía en español: “las creencias es donde se está”. Tomen nota de que en esta compacta frase de factura tan poco técnica está contenido el germen de lo que aproximadamente tres décadas y media más tarde (Ideas y creencias es de 1940)  llegaría a constituirse como Pragmática Lingüística o Pragmatics para solucionar el problema de que las dos disciplinas clásicas de la lingüística (gramática y sintaxis) ignoran la cuestión del contexto al centrarse cada una de ellas, respectivamente, en sendos aspectos fundamentales de la lengua, , (forma y estructura) pero que resultan ser insuficientes por sí mismas para la adecuada comprensión del fenómeno lingüístico.3

Sin embargo, con el humilde “las creencias es donde se está” tenemos ya la clave principal de la ampliación disciplinar hacia el contexto lingüístico anticipada por Ortega varias décadas como decía antes4. Esa clave no es en absoluto obvia porque el contexto que finalmente termina descubriendo la Pragmática como pieza clave del habla no es un contexto externo al hablante –como cabría por sentido común suponer– sino, justamente, al contrario; es el contexto interno que forman los supuestos sobre los que opera la propia comunicación interna (o lenguaje interior, descubierto mucho antes por Vygotski, un interesante ruso malogrado muy tempranamente)5 y que han de ser compartidos entre hablantes para que la comunicación pueda llevarse a cabo.

Pues bien, he querido llegar a este punto para formular al siguiente resultado que destacaré entrecomillado:

La índole última de la desinformación consiste en operaciones de manipulación sobre los supuestos del discurso, ya sea para alterarlos, contaminarlos, confundirlos e incluso para sustituirlos en bloque

El siguiente paso en la investigación me llevará a mostrar cómo el florecimiento de este peculiar modo de influencia de un humano sobre otro se ha desarrollado como técnica de gobierno en Inglaterra a partir del siglo XVI y debido al muy particular devenir histórico que allí se ha dado.

Con lo que es posible lanzar una segunda tesis:

La desinformación está en el centro de un conjunto de prácticas de gobierno que han sido elevadas a la categoría de obra maestra en Inglaterra a partir del siglo XVI

Con esto no quiero decir que los ingleses hayan inventado la desinformación. En realidad la desinformación –que es una forma de engaño– es, en cierto modo consustancial al ser humano6 y carecer de ella es también problemático (y si no consideren ustedes los problemas de enfermedades tales como el autismo y el Asperger donde se dan, cuando menos, lagunas en la atribución de los estados mentales de otras personas).

Tampoco quiero decir con esto que los ingleses hayan sido los primeros en utilizar la desinformación con fines políticos. En absoluto; existe un chocante caso que constituye un clarísimo ejemplo de desinformación política que se remonta a la antigüedad y que es, nada menos, el famoso mural del faraón Ramsés II subyugando a los Hicsos en  la batalla de Gigalmesh. El tratamiento de las imágenes induce a pensar que esa batalla fue un gran triunfo bélico con el que el gran Ramsés pudo gobernar Egipto durante muchos años de benéfica paz ramsesiana. Pero esa rotunda victoria –tenida por cierta hasta hace poco por los historiadores– se ha comprobado que distorsiona gravemente los hechos. La paz se dio, sí, pero no como consecuencia de una gran victoria del faraón. Ese no fue el resultado del enfrentamiento; lo que en realidad pasó es que el faraón casi pierde la batalla, tuvo que negociar y sólo así logró la paz con el pueblo hicso.

Pero lo que sí digo  es lo siguiente:

Inglaterra y el mundo anglosajón han puesto a punto una forma política constitutivamente fundada en la desinformación que ha alcanzado el grado de obra maestra del engaño, la mentira y la intoxicación de públicos tanto internos como externos a la comunidad política. Dicha forma política es la que se viene extendiendo por el mundo en distintas variedades a lo largo de la llamada modernidad y es la forma política que ahora está implosionando en EEUU a la vista de todos

La argumentación de estas tesis que acabo de enunciar corresponderá a la segunda parte de esta entrada. Allí repasaré aspectos de la historia de Inglaterra que avalan esta tesis con apoyatura historiográfica perfectamente respetable, reciente y casi toda ella procedente del propio mundo anglosajón7 pero para la que aún no se ha hecho una síntesis adecuada con lo que el relato que permanece es el antiguo, tradicional, de Inglaterra como buque insignia del mundo libre que llega a su apogeo en su hijo mayor, el vástago excelente, el país de los valientes y tierra de los hombres libres… los EEUU, tal y como reza el himno nacional.

