Ayuso: “Fulgurante y ¿efímera? aparición de lo Político en la política española contemporánea”

Conceptos de Teoría Política 1 • 29 mayo 2021 •

Se acaba de producir un breve claro de espontaneidad en la vida política española y quiero aprovechar la curiosidad que mucha gente siente en este momento por saber a qué responde para explicar a través de este caso un importante punto de teoría –saludado por varios pensadores como la aportación a la filosofía política “más importante del siglo XX”– cual es la diferencia entre “la política” y “lo Político”1.

El fenómeno

Me refiero a las muestras espontáneas de afecto popular que, según parece (yo no las he visto), está recibiendo Ayuso2, y que han sido descritas como explosivas, sinceras y multitudinarias.

Si esto es verdaderamente así –y no hay exageración de por medio, lo que no parece probable–, estaríamos ciertamente ante un únicum en la vida política española ya que no creo que algo similar se haya producido de manera tan acusada, breve e inesperada desde el inicio del ciclo político que se abre en 19783.

Y es que, en efecto, la forma política que padecemos parece hacer prácticamente imposible la emergencia de buenos y sanos sentimientos hacia quienes ocupan posiciones de poder.

Más bien todo lo contrario; da la impresión de que inspira al desprecio del político. Para comprobarlo, reparen ustedes en lo poco que dura la cierta simpatía inicial que uno se esfuerza en conceder a cada nuevo contendiente que salta a la arena política y lo mucho que se le detesta una vez que ha aposentado sus reales en la poltrona del poder.

Todo ello hace ver que, una de las notas características de nuestro mundo, es que nos hemos metido en un sistema político que induce sentimientos de resentimiento, desprecio y hasta de asco hacia quienes nos gobiernan. Lo cual es profundamente preocupante porque, como ya supo ver muy bien Aristóteles, la vida cívica necesita asentarse sobre un requisito previo que no es otro sino el de sentir una cierta philia o “afinidad amistosa” para con el convecino.

Casualmente, además, estos últimos días hemos tenido ocasión de comprobar también este extremo –diametralmente opuesto al de Ayuso– en un caso muy agudo de reprobación universal de un político. Sí; me refiero a Iglesias4, personaje que ha desbordado todas las barreras pues su persona, visceralmente repulsiva para una mayoría, ha terminando tan aborrecida que no ha tenido más remedio que dejar la política5.

Interpretaciones

¿A qué responden estos extremos? ¿Es esta una cuestión que haya de considerarse meramente trivial o anecdótica? ¿Es este un asunto menor o existe algún motivo profundo, antropológico, que incida sobre la actividad pública del hombre en sociedad y dé estos dispares resultados?

Evidentemente, la respuesta va por estos últimos derroteros y así el tema entra de lleno en el cometido declarado de este blog que, les recuerdo, no es el comentario político al uso (que brinda un tratamiento de “patio de vecinos” a los temas) sino que trata solo de aquellos hechos y acontecimientos que son susceptibles de ser elevados a rango de categoría y así, de esta forma, ir poniendo poco a poco a punto una ciencia política6 con la que comprender mejor nuestra situación actual.

La cosa es, pues, de mucho calado. Y la emergencia casual, al unísono, de estos dos casos antitéticos (Ayuso e Iglesias) merece ser aprovechada para dejar traslucir, a través de la explicación que se dé de ella, el esquema de nuestra vida pública.

Lo cual es algo impensable de realizar con los pertrechos que ha elegido al avezado analista político contemporáneo que pulula por las redacciones de prensa, los platós televisivos o los pasillos de “las plantas nobles” y que anda como loco de aquí para allá intentando averiguar a toda costa cuáles son las “claves de liderazgo” que Ayuso supuestamente ha puesto en solfa para lograr tan repentina y a todas luces sincera efusión de calor popular.

Ese, para mí, es otro de los atractivos de hincarle el diente a la cuestión; hacer ver que se están usando ideas y métodos de análisis ineficaces para comprender la vida pública, y que a donde llevan es, en todo caso, a complicar y oscurecer aún más la comprensión del mundo en que vivimos.

Mostrar cómo, por el contrario, las explicaciones que se dan utilizando la utilería conceptual habitual del análisis político que se basa en conceptos tales como liderazgo, mensaje, proyección, cuota, sondeo, programa, valores, etc., etc., no aclara nada y no les ha servido a algunos más que para deprimirse  porque se sienten injustamente tratados por un electorado al que aplican taxonomías como liberal, conservador, progresista, social, etc., que tienen que ver más con el sujeto que con el objeto de análisis; es decir, que son sobretodo de la burbuja político-mediática7 en la que viven y de la que se nutren8.

Y es que, toda la parafernalia de esa pseudo-ciencia que ha ido creciendo en torno a las elecciones no es más que un camelo de cabo a rabo donde los propios auto-engañados son los mismos políticos y periodistas que la propugnan y que, en momentos como este, revela sus miserias poniendo claramente de manifiesto que no saben por dónde tirar.

Por el contrario, sí existe un modo sencillo y directo de saber qué ha ocurrido. Es ciertamente una explicación que resta sobre conceptos que en su día no fueron fáciles de alumbrar pero que una vez se asumen y comprenden no sólo proporcionan una muy clara y satisfactoria respuesta a la cuestión sino que abren la inteligencia a un sinnúmero de cuestiones relacionadas con la forma política actual que, de esta forma, deviene en mucho más comprensible. Quédense hasta el final de la entrada y lo comprobarán.

El carácter natural de lo Político y “artificial” (cultural) de la política

Pues bien; probablemente la noción de lo Político sea el concepto clave para empezar a mirar la política de nuestros días con otros ojos, devolviéndonos el interés tras las cansinas retóricas al uso.

Porque el concepto de lo Político lo que viene a descubrir es la realidad de un ámbito previo, anterior a toda la hojarasca de nociones artificiales que el ejercicio contemporáneo de la política ha creado como una superestructura superflua perfectamente prescindible9.

La política es, pues, sólo un manifestación particular de lo Político. Una manifestación histórica y contingente que cambia según los tiempos. Lo Político, por el contrario, es el rasgo antropológico permanente, inmutable, inscrito en la naturaleza humana que impele la aparición de la política allá donde haga falta, allá donde se haya producido una quiebra del cuidadoso equilibrio psicológico y de intereses que compone todo grupo humano:

lo Político no es sino la función de recuperación del equilibrio perdido en el grupo humano genérico por desavenencia entre alguno de sus miembros, mientras que la política es el modo concreto en el que dicha necesidad de restablecimiento del equilibrio se aplica en cada grupo y según el momento.

Es fundamental recalcar el carácter natural, permanente, de lo Político. En palabras del teórico francés Julien Freund (1921-1993) que dejó escritas casi mil páginas ahondando sólo en esta idea en su obra de 1965 “La esencia de lo Político”:

(…) lo político es una esencia en el doble sentido de que, por una parte, es una de las categorías fundamentales, constantes e inextirpables de la naturaleza y de la existencia humanas, y por otra parte, una realidad que permanece idéntica a sí misma, a pesar de las variaciones del poder y de los regímenes y de los cambios de fronteras en la superficie de la tierra. (Pág. 49, Julien Freund, La esencia de lo Político, Editora nacional, Madrid 1968).

Previamente, en el Prefacio, ha definido lo que entiende por esencia:

la esencia tiene un carácter ontológico. Define entonces una de las orientaciones y actividades vitales o categóricas de la existencia, humana, sin las cuales el ser humano no sería el mismo. (Ibíd. pág, XIV del Prefacio).

O, dicho en otros términos, no cabe concebir un grupo humano a salvo de las desavenencias. Ni siquiera entre santos es posible la convivencia exenta de desavenencia. El caso paradigmático de dicha imposibilidad es, probablemente, el llamado “incidente de Antioquía” descrito en Gálatas 2:11-14 donde se pone de manifiesto la disparidad de criterios entre San Pedro y San Pablo en relación con la actuación pastoral frente a las comunidades de circuncisos y no-circuncisos10, cosa que sumió a la comunidad cristiana primitiva en una gran tensión.

El carácter contrapuesto de lo Político y la política

El interés del desdoblamiento entre la/lo Político puede pasarse por alto si no se da un punto de comparación. Pero si se ponen ejemplos y establecen analogías la cosa cambia. Por ejemplo:

lo Político está en razón de la política de la misma forma que la libido lo está en relación con el cortejo.

El cortejo es puramente cultural pero remite a algo natural que es el impulso de la libido. El uno actúa sobre el otro regulándolo y encauzándolo, e incluso induciéndolo –a veces de manera tremendamente poderosa– pero nunca (y este el el punto clave) creándolo ex-novo.

Creo que las lectoras del blog serán las primeras en comprender este extremo, pues generalmente son ellas las recipiendarias de mayores atenciones de cortejo que los varones y, en consecuencia, estarán más duchas en reconocer que por mucho despliegue de recursos de seducción (flores, cenas, velas, etc.) que se ponga en juego, allá donde no hay no se puede sacar.