Antes de ello, sin embargo, he realizado una pequeña taxonomía de modos de someter a los pueblos que creo será de su interés y ayudará a la comprensión de la segunda parte. Está concebida como una continuación de esta entrada, o bien pueden tomarla como un apéndice a la misma.

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  1. Aprovecho pues para saludar, como en la radio antigua, a mis amigos matemáticos. A Cristóbal, catedrático en Salamanca y gran amigo que sé que sigue atentamente este blog y a Henar, una de las mujeres más inteligentes que conozco; tanto que comprende todo antes de que uno termine de hablar.
  2. Ortega escribió en varios sitios sobre su particular teoría lingüístico-pragmática de las ideas, sobre todo en “Ideas y Creencias” pero también en “El hombre y la gente” y en algún que otro lugar más. Véase por ejemplo Ideas y creencias en Obras completas de José Ortega y Gasset, tono V, Alianza Editorial.
  3. Yo tuve que estudiar bastante esta cuestión como consecuencia de un reto importante al que me sometieron los amables integrantes del departamento de Lingüística Aplicada de la Universidad de Castellón (saludos cordiales para José Luis Otal y Susana Pérez si, por aquellas casualidades de la vida, llegaran a saber de este blog). Y es que yo estaba aplicando en mis aulas (por entonces era empresario de EFL –English as a Foreign Language–) un currículo propio (o syllabus como gustan decir en la profesión) basado en mi propia experiencia e intuición que a estos académicos les chocó porque se desmarcaba por completo del enfoque comunicacionalista imperante en el sector (y que consiste básicamente en la mera exposición del aprendiz a contextos comunicativos “relevantes” para él).  El encuentro fue muy chocante por ambas partes. Para ellos, para estos estudiosos, encontrarse conmigo fue demoledor porque pensaban que el tipo de innovación de syllabus que nosotros estábamos realizando sólo se podía hacer desde la universidad ya que consideraban que eran programas comercialmente viables (y por eso hacía ya tiempo andaban buscando subvenciones para ello), mientras que para mí fue una revelación similar a la que tuvo el Burgués Gentilhombre de Molière (que un buen día descubre que habla en prosa) pues me hizo reparar en que aquello a lo que yo había llegado de manera directa podría tener una fundamentación científica sólida y eso me fascinó. El resultado de todo ello fue un lustro de estudios e intervenciones en diversos foros y congresos de lingüística aplicada (entre ellos los de AESLA o Asociación Española de Lingüística Aplicada por dos veces en la década de 1990) con la publicación en las actas de dichos congresos de una justificación bastante bien montada creo yo, teniendo en cuenta que mi formación universitaria de base no es en lingüística sino en química.
  4. Una constante invariable del pensamiento español es su precocidad.
  5. Su temprana muerte le ha granjeado el apelativo de “el Mozart ruso”) .
  6. Premack y Woodruff introdujeron en 1978 el concepto de “teoría de la mente” para designar la capacidad de representar el estado mental de otros organismos. Encontraron que algunas especies de primates la poseen pero no en el mismo grado de los humanos que es como mínimo de grado 3 (yo sé –grado 1–; yo sé que tú sabes –grado 2–; yo sé que tú sabes que yo sé –grado 3–).
  7. Tal vez alguien interprete estas tesis en clave anglofóbica y eso es totalmente incierto pues las acusaciones no son a los ingleses en tanto que ingleses (también ha habido ingleses que se han desmarcado de ellas y es gracias al trabajo de muchos historiadores ingleses que esto está saliendo) pero sí a los ingleses como comunidad política por cuanto han hecho un flaco favor al mundo con el regalo envenenado de su forma política.