Pero, ojo, eso no es todo. Porque la regulación entre cortejo y libido, al igual que entre la y lo Político, no es una regulación simple y, a veces, el cortejo mal hecho, inapropiado o extemporáneo sí puede obliterar hasta la más vigorosa y espontánea inclinación natural.

Por ejemplo, no sé si ustedes saben que todavía a fecha de hoy perviven en algunas culturas indonesias, sobre todo en las islas de Java y Bali, las costumbres de cortejo tradicionales que pasan por el afilado de los dientes en uno y otro sexo. Así, al llegar a la adolescencia se organizan ceremonias para el limado de los dientes más visibles (en número variable de dos a seis) como preparación al noviazgo y al matrimonio. La costumbre tiene que ver con el control de lo que estos pueblos consideran las seis peores lacras del ser humano llamadas Sad Ripu11 (lujuria, avaricia, ira, orgullo, envidia y borrachera) cuyo parecido con nuestros Siete Pecados Capitales contenidos en el catecismo12 no deja de ser chocante.

Bueno, pues, –yo no sé a ustedes pero, a mí, desde luego–, el solo pensamiento de estar en el extremo receptor de una sonrisa de seis afilados dientes bajo la luz de las velas ya me pone en posición de salir corriendo, por mucho que pudiera proceder de la más deseable y voluptuosa criatura.

Con lo cual yo creo que queda suficientemente claro que la regulación que se da entre lo cultural y lo natural en el ser humano no obedece a reglas simples, lineales, sino que es formalmente compleja13 y, por tanto, puede darnos muchas sorpresas.

Ni que decir tiene que una de esas sorpresas es la que ha tenido lugar con ocasión de las pasadas elecciones a la Comunidad de Madrid, donde lo que ha sucedido es la emergencia directa del aspecto más natural y espontáneo de esa función de restauración del equilibrio en la comunidad a que remite lo Político, que no es sino el clamor popular .

No es que no hayan existido actuaciones de la política –pues lo Político siempre ha de tener un soporte material (en medidas y actuaciones que son política)– sino que esas acciones han hecho aparición de forma subrepticia, sin apenas enseñar los biceps retóricos de la política contemporánea, de la que sí han hecho gala los contendientes de Ayuso.

Por lo tanto,

lo que ha ocurrido es que apenas ha hecho falta mediación cultural alguna para que un fenómeno natural –el clamor popular–, santo y seña de la política bien hecha, se haya desencadenado directamente mostrando en toda su nuda simplicidad la realidad antropológica de lo Político.

La evidencia –constatada durante largos meses en el periodo inmediatamente anterior a las elecciones– de que Ayuso se había dejado la piel en la resolución del grave problema de la pandemia ha obrado por sí misma y ha desencadenado una respuesta natural directa.

De esta manera, con la descarga espontánea del clamor popular, se da en lo Político el fenómeno natural análogo a la aceleración del pulso, el enrojecimiento de las mejillas y el resto de síntomas que denotan una descarga de la libido. Apenas se puede evitar; es un fenómeno embriagador del que es muy difícil sustraerse. Y con frecuencia, por su puesto, uno no desea hacerlo porque en el fondo todo el mundo sabe que los inductores culturales sólo cubren una parte del camino; el resto es naturaleza –imprevisible y espontánea– con lo que hay que aprovechar ese momento mágico allá donde se produzca14.

Y, como tal fenómeno de la naturaleza, hay que dejar que se extinga por sí mismo, pues es todo fuerza, todo efusión; incontrolable, impautable y –como diría Ortega– insobornable15.

El discurso “impolítico”, perversión de la política y escarnio de lo Político

Se ve así, muy claramente, cómo ante estos fenómenos naturales el discurso político contemporáneo pincha en hueso y los políticos que lo abanderan, salen del circuito o quedan muy seriamente decepcionados.

Lo cual es motivo de regocijo por lo que respecta a aquellos políticos universalmente odiados (como Iglesias) que han sido justamente expulsados del sistema, que por una vez ha tenido un resultado positivo16. Pero también es muy preocupante en tanto en cuanto afecta igualmente a las fuerzas de renovación que se están articulando en todo el mundo, precisamente en torno a fenómenos espontáneos de aclamación17.

Dichas fuerzas corren un grave riesgo que es pasar de la incomprensión de lo que ha sucedido a la indignación contra un público al que tildan de “insensible” e “ignorante” porque no les ha votado a pesar de sus “meritorios” esfuerzos.

Lo cual es muy preocupante, desde luego porque no se olvide que sólo se ama lo que se comprende y/o se quiere de veras comprender. Ortega decía que “la filosofía es la ciencia general del amor” porque se propone saber todo lo que es humanamente cognoscible y para ello no cabe otra que desarrollar la querencia, el amor, por el objeto estudiado18.

Y para ello, para amar al objeto de estudio, el primer requisito es respetarlo, dejarlo suelto, no ejercer violencia sobre él, cosa que es justamente lo contrario de lo que los intrépidos políticos, analistas y demás “expertos” electorales demuestran día a día con su jerga plagada de expresiones que tratan al electorado como una masa informe a la que poseer, doblegar, moldear e intercambiar19. El problema de esta manera de enfocar la política consolidada ya en el sistema es que impele a TODOS sus participantes –en mayor o menor grado–  a caer tarde o temprano en la promesa imposible, el halago y hasta la demagogia.

En efecto; el tramo entre la indiginación y la demagogia es muy corto en el sistema viciado de la política contemporánea pues pasa enseguida de la incomprensión a la hipocresía ilustrada del “todo por el pueblo pero sin el pueblo” y de ahí al aprendiz de brujo maestro de la imagen y las estadísticas que ensaya técnicas de ingeniería social sobre el electorado sin comprenderlo ni saber qué es en realidad a lo que la política remite que no es sino a una simple llamada natural de lo Político.

Se empieza así en la senda de un camino que se desliza progresivamente –nunca mejor dicho– hacia proyecciones retóricas cada vez más alambicadas donde no puede faltar “la libertad”, el “liberalismo”, la “justicia social”, “los derechos del pueblo”, etc., –ah, y últimamente lo “sostenible”– cuyo contenido semántico real es nulo, por su puesto, mientras que su valor político es –aún peor– directamente negativo.

¿Que por qué es negativo? Pues muy sencillo, porque engendra un valor contrario al de la política: engendra enfrentamiento, resquemor y zozobra, en vez de paz, armonía y equilibrio. Este valor contrario a la política, es impoliticidad, es decir, división, que es la causa de la aversión general a la política endémica al sistema que padecemos que se traduce cuando menos en apatía y en último extremo en desprecio. Por eso es un valor negativo.

Pero eso no es todo, pues al no darse cuenta el político de lo simple que en realidad es lo Político (una necesidad puntual de restablecimiento del equilibrio y NADA MAS), una vez ha iniciado un discurso impolítico, queda witgensonianamente poseído de la alambicada retórica en la que envuelve su actividad como la proverbial mosca20 y no puede sino desembocar en promesas fatuas y falsos futuribles, es decir, termina en pura demagogia. Como dice Jerónimo Molina21 :

La política, en contra de toda apariencia, es una actividad de una sencillez proverbial. Así se explica en la historia el triunfo de los grandes simplificadores, los genuinos «hombres de Estado».

El demagogo, en cambio, todo lo complica: su subjetividad romántica –raíz de su ambición– desborda el marco de lo Político y perturba la política con justificaciones ideológicas y moralistas22

En una segunda entrada sobre este tema abordaré cómo se puede superar toda esa farfolla inoperante si de verdad se quiere hacer política que apele a lo Político y deje de ser impolítica.

¿Se entiende lo que digo? Comentarios, por favor.

Suscripción para recibir avisos

Sólo se enviará información relacionada con este blog

  1. Tuve ya ocasión de tratar este tema en la entrada del día 9 de diciembre pasado, aunque en aquella ocasión fue a raíz de explicar la diferencia entre libertad y libertades políticas. La cuestión también aparece como parte de la presentación del blog, al explicar su tema, y aprovecho para hacer notar que a nadie se le debe pasar por alto que la elección del nombre del dominio loPolitico.es no es casual ya que remite tanto a una cuestión de significado teórico como de valor práctico por lo compacto de la expresión y su limpio ajuste al concepto del blog.
  2. Para aquellos que accedan al blog desde fuera de España y puedan no estar familiarizados con el detalle de la política española, cabe decir que Isabel Ayuso es la recién elegida presidenta de la Comunidad de Madrid, que es una de las 17 particiones autonómicas o “autonomías” en las que actualmente está dividido el territorio español. Hasta hace poco era persona de perfil público más bien anodino, pero en las pasadas elecciones del 4 de mayo ha protagonizado un auténtico fenómeno reconocido incluso por la prensa de signo opuesto según se puede ver en este artículo del El País.
  3. Lo que quiero destacar es la índole, no el grado. El hecho de que sean muestras verdaderamente espontáneas y de gran afecto. No obstante, si alguien sabe de algún otro episodio parecido en la política española reciente, por favor, hágamelo saber.
  4. Para beneficio de los que lean el blog fuera de España, apenas una breve explicación sobre este político. Su nombre, Pablo Iglesias, es ya de por sí muy expresivo pues coincide con el del infausto fundador del PSOE, partido que ha estado mezclado en todos los hechos luctuosos acaecidos en España desde la Semana Trágica de 1909 al establecimiento de una trama de terrorismo de estado en la década de 1980 (el grupo GAL) pasando por un sinfín de golpes de estado y magnicidios en los años 20 y 30 del siglo XX. Hijo de un convicto por pertenencia al grupo terrorista FRAP, que estuvo activo en España en la década de 1970, se ha distinguido por todo tipo de escándalos desde su acceso a la política que fue posible por la financiación regímenes criminales como el de Venezuela e Irán.
  5. Para todo aquel que no tenga una idea clara del rechazo que concita esta persona o crea que yo exagero, no deje de ver este video con la banda sonora del corrido mejicano “Rata de dos patas”, canción que también le dedicó un grupo de mariachis contratado por la revista Forocoches a la puerta de la sede del partido la noche de su descalabro electoral
  6. Mi querido maestro Dalmacio Negro ha negado repetidamente la posibilidad de una ciencia política porque él toma la noción de “ciencia” en el sentido apodíctico en el que fue usada por aquellos marxistas de la primera ola que tomaban a pies juntillas las megalomanías cientificistas esparcidas por Engels, el valedor de Marx. Hoy hace tiempo todo aquello ha quedado totalmente trasnochado pero en su día –allá por los años 60 y 70 del siglo pasado– fue abanderado con mucha fuerza por sectores muy amplios de la universidad, la academia y, por supuesto, del activismo politico. Yo creo que es de ahí de donde don Dalmacio toma la actitud de desmarcarse de esos proyectos ilusorios que pretendían la equiparación de las ciencias humanas a las ciencias físicas, a las que creían poder alcanzar en “capacidad predictiva”, y cuyo mascarón de proa fue el famoso “materialismo histórico” que se presentaba como el conjunto de leyes “científicas” por las que se rige la historia. Por supuesto, que yo no contradigo a don Dalmacio en la necesidad de desmarcarse de esa ingenua moda intelectual, ya felizmente superada aunque en su momento parecía invencible. Mi punto de vista difiere del suyo en que creo que no porque los marxistas hayan usado el nombre de la ciencia en vano, haya que prescindir de usarla en un sentido gnoseológicamente más justo –y ajustado– a la realidad y que, en consecuencia, sí cabe llamar ciencia a lo que antropológicamente es legítimo considerar conocimiento y no mera opinión. Reivindico, pues, el uso de la palabra ciencia en un sentido diferente al que esos caballeretes quisieron darle. Es decir, lo que yo quiero es hacer ver que la idea de ciencia se puede aplicar con toda justeza a aquel saber experto o acervo de datos, notas y constatación de regularidades que es producto del estudio, la observación, el método y la reflexión y que eso es netamente distinto de la opinión vulgar  –en la que chapotean habitualmente políticos y periodistas– que se nutre únicamente de sucedidos y superficialidades tomadas directamente del medio sin más reflexión, raíz histórica, justificación ni método. Creo además que, para salir del atolladero en el que estamos respecto a la forma política, es fundamental darle un estatuto superior a la actividad de esos politicos y periodistas que se han enseñoreado de todo el campo y hacer ver que, a despecho suyo, sí es posible una ciencia política o de la política.
  7. Esto que digo de la “burbuja político-mediática” no es simplemente por ensayar una expresión chocante, sino que constituye un ámbito endogámico coto de unos pocos que hurta al público del verdadero ámbito de debate sobre la res publica. En ese sentido es muy digno de estudio y espero en una próxima entrada hacer una debida caracterización ella.
  8. Lo de que “se nutren” va en sentido tanto real como metafórico, pues lo que hacen tampoco es por amor al arte y, descontando a aquellos que se quedan en alguna fase aspiracional intermedia, no me negarán ustedes que tanto la política como el periodismo son profesiones a través de las cuales se puede acceder a ganar una desproporcionada cantidad de dinero si se compara con cualquier otra profesión. Por ejemplo miren ustedes cómo Gabilondo, el fracasado político socialista de las últimas elecciones, está apunto de retirarse con un sueldo de 128.000 euros al año.
  9.  Cierto es que la política es formalmente retórica y, como tal, siempre ha sido proclive a incurrir en un cierto prurito artificalizante pero, desde luego, nada como lo que se ve en nuestros días donde, por ejemplo, la estúpida, cansina y cargante cantinela de la repetición constante de ambos géneros es sin duda uno de los motivos por los que existe una clara animadversión hacia la profesión política.
  10. Gálatas 2:11-14: «11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, me encaré abiertamente con él, porque no procedía como es debido.12 El caso es que al principio no tenía reparo en comer con los cristianos de origen no judío. Pero llegaron algunos pertenecientes al círculo de Santiago, y entonces Pedro comenzó a distanciarse y a evitar el trato con los no judíos, como si tuviera miedo a los partidarios de la circuncisión.13 Semejante actitud de fingimiento arrastró tras sí a los demás judíos e incluso al mismo Bernabé. 14 Viendo, pues, que su proceder no se ajustaba a la verdad del mensaje evangélico, eché en cara a Pedro delante de todos: “Tú, que eres judío, te has comportado como si no lo fueras adaptándote a los paganos; ¿cómo quieres ahora obligar a los no judíos a comportarse como judíos?”». El conflicto permaneció abierto durante un tiempo pero al final, como es sabido de todos, quedó restañado a favor de las tesis paulinas, aunque existen algunas discrepancias sobre el modo exacto por el que las desavenencias fueron resueltas. La mayoría de los autores han inferido que Pablo salió perdedor del enfrentamiento en Antioquía (porque si hubiera triunfado lo habría dicho en su carta) y que el conflicto quedó abierto hasta el Concilio de Jerusalem donde se restañó a favor de las tesis paulinas tal y como se relata en Hechos 15:7-11. Otras posiciones apuntan a que fue una estrategia de comunicación del apóstol y que la reunión de Jerusalem supuso una mera confirmación de lo que él ya habría logrado. (Véase Alfredo Delgado Gómez, El final abierto del incidente de Antioquía según Pablo en Gal 2,11-14, Salmanticensis 63 (2016) págs. 93-109). Pero, sea como fuere, para lo que aquí se discute, lo que cabe destacar es que el conflicto se dio y se resolvió y por eso la comunidad cristiana primitiva pudo expandirse y desarrollarse hasta el día de hoy en el que más de un treinta por ciento de la población mundial se declaran cristianos
  11. Para más detalles véase Gusti Nyoman Mastini, et al, The signification of tooth filing ceremony based on the Kala Tatwa manuscripts. Journal of Critical Reviews ISSN- 2394-5125 VOL 7, ISSUE 19, 2020 Universitas Hindu Negeri I Gusti Bagus Sugriwa Denpasar, Bali, Indonesia.
  12. Soberbia, ira, avaricia, envidia, lujuria, gula y pereza. Catecismo de la Iglesia Católica, párrafos núm. 1865, 1866 y 1750.
  13. Utilizo aquí la expresión “regulación compleja” en el sentido de Morin, es decir se trata de una regulación multi-causal, sometida además a procesos de retro/auto-alimentación, disyunción/conjunción variable, etc. La noción de proceso complejo aporta una gran claridad a las cuestiones sociológicas y políticas y su explicación bien valdrá en su momento una o varias entradas. Mientras tanto, véase Edgar Morin, Introducción al Pensamiento Complejo, Editorial Gedisa, Barcelona 1994
  14. Los amantes de la ópera –los de verdad, no los “filisteos” (que van por esnobismo)– sabemos mucho de eso porque vamos recorriendo el circuito operístico como alma en pena buscando la eclosión del clamor auténtico y espontáneo que se da de vez en cuando en la ópera. Para ello estamos dispuestos a dejarnos esquilmar, maltratar y vapulear como ningún otro público en el mundo ya que a los gastos de viaje y desplazamiento hay que sumar los exorbitantes precios de las entradas, las colas, la visión parcial, el insulto público (de anticuados y elitistas) y el ninguneo mediático; y sin embargo, ahí estamos año tras año a dispuestos al vilipendio habitual. Bueno, gracias a Dios, yo conseguí zafarme hace unos años de este prurito masoquista merced a que no he conseguido superar la distorsión del espectáculo que han llevado a cabo escenógrafos y figurinistas con sus planteamientos extemporáneos y anti-filológicos trufados de ideología barata, de modo que para mí las producciones contemporáneas de ópera están totalmente echadas a perder. Pero recuerdo perfectamente como parte de mis más atesoradas experiencias, la conciencia de estar inmerso en ese clamor espontáneo que se produce cuando todo ese esfuerzo colectivo sale bien y todos los que componen el espectáculo –incluyendo el público mismo del que uno forma parte– están debidamente concentrados y entregados a una trama que con frecuencia remite tanto a tiempos pasados como a aspectos imperecederos del ser humano, con lo cual la impresión de estar en presencia de algo muy grande y profundo se hace muy patente y la emoción se hace inevitable. Justo es además en el análisis de esa emoción no pasar por alto un cierto aspecto cognitivo que la acompaña y es que a la admiración y gratitud que uno siente hacia aquellos que han hecho posible la experiencia, con frecuencia también se une la comprensión, el darse cuenta, de algún aspecto escondido de la contextura, la historia o las posibilidades del ser humano… y eso es verdaderamente transformador. Pero, por supuesto, que eso se produzca no es nada fácil –ni siquiera contando con los mejores elencos– porque se tiene que dar una confluencia precisa de los muchos factores por los que la ópera ha sido saludada como el “arte total” (pues incluye las artes plásticas más la música y el teatro). Y no sólo eso, ya que además de una adecuada coordinación técnica debe darse una especie de “resonancia psicológica” en todos los presentes, lo que supone un esfuerzo voluntario por la cual la realidad fáctica del hic et nunc (del ahora mismo) queda suspendida en la mente de cada uno de los participantes para dejar paso al descubrimiento de la realidad genérica (de aplicación general) que se esconde tras la forma dramática propuesta. (Julián Marías la llamó a esa realidad genérica estructura analítica de la vida humana y a la forma dramática que la deja traslucir estructura empírica. Véase Julián Marías, Atroplogía Metafísica, Alianza Editorial, Madrid 1970 y también Luis de la Corte, Estructura empírica y condición personal de la vida y la subjetividad humanas. Remembranza de Julián Marías, Universidad Autónoma de Madrid, 2014 DOI 10.1174/021093906776173135). Como decía, eso no es nada fácil de conseguir, ahora bien; cuando se da la experiencia, puede hacer que el público se pase aplaudiendo sin parar el tiempo completo que dura un largometraje, y no estoy exagerando: el 30 de junio de 1991 el público de la Opera Estatal de Viena estuvo ovacionando sin parar una producción de Othello con Plácido Domingo y Katia Ricciarelli (Desdemona), Sherrill Milnes (Iago) y Michael Schoenwalt (dirección musical) durante no menos de 80 minutos en los que se efectuaron 101 subidas y bajadas del telón).
  15. El “fondo insobornable” es un concepto orteguiano que se encuadra dentro de su teoría de la vocación y responde al “en sí mismo de cada cual”, base de la vocación, cuyo principal indicador exterior es el “régimen atencional”, esto es, la atención variable con la que cada uno de nosotros nos entregamos a las cosas del mundo (véase José Ortega y Gasset, Amor en Stendhal, Obras Completas, vol. V, pág 479). La idea está desperdigada en un amplio abanico de sus obras. En uno de dichos lugares da la siguiente clave: “Rompiendo entonces sin conmiseración la costra de opiniones y pensamientos recibidos, interpelamos a cierto fondo insobornable que hay en nosotros. Insobornable, no sólo para el dinero o el halago, sino hasta para la ética, la ciencia y la razón.” (Ideas sobre Pio Baroja, OC vol. 2 pág. 75).
  16. Por si alguien piensa que esta opinión mía está sesgada, véase el siguiente artículo.
  17. El caso paradigmático es, cómo no, Trump, hacia quien las muestras de clamor popular han sobrepasado todos precedentes recientes. (Por cierto a principios de junio vuelve a dar mítines, cosa de la que los medios españoles –una vez más– no han informado y ¿saben porqué? Porque la noticia es de anteayer en una televisión y aún no ha pasado a la prensa escrita que es lo único que estos periodistas toman como fuente ya que no tienen suficiente dominio de la lengua para basarse en fuentes de audio ¡qué vergüenza!).
  18. Esta idea está ya contenida en Spinoza, pero Ortega la hace suya reformulándola con su gracejo español habitual. Está mencionada en varios puntos de su obra, entre ellos ya en la temprana fecha de 1914, año de la publicación de su primer libro (José Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote, Obras Completas vol. I, Alianza Editorial).
  19. Es la concepción “cratológica” (de poder) de la política que don Dalmacio incluye en uno de sus mejores aciertos teóricos y sobre la que hablaré otro día in extenso.
  20. La imagen de una mosca encerrada en una botella procede del llamado segundo Wiitgenstein que responde a la recomposición de su filosofía con la publicación póstuma de sus “Investigaciones filosóficas” (1953) después del estrepitoso fracaso de su Tractatus (1921) donde pretendía establecer las reglas del pensamiento “correcto” que le permitieran excluir todo otro pensamiento que no se ajustara a ellas. Lo que quiere decir con la imagen de la mosca en la botella es que el lenguaje, cuyo símil es la botella, envuelve el pensamiento (la mosca) de tal forma que el hombre no puede salir del discurso lingüístico-simbólico de la cultura en que se halla.
  21. Jerónimo Molina es uno de los más interesantes pensadores académicos del momento actual. Véase su perfil aquí.
  22. Artículo de Jerónimo Molina “Contra la apatía política”. La Razón 15-01-21.

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

3 comentarios

  1. Pedro Escolano

    Adolfo Suárez fue un caso de político que suscitó entusiasmo. Hasta que cayó en picado.
    En Ayuso, es posible que su éxito también se deba al rechazo hacia sus contrincantes. Iglesias dio una oportunidad inmejorable al señalamiento del enemigo. Entusiasmo a la contra.

    Caetano, un hombre que experimentó en su propia carne la mudanza entre las aclamaciones y los gritos revolucionarios, dijo: “Aunque me reconfortan las manifestaciones de adhesión popular, no les doy excesivo valor porque soy consciente de que la masa es tornadiza; los mismos que aclamaron a Cristo el Domingo de Ramos pidieron su crucifixión el Viernes Santo.”

    El entusiasmo popular es “qual piuma la vento”… “Chi a lei s´affida, Chi le confida…” es un imprudente, pero sentencia la última estrofa de la canzone; “Mal cauto il core!” “Pur mai no sentesi” “Felice appieno” “Chi sul quel seno,” “Non liba amore!” La condición humana.

  2. Vicente Miró

    Desde luego, también ha jugado un gran papel el miedo a Iglesias, pero eso también está incluido dentro de la noción de lo Político, que incluye apartar a la comunidad de peligros que la amenazan dentro del concepto general de restablecimiento del equilibrio.

    De hecho, Carl Schmitt vincula muy directamente la política al establecimiento de las líneas que marcan quién es el amigo y quién el enemigo. No he querido incluir esta idea en la entrada por no recargarla ya demasiado y también porque es una derivada de la que sacan mucho partido algunos pensadores de izquierdas como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, cuya influencia ha llegado al propio Iglesias, Errejón y toda la peña podemita. (Por cierto, Errejón publicó hace un par de años un libro haciéndole una entrevista a Mouffe dando a entender en la portada que él era coautor, lo que levantó las iras de la belga al punto de demandarle).

    Aunque, bien pensado, sí que merece tratamiento; mostrar cómo el pensamiento utópico saca partido de desarrollos teóricos pensados para superarle mientras los políticos conservadores ni se enteran.

  3. Daniel R. Cardoso

    Yo tampoco he visto muestras populares a Ayuso sino más bien una muestra de Noluntad popular contra Sánchez, Iglesias y Cía está si espontanea y enfervorizada ( término “noluntad” rescatado por el añorado Julián Marías para la reflexión política e histórica, de gran riqueza por explorar y que no existe en muchas lenguas. Por ejemplo, clarifica la principal labor de los Tribunos de la Plebe dentro de la Républica Romana).

    En nuestro actual sistema político, económico y social es imposible la “philía” aristotélica o la “concordia” ciceroniana porque no persigue el Bien Común.

    Gobernados por una elites establecidas sobre un pueblo y país al que trata como ganado, justificadas por ideologías que niegan la comunidad y que afirman la lucha de todos contra todos por interés (absolutismo, liberalismo, darwinismo, comunismo, etc, todas nacidas de la Reforma y, principalmente, en Inglaterra-diggers, levellers, Hobbes, Locke, Adam Smith, Marx, Hegel: da igual que sean estatalistas o individualistas, en el fondo niegan la comunidad, la patria como familia ampliada).

    En el fondo, los pueblos jamás han aceptado esto pues supone su disolución. En verdad, es la negación de lo político al negar a la comunidad este fundamento para privatizarlo o para apropiarselo al estado, al final en las mismas manos interesadas que pueden violentar todo con su poderío (revolución) según su deseo sin que usos, costumbres, ritos o leyes les detengan.

    Ya pueden los políticos detentar su potestad, que serán vistos como usurpadores, cayendo en la definición de tiranía que da Alfonso X en sus Partidas por ir contra el mancomún.

    Cuando surge un líder o persona que quiere devolver el sentido de comunidad aparece el clamor popular y el apoyo entusiástico. Es lo que pasó con Trump o con Rosas en Argentina, llamado significativamente el Restaurador de las Leyes. Ayuso, para mi es distinto. Creo que ha hecho lo que decía Quevedo: si quieres que las mujeres vayan tras de ti, ponte tú delante de ellas

Deja una respuesta

Suscríbase a la lista de correosPara recibir avisos del blog con cada entrada o novedad

No se usará más que para enviar avisos y noticias de este blog. En cualquier momento podrá retirar su correo de la lista.

Blog Lo Político